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Amor y Humor
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Libro electrónico211 páginas3 horas

Amor y Humor

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“La risa es la distancia más corta entre dos personas” – Victor Borge

El amor y el humor son dos grandes claves del bienestar, y dos de los más profundos misterios de la experiencia humana. Pero además, según la psicología positiva, existe una relación muy íntima entre las cosquillas y las caricias. Las personas con las que más reímos son las que más amamos –y vice versa. El “tonteo” es fundamental en el juego amoroso, y no digamos en el erótico. Y a largo plazo, las parejas que ríen y bromean juntas son más duraderas y están más satisfechas con su relación. Amor y Humor son dos polos del equilibrio mental, dos lazos emocionales complementarios, dos amantes que ríen, juegan y se quieren con locura.
En este original y divertido ensayo, repleto de ejemplos hilarantes, tiernos, picantes e inspiradores, Eduardo Jáuregui explora las relaciones entre amor y humor, partiendo de los estudios científicos que han identificado el humor como una de las principales claves del verdadero arte de amar, y el amor como una de las principales claves del verdadero sentido del humor. "Amor y Humor" es un libro para desdramatizar el romance, humanizar la risa y, sobre todo, para disfrutar en compañía –a ser posible bajo las sábanas y con linterna.

¿Sabía usted que...?

-La risa es 30 veces más frecuente en compañía que en solitario, y disfrutamos más de ella cuando la compartimos.
-Las personas que se ríen de nuestros chistes nos caen mejor y nos atraen más.
-Parejas de desconocidos, después de participar juntos en una actividad divertida, se sienten más cercanas y más atraídas mutuamente.
-Las personas con una vida sexual más activa se ríen más de todo tipo de chistes.
-Las emociones positivas se asocian con un mayor deseo, desinhibición y disfrute sexual.
-El humor es una estrategia muy habitual para gestionar la intimidad durante la seducción y el cortejo entre seres humanos.
-“Un buen sentido del humor” es uno de los tres atributos más valorados en una pareja romántica.
-Las personas que dan una puntuación alta al sentido del humor de su pareja están más satisfechas con su relación.
-Cuando discuten temas conflictivos, las parejas casadas más satisfechas emplean más humor benigno, ríen más a menudo y muestran más risa recíproca.
-Las parejas casadas, después de participar juntos en una actividad divertida, valoran su matrimonio como más satisfactorio.

IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento6 dic 2013
ISBN9781310132124
Amor y Humor
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Autor

Eduardo Jáuregui

Eduardo Jáuregui es Psicólogo y Doctor en Ciencias Políticas y Sociales especializado en la Risa, el Humor y la Psicología Positiva. Da clases como Profesor del Departamento de Business and Social Sciences de Saint Louis University, campus de Madrid. En 2004 fundó Humor Positivo junto con Jesús Damián Fernández --una consultora de formación especializada en la aplicación del humor y las emociones positivas en el trabajo, con clientes como IKEA, Sanitas, Gas Natural, Oracle o General Motors. Eduardo ha trabajado en Madrid y Londres para diversas empresas multinacionales y como consultor autónomo, aplicando sus conocimientos a la gestión de recursos humanos y a la comunicación creativa audiovisual (cine, teatro, periodismo, publicidad, diseño web). Es autor de novelas como "Juicio a los Humanos", "Yoga a la Siciliana" o "Conversaciones con mi Gata", un éxito internacional con los derechos vendidos a 12 países, entre ellos Alemania, Francia, Italia y China. Actualmente co-escribe, junto a Pierdoménico Baccalario, la serie de libros para niños (a partir de los 9 años) "El Cuento Más Maravilloso Jamás Escrito", con el pseudónimo Edward Berry. Ha escrito también los monográficos de psicología "El Sentido del Humor", "Amor y Humor", "Alta Diversión", y de más de 80 artículos en revistas académicas y en prensa (la lista completa puede consultarse en su web: http://humorpositivo.com/eduardojauregui/). Escribió además el guión de "Blanco o Negro", Premio Goya al Mejor Cortometraje 1991. Ha pronunciado numerosas conferencias en foros nacionales e internacionales, entre ellos la Royal Institution of Great Britain, La Casa Encendida de Madrid, los cursos de verano de la UIMP o las conferencias TED. De mayor, quiere ser astronauta.

