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Libro Entendiendo el Fútbol: Guía fácil de táctica y estrategia
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Libro electrónico156 páginas1 hora

Libro Entendiendo el Fútbol: Guía fácil de táctica y estrategia

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Información de este libro electrónico

Sin complicados tecnicismos o tediosos análisis, Entendiendo el Fútbol tiene como objetivo exponer de manera sencilla la táctica y estrategia del fútbol profesional. Algo totalmente innovador e inédito hasta el momento, quizás sólo reservado para aquellos que realizan cursos de director técnico.

Con gráficos ilustrativos y un lenguaje apto para cualquier género y edad, Entendiendo el Fútbol describe el rol de cada jugador puesto por puesto y examina la evolución y funcionamiento de los esquemas tácticos más utilizados en la actualidad.

El aficionado del fútbol, al finalizar la lectura, habrá adquirido un conocimiento claro sobre la táctica, y comprenderá las fortalezas y debilidades de cada alineación. En definitiva, el lector podrá ahora entender el funcionamiento táctico de su equipo favorito o cualquier otro que guste observar.

IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento30 abr 2014
ISBN9781311244338
Libro Entendiendo el Fútbol: Guía fácil de táctica y estrategia

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Comentarios para Libro Entendiendo el Fútbol

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    Muy fácil de digerir y cumple lo que promete, te ayuda a entender lo que siempre damos por entendido en el fútbol aunque no sea así (las formaciones)
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    5/5
    parece hermozo

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Libro Entendiendo el Fútbol - Marcos A. Reina

Introducción

Como cualquier otro niño, desde muy pequeño dediqué mis mañanas y mis tardes libres a este deporte tan querido por todos, el fútbol. No podría decir en qué momento comencé a jugarlo, pero sé que lo hacía por pura diversión.

De pequeño puedo recordarme jugueteando con una pelota, yendo y viniendo, haciéndola rebotar en el piso o en alguna pared. También recuerdo cuando jugábamos al fútbol con mis hermanos. Esos eran momentos en que compartíamos todos la misma pasión y diversión, pues el fútbol es un deporte de grupo, uno se divierte más jugando acompañado. Por suerte, yo tenía tres hermanos y por lo tanto tenía algo asegurado: la compañía para armar un equipo.

Solíamos jugar dos contra dos, o un arquero y el resto intentando marcar, o simplemente peloteando entre nosotros. Lo único que necesitábamos era un balón. Y si no podíamos comprar uno de cuero (o se perdía, se caía al patio del vecino, lo pisaba un auto, lo mordía algún perro, etc.), conseguíamos uno de plástico o de goma. Incluso lo fabricábamos nosotros mismos: una media rellena con cualquier cosa, una bolsa plástica rellena con papel de diario, y cualquier otro invento que viniera a la mente.

El fútbol era parte de mi vida y tenía todo para practicarlo y disfrutarlo. Incluso tenía algo también fundamental para poder jugar: un jardín con espacio libre. Mi casa tenía un jardín con pasto que en ese entonces me parecía inmenso. Pero también podía jugar en la vereda, en la calle, en la plaza, hasta en un pasillo si no podía ir a un lugar mejor.

El fútbol es un deporte que no necesita de muchos accesorios para practicarlo. Todo se puede conseguir. Los amigos siempre están, y luego, con un poco de imaginación se puede conseguir el balón e improvisar el lugar.

Mis hermanos y yo disfrutamos mucho de jugar al fútbol juntos y ahora de adultos seguimos haciéndolo, por lo menos en la medida que nuestros achaques lo permitan.

Pero aunque nuestros cuerpos ya no sean tan fuertes e irrompibles como antes, seguimos amando el fútbol y comenzamos a tener otra percepción del juego que antes no teníamos, quizás a disfrutarlo de otro modo.

Cuando uno crece ya comienza a pensar y recapacitar sobre cosas a las que antes no le daba importancia. Esto es lo que me sucedió cuando, pensando sobre la táctica en el fútbol, comencé a recordar las características de juego de cada uno de mis hermanos.

Resulta interesante ahora notar, que cada uno de ellos nació, o se forjó para jugar en una posición diferente. Cuando uno sale a la cancha y no existe un director técnico que organice al equipo, es natural que uno se ubique en el sector de la cancha donde más cómodo se sienta (lo cual no significa que sea el sector donde mejor rinda, eso es otra historia que veremos mas adelante). Cuando el fútbol es solo cuestión de diversión los partidos suelen ser muy desorganizados, ya que cada uno hace y juega como más le gusta.

Pero aun en la desorganización, es posible identificar roles individuales que se aproximan a lo que hoy propone el fútbol profesional. Así están los hambrientos de gol que sólo esperan arriba, los que persiguen la pelota desde el inicio hasta el fin del partido, los que quieren eludir a todos los rivales y nunca dan el pase, los que van al arco por voluntad propia, etc.

Así me di cuenta que cada uno de mis hermanos tenía cualidades de juego que coincidía con su personalidad. Veamos a qué me refiero.

El mayor tenía hambre de gol, siempre tuvo hambre de gol, por eso se identificaba como un delantero, a veces un segunda punta, otras veces un nueve de área. Era dueño de una potente zurda, y como tenía velocidad, le venía bien arrancar desde el mediocampo para adelante. No obstante su objetivo era siempre el arco.

El segundo de mis hermanos tenía buena estatura y era muy fornido. Se parecía a un mediocampista de buen juego y características de wing. Su potencia física le permitía cuidar muy bien el balón, armar juego en el mediocampo y defender bien su sector. Pero si le daban margen para proyectarse en ataque era muy difícil pararlo.

El tercero era especial, pues todos los arqueros son especiales. El más alto de la familia, rozaba los 1,90 m. y no se achicaba ante nada (si jugaba de defensor era mejor no ponérsele delante). Sus reflejos eran instantáneos y parecía dominar mejor que nadie la tarea sucia de tirarse al piso, volar por los aires y enfrentarse con cualquier delantero. Probablemente, quien tuviese mejor futuro si se hubiese dedicado profesionalmente, tenía carácter y mucha confianza en si mismo, cualidades fundamentales en un portero.

Por ultimo, quien les escribe. En realidad nunca me definí por ninguna posición o sector de la cancha, pero digamos que, de los cuatro hermanos, era quien tenia un mejor trato de balón (cuidado, no solo porque yo lo diga, esto fue reconocido por ellos).

Estos eran mis hermanos (y yo), cada uno con su propia habilidad y gusto para jugar el fútbol. Seguramente en nuestra infancia jugamos cientos y cientos de veces sin cuestionarnos demasiado qué estábamos haciendo bien o qué estábamos haciendo mal. Eso no importaba, nos divertíamos.

Sin embargo, siempre llega un momento donde la pasión

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