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Educación: Más allá de las aulas
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Educación: Más allá de las aulas
Libro electrónico224 páginas3 horas

Educación: Más allá de las aulas

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Información de este libro electrónico

Este libro se sustenta en la experiencia de un educador, que aborda un aspecto esencial en la vida humana, como es la educación.
Responsabilidad docente; la relación profesor-alumno; la dirección del colegio ante la diversidad; la orientación educativa y la libertad y el vínculo familia-escuela, son algunos de los temas centrales desarrollados con sentido práctico y que serán de utilidad en toda institución educativa.

IdiomaEspañol
EditorialCreaLibros
Fecha de lanzamiento24 may 2014
ISBN9786124665714
Educación: Más allá de las aulas
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    una mierda te obligan a poner la tarjeta de crédito y te dan 30dias pero solo con esa cosa dicion ESTAFA MENTIROSOS

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Educación - Edistio Cámere

Este libro se sustenta en la experiencia profesional de su autor para abordar un aspecto esencial en la vida humana, como es la educación.

A través de una propuesta reflexiva, trasciende la participación propia del educando para detenerse, de manera positiva, en todo aquello que guarda relación directa con el quehacer educativo en la escuela.

La responsabilidad docente, la relación profesor-alumno, la dirección del colegio ante la diversidad, la orientación educativa y la libertad, el vínculo familia-escuela, son algunos de los temas centrales desarrollados con sentido práctico y que serán de gran utilidad en toda institución educativa, cualquiera sea la naturaleza que la anima.

Edistio Cámere

Educación

Más allá de las aulas

Edición Digital PerueBooks 2013

Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático, así como distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos, sin permiso expreso del autor.

Título: Educación Más allá de las aulas

Autor: Edistio Cámere

Copyright © Colegio Santa Margarita

Copyright © Edistio Cámere

La edición impresa en castellano por Mar Adentro (2006). 

Edición digital publicada por:

Web Professional Peru, para su sello editorial Peru eBooks

María Reiche 196 Of. 301, Surco. Teléfono: 600-0458 info@peruebooks.com

Primera Edición digital, Enero 2013.

ISBN Edición Digital: 978-612-46657-1-4

A los educadores, para quienes guardo un profundo respeto y serena admiración, pues sin su generoso concurso la vida humana sería estéril 

Tabla de Contenidos

Cubierta

Prefacio

Introducción

CAPÍTULO I

1. ¿Es tiempo de crisis?

2. El método o la persona

3. ¿La educación puede entenderse en clave de mercado?

4. Competir o ser competente: Una respuesta desde la educación

5. ¿Jaque mate a la universidad?

6. La peruanidad como objetivo educativo

CAPÍTULO II

1. Misión del director

2. El Ideario como herramienta de la unidad

3. Respuesta ante la diversidad social

4. Respuesta ante la diversidad interna

CAPÍTULO III

1. ¿Qué es lo exigible?

2. ¿Se justifica el exigir?

3. La exigencia, el justo medio

4. La exigencia como ayuda

CAPÍTULO IV

1. La relación profesor-alumno

2. Enseñanza de las cosas contempladas

3. La ilusión por lo pequeño

4. Las primeras piedras

CAPÍTULO V

1. Rectitud de intención

2. Conocer a la persona

3. La fuerza de la persona del docente

4. El respeto a la libertad del alumno

CAPÍTULO VI

1. Lo formativo versus lo académico

2. El tutor y su ámbito

3. La convivencia

CAPÍTULO VII

1. Condiciones del vínculo

2. La relación familia-colegio

3. El valor de las actividades

NOTAS

El Autor

Introducción

PENSAR en una sociedad mejor, en un país próspero, en comunidades más civilizadas y cercanas nos invita necesariamente a ver el tema de la educación escolar como un aspecto de esencial importancia en la vida. Pues, si bien la formación de las personas es responsabilidad primera de la familia —al ser los padres, por naturaleza, los primeros educadores— es la escuela la que con su estructura humana y material sirve de apoyo y aporta para que esa labor se lleve de la manera más adecuada.