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Amor y Humor - Eduardo Jáuregui

CAPÍTULO 1

Una pareja de amantes que ríen

"El amor es ciego, y los amantes no pueden ver

las bellas locuras que cometen."

-William Shakespeare,

El Mercader de Venecia

El tema de este libro no lo he escogido yo, sino que, como el flechazo de Cupido, me ha escogido a mí. Es un romance que comenzó hace ya varios años, cuando una pareja de amigos, Marina y Mark, me invitaron a su boda y me pidieron que pronunciara algunas palabras durante el banquete. Queremos que des un discurso titulado ‘Amor y Humor’, me anunciaron. Sabían que yo llevaba años estudiando el tema del humor, como psicólogo, y pensaron que sería sólo cuestión de aplicarlo al del amor. Yo les dije que sí, que por supuesto, que sería un honor. Menudo título, además pensé, Sugerente, contundente y sonoro.

Pero luego me puse a sudar, porque si es complicado hablar del humor, un jeroglífico que los filósofos y científicos no han logrado descifrar tras miles de años de labor intelectual, mucho más difícil aún es hablar del amor, quizás la palabra más trillada de todo el diccionario, y uno de los conceptos más ambiguos, íntimos y complejos de la experiencia humana. No sólo eso. Si hablas de amor en una boda, no puedes quedarte en disquisiciones académicas, sino que tienes que conmocionar al personal, hilar poesía y provocar alguna que otra lagrimilla. Y lo peor de todo era que incluso esto no bastaría, ya que al unirlo con el humor, habría que equilibrar el rollo romántico con algún que otro chiste. ¡Tenía que hacer reír a la gente! Si no, menuda decepción.

La verdad es que no sabía muy bien qué demonios decir, y menos aun cómo decirlo. Iba posponiendo la redacción de mi discurso, día tras día, hasta casi el último momento. Tanto es así que el fotógrafo de la boda me pilló en alguna imagen escribiendo apuntes durante la misma ceremonia, con un aspecto de evidente preocupación. Pero estaba comprometido a ello. No había manera de escabullir el bulto. Finalmente, tras los incontables platos y la tarta, llegó mi gran momento, y me lancé ante el público reunido con una charla practicamente improvisada. Para mi gran sorpresa, conseguí más que salir del paso. La cosa gustó. El público de amigos y familiares de los novios estuvo muy pendiente de mis palabras, rieron en varios puntos, y me pareció ver incluso algún Kleenex en acción. Más aún, comencé a enamorarme del tema, descubriendo que había más relación entre amor y humor del que podría sospecharse. La flecha de Cupido comenzaba a surtir efecto.

Lo curioso es que pocos meses más tarde, me invitaron a dar una conferencia en un centro cultural navarro con exactamente el mismo título: Amor y Humor. Vaya, qué casualidad, parece que se hayan puesto todos de acuerdo, pensé. Es raro que me inviten a dar una conferencia con un título impuesto, y aún más raro que el título fuera precisamente ese. De nuevo acepté sin titubear, porque parecían cosas del destino. Pero de nuevo me vinieron los sudores. Ahora en vez de diez minutos de charla se trataba de hora y media. Y el público ya no sería un grupo de amigos y familiares bien dispuestos a todo, y con alguna copa de más. Ahora sería una colección heterogénea de ciudadanos de la comunidad foral: curiosos, jubilados, estudiantes, intelectuales, periodistas, y gente que pasaba por ahí y no tenía nada mejor que hacer esa tarde.