Pero el presente ensayo busca ir más allá de lo que significa la participación propiamente dicha del educando en el centro educativo. Es más, coloca un paréntesis en el análisis pedagógico de la metodología para incidir a profundidad en todo aquello que acompaña su proceso de formación: la labor docente y su relación con el alumno, la responsabilidad de la dirección ante la diversidad, la orientación educativa y la libertad, la participación de los padres de familia, el vínculo escuela-familia, entre otros.

De ahí que el título de esta publicación se refiera a la Educación, pero en un contexto de mayor observación o alcance: ‘Más allá de las aulas’, lo cual nos da pie a plantear interrogantes e inquietudes que poco a poco se irán respondiendo, a manera de planteamientos reflexivos, para tener una visión más amplia y positiva ante los nuevos retos que nos demanda la sociedad de hoy con miras a construir un futuro más sensible al propio ser humano.

Las líneas que contienen este trabajo, nutrido sustancialmente por la invalorable experiencia del autor y publicado gracias a la iniciativa editorial ‘Mar Adentro’, guardan la mayor vigencia para todos aquellos actores que tienen que ver con el proceso educativo, pues trasciende a la figura misma del alumno para apuntalar con una clara señal de esperanza las bases más elementales que permitan encauzar la educación escolar hacia un norte más promisorio. Ello, sin duda, abonará a favor de una mayor calidad de vida para todos.

Javier Dextre Uzátegui

Editor

CAPÍTULO I

Asuntos educativos de nuestro tiempo

1. ¿Es tiempo de crisis?

LA palabra crisis tiene diferentes acepciones. Sin embargo, no todas se avienen a la situación actual. Un primer significado, según el Diccionario de la Real Academia Española (edición 2001), se refiere a un cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente. Si se mira a nuestra sociedad como un paciente y, además, también enfermo, veremos de esa manera a sus miembros. Por tanto, si todos estamos enfermos, ¿quién estará sano?, ¿quién podrá curarnos? Sin querer trasladamos la solución a terceros, casi siempre al poder formalmente constituido. Con esta visión queda poco espacio para la educación.

En este mismo contexto, otro modo de mirar la sociedad sería: Nuestro grupo está sano, los demás no. Entonces será mejor establecer una especie de reservación para no contaminarse. Pero ¿quién certifica que se está sano? Con igual derecho afirmarían los otros: Los enfermos son ustedes. El círculo vicioso solo se rompería por el lado de los más débiles. De lleno hemos puesto la solución en manos del más execrable liberalismo: el darwiniano.

Una segunda acepción de la palabra crisis se refiere a la Mutación importante en los desarrollos en otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales. Esta definición es más cercana, pues la sociedad actual ha sufrido cambios importantes en distintos niveles que su simultaneidad y velocidad han dificultado respuestas integrales. Los cambios son producto de la libertad del hombre, por tanto, no compensa estigmatizarlos. Por eso, más que percibirlos como problemas hay que hacerlo como datos. Éstos se manejan, se conducen y se direccionan, sirven de rastro para construir acertadamente. Mientras que aquellos —los problemas— envuelven, estresan y, en cierto sentido, paralizan por la zozobra que desencadenan. Aceptando los cambios en la sociedad, más como datos que como problemas, se puede proponer una definición positiva de la crisis: Momento decisivo frente a una situación complicada y de consecuencias importantes que luego de haberla examinado cuidadosamente motiva a un juicio generador de una conducta o una decisión.

Las crisis o, mejor, los cambios, son positivos, en primer lugar, porque comprueban que el hombre no es un ser estático sino inmerso en constante movimiento. En segundo lugar, lo nuevo, lo inestructurado, lo incierto, constituyen acicates que ponen en juego recursos personales, quizá hasta ese momento latentes pero necesarios para acceder a la madurez o ir en pos de ella. Si en la vida del hombre no hubiera crisis, aquél aparcaría en una suerte de statu quo pasivo y pálido. En suma, las denominadas crisis son retos que obligan a hacer un alto en el camino para evaluar el andar, reconocer en el entorno las fortalezas, las debilidades y las amenazas, pero no solamente para quedarse en una visión intelectual sino para asumir opciones y alternativas concretas.