Esta vez sí me lo preparé mejor, y con más tiempo, porque la cosa no se podía improvisar. Ahondando en el tema, fui descubriendo experimentos científicos sorprendentes, uniendo datos que ya conocía pero nunca había relacionado antes e incluso inventando algún que otro chascarrillo para divertir al personal. Me empezó a fascinar el asunto. ¿Qué papel juega el humor en la atracción? ¿A qué juegan los amantes? ¿Puede haber amor sin humor? ¿Y humor sin amor? A medida que iba investigando, me topaba con nexos cada vez más interesantes entre los dos fenómenos. La pasión por este tema se iba apoderando de mí. Y cuando pronuncié el discurso en este centro cultural de Pamplona, de nuevo tuve la sensación de haber conectado con los asistentes, a todos los niveles.

La cosa, evidentemente, no quedo ahí. Un par de años después, había publicado mis primeros dos libros con la Editorial RBA Integral, y mi editora Marta Sevilla me invitó a comer para hablar de futuros proyectos. Yo le plantee varias ideas que durante años me habían rondado por la cabeza, pero salí de la reunión con la impresión de que ninguna de ellas le habían convencido mucho a Marta. Lo que es peor – tampoco estaba seguro de que me hubieran convencido a mí. Son paradojas de la vida. Llevas toda la vida queriendo publicar algo (el primer libro que intenté publicar me permitió coleccionar más de 20 cartas de rechazo), y luego las editoriales llaman a tus puertas y no sabes qué escribir. Le comenté el dilema a mi pareja, Emanuela, y ella, sin pestañear, me dijo:

–Cuéntame tus ideas y yo te digo lo que tienes que escribir.

Me sorprendió su respuesta, y además me molestó un poco.

–Pero, ¿y tú qué sabes lo que yo ‘tengo que escribir’?

–Bueno, tú dime...

Entonces, un poco titubeante, comencé a contarle algunas de mis propuestas. Pero no había llegado ni a la tercera cuando ella salta, emocionada:

–Ya sé lo que tienes que escribir: ¡Amor y Humor!

Me dejó atónito. Tenía razón. Por tercera vez sentí el flechazo. Vi claro que no podía haber otro proyecto. Fue como si le hubiera dicho que no sabía cómo quitarme la sed y ella me hubiera respondido pues bebe agua.

–Pero, ¿qué pasa, que eres un genio o qué? – le pregunté entre risas.

–Tú verás– respondió con cara de celestina satisfecha.

Celebramos inmediatamente, bailando en el salón de nuestra casa, con la certeza de que a mi editora le iba a encantar la propuesta (como así fue, evidentemente). Y me di cuenta de que una vez más se unía el amor y el humor. Reí como un niño, y la quise como nunca. Son esos los momentos en los que sabes por qué estás con alguien (1).

Las palabras se me quedan cortas

Eso sí, por tercera vez me invade una especie de tembleque febril –la flecha de Cupido también duele. Ahora me toca llenar cien páginas con palabras sobre dos de los misterios más insondables de la naturaleza humana, y su desconocida relación. Aunque tú, como lector o lectora, tienes la posibilidad de saltar hasta el final del libro y ver como termina la cosa, yo no. A mi me toca ir explorando esta tierra incógnita palmo a palmo para ir dibujando el mapa, con la temeridad de un explorador del siglo XV, y con la seguridad de que el mapa quedará igual de chapucero. Si no estuviera ya enamorado del tema, de seguro no sería capaz de acometer una tal locura.

¿Cuantos filósofos, artistas, santos y poetisas han dedicado obras o incluso su vida entera a tratar de entender el amor? Ahí están, entre otras contribuciones a la cultura universal, el Banquete de Platón, el Himno en honor a Afrodita de Safo, el Arte de Amar de Ovidio, el Kama Sutra, las parábolas de Cristo, el Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita, los sonetos de Shakespeare, los versos místicos de Santa Teresa, la los discursos de Gandhi, las teorías de Freud, la Vie en Rose de Edith Piaf, las películas de Bogart y Bacall, y por supuesto las novelas de la autora española más leída después de Cervantes, Corín Tellado. Un sabio anónimo dijo Nunca trates de definir el amor. Si lo defines lo limitas. Y si lo limitas, muere. Menos mal que otros sabios han asegurado que el amor es inmortal. Si no a ver quién se atreve, menuda responsabilidad.

¿Qué es, entonces, el amor? Lo que está claro es que esta palabra se usa para identificar toda una serie de fenómenos relacionados pero diferenciables. No es lo mismo el amor universal de Cristo que el de Quijote por Dulcinea o el del Kama Sutra. A veces hablamos del amor como un sentimiento, una sensación entre mental y física que adopta múltiples formas. En los casos más leves no es más que un cosquilleo agradable que provoca sonrisas inexplicables y un andar un tanto saltarín. En ciertos momentos la sensación se intensifica, volviéndose verdaderamente sublime –según cuentan, algo así como flotar sobre una nube por encima de un intoxicante jardín de rosas, con un ejercito de ángeles que masajean cada punto de la anatomía y refrescan el cuerpo con su aleteo. En casos extremos, sin embargo, parece casi una enfermedad de síntomas preocupantes: fiebre, escalofríos, palpitaciones, delirio, alucinaciones. De hecho, no siempre se experimente como algo placentero, sino que puede convertirse en una auténtica tortura: la nube brota pinchos, las rosas se pudren y los ángeles masajistas se vuelven terribles inquisidores que nos estiran y estrujan en contorsiones yoguicas inimaginables.

El objeto del amor también varía. A menudo limitamos este fenómeno emocional a las relaciones de pareja, asociándolo a la atracción sexual, la música de saxofón grave y los perfumes caros. Otras veces, sin embargo, lo aplicamos también a las relaciones con los amigos, la familia, la patria, Dios, los delfines, el potus del salón y las croquetas de tu madre. Incluso se habla de un amor muy elevado, el amor universal. Mucha gente aspira a este amor, que implica amar al desconocido e incluso al enemigo. Pero pocos se atreven a seguirlo hasta las últimas consecuencias, una vez que descubren que también tendrían que amar al vecino del 2º B.

En la mitología hindú, griega y romana se concebía el amor como un niño rollizo y alado, armado con arco y flecha. En la religión cristiana se representa con la cruz en la que un hombre se dejó ejecutar como sacrificio por los demás. Los poetas lo asocian con la primavera, el corazón, los petalos de rosa, las estrellas, el oro. Los grandes almacenes también lo asocian con el oro, especialmente en Navidades, Reyes, San Valentín y los días del padre y la madre. Los filósofos lo han visto como una fuerza de la naturaleza, una virtud, un arte, el sentido de la vida, o incluso la materia que compone el universo. Para los científicos no es más que un truco químico diseñado por la evolución para reproducir y preservar la especie –aunque tampoco éstos han logrado descifrar todos sus secretos, ni mucho menos sintetizarlo en el laboratorio.

En este libro yo tampoco pretendo resolver, desde luego, el misterio del amor, que sin duda seguirá fascinando al ser humano hasta el final de los tiempos. Pero sí creo que hay algo que comparten estas distintas visiones del fenómeno: la unión entre una persona y el objeto de su amor –ya sea ésta una unión física, conceptual, emocional y/o espiritual. A veces la palabra ‘amor’ se emplea para hablar del deseo de esa unión, de las sensaciones que nos provoca el obtenerla (placenteras) o el no obtenerla/perderla (terribles), de las acciones que tomamos para demostrarla o conseguirla, de la capacidad o voluntad de tomar estas acciones, o de la relación resultante. A veces se aplica a una o más personas, a un grupo, a un ser viviente no humano, a una actividad o a un concepto como Dios, la libertad o los bolsos de Prada. En estas páginas me referiré a (casi) todas estas variedades de unión, y desde todos estos distintos puntos de vista. En especial, me centraré en la unión biológica y social con un hijo o hija (Capítulo 2), la unión conceptual con un grupo (Capítulo 3), la unión social y emocional de la amistad (Capítulos 4 y 5), la unión pasional, social y contractual de las parejas (Capítulos 6, 7 y 9), la unión sexual (Capítulo 8) y la unión espiritual con el universo, la humanidad y lo divino (Capítulo 10).