Antes de finalizar este punto conviene hacer dos precisiones más en torno a los cambios:

Los cambios que se observan en la sociedad actual no aparecen como producto del azar o del acaso, más bien responden a actitudes pensantes, a posturas intelectuales que en su devenir histórico han generado como consecuencia fenómenos, conductas y estilos sociales.

Ante los múltiples y variados cambios en la sociedad se yergue una verdad ineluctable: el ser humano sigue siendo el mismo. Esencialmente no ha cambiado. Es un ser con facultades superiores: inteligencia y voluntad. Es libre. Es irrepetible, singular, tiene limitaciones y deficiencias. A esta realidad se tiene que apelar para encontrar alternativas creativas y viables para responder a los retos modernos.

Una respuesta desde la docencia

El presente marca una coyuntura social caracterizada por el resquebrajamiento de la ética, una inversión en la jerarquía de los valores y un cierto pesimismo en el mañana por estar cubierto de sombras que impiden el paso de los rayos de la esperanza. Los encargados de iluminar oscurecen el camino. Los llamados a señalar el norte echan los dados a la suerte de modo que el azar oriente el rumbo. Quienes tienen que legislar para todos incluyen, con arte, incisos que convierten el instrumento legal en acuerdos grupales. En suma, el bien particular ahoga al bien común. Por ello, la confianza como puente de unión se ha debilitado.

Este es, en apretada síntesis, el escenario que acompaña y que en cierto sentido también interpela la eficacia y trascendencia de la tarea educativa. ¿Es el docente un Quijote lidiando contra molinos de viento? ¿Es un general que enarbola la bandera blanca rindiéndose ante la superioridad del enemigo? Ni es un Quijote que ilusamente despliega energías y esfuerzos ni menos es parte de un ejército diezmado a merced de los vencederos. Entonces ¿qué es el docente? Es brasa encendida; nexo del presente con un futuro esperanzador; es la fuerza que mueve; el cariño que motiva y la palabra que descubre insospechados mediterráneos. Solo desde la vertiente educativa es posible responder al reto que la situación actual formula insidiosamente. Más específicamente, el ser y reconocerse profundamente educador es la clave para sortear con éxito la candidez y el pesimismo.

Ser educador hoy entraña un compromiso histórico y social, precisamente porque su propio quehacer se resuelve en la cotidianeidad de la relación profesor-alumno. Asumir esa relación exclusivamente como obligación meramente formal es desgajarla de su real sentido, pues supone desconocer que la historia se forja con el aporte de biografías personales y el docente, con ocasión de su quehacer, retiene para sí el privilegio de ‘escribir’ en ellas. ¿Acaso la relación enseñanza-aprendizaje no constituye el medio que coloca al docente en una posición expectante en la sociedad porque con su acción contribuye a la historia? ¿Podemos afirmar que su quehacer no constituye el nexo entre el presente que forma y el futuro que se forja? ¿No es la acción educativa el último reducto a partir del cual se logre construir una sociedad comunitaria y solidaria que pueda ahogar el individualismo y la masificación?

El docente es dueño y señor de su aporte técnico y humano; no obstante, no lo es del resultado de los mismos. Tal paradoja afirma que la educación no es fenómeno colectivo sino prodigio personal porque se hace vida por el consentimiento libre del educando. Los resultados inmediatos vía estímulo-respuesta reducen la acción educativa a la mera instrucción, aún cuando aligeran la tarea del docente. Educar a la persona no tiene el ingrediente del refuerzo inmediato, porque apunta a la formación del criterio y a la transmisión de valores dejando el comportamiento y la conducta a la elección del educando. La relación efectiva entre la formación y la libertad personales será la interrogante que muchas veces el docente no verá despejada, pero le quedará la seguridad que su esfuerzo —en el tiempo— valió la pena.