Las palabras... se me vuelven a quedar cortas

¿Y el humor? Su misterio resulta al menos tan enigmático como el del amor. Aristóteles y Platón ya se devanaron los sesos con teorías sobre la comicidad, pero más adelante Quintiliano, el maestro calagurritano de la retórica, se lamentaba que nadie aun había logrado dar una explicación satisfactoria del fenómeno. Y dos mil años más tarde estamos en las mismas, a pesar de los numerosos filósofos, humoristas y científicos que han estudiado el asunto desde entonces. Como bien comentó Enrique Jardiel Poncela, intentar definir el humor es como pretender atravesar una mariposa, usando a manera de alfiler un poste telegráfico.

Estos son algunos ejemplos de humor que han llegado a mis manos o a mi buzón de correo electrónico reciéntemente:

-El Top 40 de las gasolineras, una colección de las portadas de discos más horteras de la historia. Como ejemplo, un tal Luixi Toledo (que se define como El fiera y El Van Gogh de la música española) da a su LP el desafiante título ¡Para que aprendáis! y aparece en portada vestido en plan años 70, pero con una enorme y desconcertante concha de vieira al cuello. Incluye temas como Mi betis peleón, Penélope Cruz, ¡ETA...!, En marte hay vida y Torrente II: Misión en Marbella.

-Un anuncio televisivo en el que un niño caza a sus padres colocándole regalos bajo el árbol navideño y estos le dicen que ya es hora de que sepa la verdad. Entonces se quitan unas caretas de goma y resulta que en realidad son Baltasar y Melchor: ¡Los padres no existen!.

-Una viñeta de El Roto, que muestra una Silla eléctrica de energía renovable, con placa solar incorporada.

-Un vídeo en el que la deslenguada humorista norteamericana Sarah Silverman aparece en el programa late-night de su novio Jimmy Kimmel y le confiesa ante los telespectadores que se está tirando a Matt Damon, con un vídeo musical en el que aparece cantando y bailando la canción I’m fucking Matt Damon –¡junto al propio Matt Damon!

-La introducción al bolero Perdónala de Les Luthiers: Con motivo del estreno del conocido bolero ‘Perdónala’, de Johann Sebastian Mastropiero, que escucharemos a continuación, el periódico Actualidad Musical se refirió a Mastropiero en términos muy elogiosos; pero a los pocos días publicó la siguiente rectificación: Fe de erratas: donde dice ‘de inspiración arrebatada, como otros compositores románticos’, debe decir ‘arrebatada a otros compositores románticos’, y donde dice ‘su copiosa producción’ debe decir ‘su copiada producción’. Luego de escuchar el bolero ‘Perdónala’, el gran compositor Günther Frager le escribió indignado a Mastropiero, acusándolo de haber plagiado un pasaje de su Tercera Sinfonía. La respuesta no se hizo esperar: Usted me ofende, dice Mastropiero en su carta, justamente a mí, que siempre digo que el artista que se apodera de la idea de otro enturbia las aguas del manantial del espíritu... famosa frase de Günther Frager. Curiosamente, este caso, y otros similares que nos muestran a Mastropiero plagiando de Günther Frager, han llegado a nosotros a través de la propia autobiografía de Mastropiero; y no es que se arrepienta y confiese su culpa, sino que su autobiografía es una copia textual de las memorias de Günther Frager. Sin embargo, pese a todo esto, quienes, como es nuestro caso, amamos a Mastropiero, creemos que muchas de estas conductas que se le atribuyen en realidad le son totalmente ajenas –probablemente sean de Günther Frager. Bien, escucharemos a continuación, pues, de Johann Sebastian Mastropiero, el bolero Perdónala... de Günther Frager."

-Titulares reales de periódicos:

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