El docente siempre —no solo en esta época— ha tenido que ir y actuar contra corriente. Por lo tanto, no puede asombrarse, desconcertarse o desanimarse porque los vientos no juegan a su favor. La situación actual compleja y global, dado que en ella convive toda una gama de problemas que van desde lo ético hasta lo tecnológico, puede hacerlo dudar acerca de la eficacia de la tarea educativa porque las influencias la superan largamente. En la posible aparición de una actitud diletante radica la gravedad de la presente coyuntura. Si duda, si se sobrecoge o dice hasta aquí, habrá claudicado en su misión de educar.

En consecuencia, habrá dejado pasar —como agua bajo el puente— un tiempo precioso para colocar un grano de arena con miras a revertir y cambiar su país, que espera que actualice los ideales que lo llevaron a elegir la docencia como modo de vida profesional. Es entonces el momento de mirar para adentro. Y cuando lo hace ¿qué encuentra? Que es una persona común, con ilusiones, temores, preocupaciones, alegrías, penas. Pero se diferencia porque en esa mirada interior le toca el corazón aquellos motivos y razones que solo el educador conoce cuando está frente a sus alumnos, pues son ellos los que le impulsan a emprender con nuevos bríos los retos que le depara el futuro inmediato.

2. El método o la persona

LA actitud que presida la actuación del educador en el tercer milenio de la historia del mundo tiene que ser realista. Es, sin lugar a dudas, este tiempo en el que se despliega su misión como persona y como profesional. No existe otro momento fuera de éste para todos y cada uno de los docentes. Lo que se ve, lo que se experimenta y lo que se siente en este periodo globalizado es consecuencia de la libertad del hombre y de su capacidad transformadora que da cumplimiento al mandato recogido en el libro del Génesis: Dominad y someted la tierra; pero también es producto de su irresponsabilidad al no medir los efectos de sus capacidades. En cierto sentido, se podría decir también que los docentes son herederos de una educación sometida a ideologías cuyo centro de gravedad ha sido la supresión del concepto metafísico de la persona.

El reto planteado a la educación tiene poco que ver con el hacer y el sentir que han sido largamente reforzados y reconocidos. Este sesgo unidimensional ha supuesto el desplazamiento del ser junto con los valores que lo sustentan. El divorcio entre el ‘ser’ y el ‘hacer’ afecta la unidad del hombre, por tanto, la tarea educativa es lograr su integración armónica. Lamentarse de las dificultades como estilo de vida es un modo de no aceptar la realidad; añorar el pasado es evadir el presente; y soñar con un mañana distinto sin poner los medios para lograrlo es dejarse arrobar por escenarios quiméricos o utópicos. El hoy es este espacio y este tiempo, es el teatro donde la educación tiene que desplegarse. Ha tocado en suerte el presente escenario; frente a él no cabe sino una respuesta de parte del educador: Conocerlo, aceptarlo y comprenderlo. En este contexto, con sus cambios y vaivenes, se advierte un elemento que se mantiene igual: la persona, con sus facultades superiores, sus diferencias individuales y sus limitaciones. Respetando y atendiendo esas características de fondo, es esa persona, hombre o mujer, al que se tiene la misión de educar.

El maestro tiene que estimular y orientar la inteligencia de sus educandos para que venzan el facilismo de los lugares comunes, del ‘se dice’, de lo que ‘opinan las mayorías’. Para que superen la curiosidad propia de la abundante información y del ‘glamour’ de la imagen, debe sortear la tentación de fragmentar el saber abusando del análisis para fomentar la función de la síntesis que integra, que relaciona los distintos datos de la realidad. Finalmente, el esfuerzo que comporta el pensar se corona con la búsqueda de la verdad, que no es producto de lo que pienso sino de la adecuación del pensamiento con la realidad. La verdad existe independientemente de la inteligencia; conducirla hacia su encuentro es tarea encomiable de todo educador.

De la mano con la verdad aparece el bien, que se especifica en un bien particular para que sea apetecible por la voluntad. Lo suyo es quererlo, adherirse y mantenerse en él. La educación coopera en ese intento a través de la formación del carácter, de modo que el educando pueda

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