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Barcelona. La mirada de un turista

Barcelona. La mirada de un turista

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Barcelona. La mirada de un turista

valoraciones:
4.5/5 (3 valoraciones)
Longitud:
487 páginas
6 horas
Editorial:
Publicado:
13 may 2013
ISBN:
9788494055584
Formato:
Libro

Descripción

Guía Novelada Turístico-Cultural, libro muy ameno que integra cuidadosamente la historia, la cultura, la tradición y el interés turístico de Barcelona.

La mirada de un turista no es una guía de viajes ni una novela de viajes. Josep María Casas ha conseguido una fusión entre ambos estilos. A través de la narración de un grupo de turistas conducidos por la mano de una guía (Núria) hacen un recorrido de seis días por los sitios más representativos de Barcelona donde encontraremos historia, cultura, inquietudes y experiencias. A través de sus consultas y comentarios el lector se sumerge en este apasionante viaje.
Contiene 213 fotografías, 6 mapas y 4 grabados.

Editorial:
Publicado:
13 may 2013
ISBN:
9788494055584
Formato:
Libro

Sobre el autor

Josep Maria Casas Moreno nació en Barcelona (1947). Es aparejador y arquitecto técnico. Su primera pasión ha sido la familia, la segunda su trabajo y la tercera viajar, de manera cultural. Apasionado de la Historia ha tenido la suerte de haber visitado más de 50 países tanto en caravana, modalidad que permite contactar con multitud de personas del país y disfrutar de un mayor contacto con la naturaleza. Más adelante pudo realizar, junto con su familia, grandes viajes por todo el mundo, sin olvidarse un par de guías aunque después regresaba con más de 10 libros sobre el país visitado. Según el autor, las guías son para consultar, pero jamás se leen. Su intención en este libro ha sido preparar algo diferente: guías noveladas para viajar pero también para leerlas desde el sofá.


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Barcelona. La mirada de un turista - Josep M. Casas

Barcelona.Dia1BUENOtr.tif

Plano Visitas Día 1

Día 1 - VISITAS IMPRESCINDIBLES

N.º VISITA Página web (www.) N.º TELÉFONO

image_embedded.png Rambla de les Flors 

image_embedded_1.png Mercado de la Boqueria www.boqueria.info 

image_embedded_2.png Palacio Güell www.palauguell.cat 93 317 39 74

image_embedded_3.png Plaza Real 

image_embedded_4.png Monumento a Colón 

image_embedded_5.png Iglesia del Pi www.parroquiadelpi.com 93 318 47 43

image_embedded_6.png Calle Petritxol 

VISITAS CON NIÑOS

image_embedded_7.png Museo de Cera www.museucerabcn.com 93 317 26 49

VISITAS INTERESANTES

image_embedded_8.png Iglesia de Santa Anna  93 301 35 76

image_embedded_9.png Vía Sepulcral Romana museuhistoria.bcn.cat 

image_embedded_10.png Fuente de Canaletes 

image_embedded_11.png Gran Teatre del Liceu liceubarcelona.cat 93 485 99 00

image_embedded_12.png Antiguo Hospital de la Santa Creu 

image_embedded_13.png MACBA www.macba.cat 902 88 49 90

image_embedded_14.png CCCB www.cccb.org 93 481 38 86

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Monumento a Colón.

Día 1

Las Ramblas

Son las nueve de la mañana. Tras desayunar, nos dirigimos al vestíbulo del hotel. Una mujer joven se dirige a nosotros.

- ¡Buenos días! Me llamo Núria y voy a ser su guía durante su estancia en Barcelona.

- ¡Buenos días! - le responden al unísono Lucía, Carmen y Joaquín, tres jóvenes veinteañeros.

- ¡Hola! Somos Dolores y Paquita - le contestan esta pareja de jubiladas.

- Soy José María, y mi esposa, Julia - le decimos.

- Y nosotros, Juan y Montserrat - añade nuestro matrimonio amigo, también de mediana edad.

- ¡Bienvenidos a Barcelona! Subamos al minibús, que en diez minutos nos dejará en la plaza de Catalunya.

Una vez se pone en marcha, Juan pregunta - ¿Cuántos habitantes tiene Barcelona?

- Cuando hablamos de Barcelona, no podemos limitarnos a la pequeña superficie de 92,4 km2. que constituye el estricto término municipal, con 1.700.000 habitantes. Su núcleo urbano se ha desarrollado hacia las ciudades adyacentes, formando un área metropolitana con más de 4.000.000 de habitantes.

- ¿Cómo la definirías?

- Barcelona es el sur del norte y el norte del sur. Para los europeos del norte, somos una ciudad mediterránea, meridional, con todas sus especiales características: sol, alegría de vivir, espontaneidad y un amable sentido del desorden. Para la mayoría de españoles y europeos mediterráneos somos, sin embargo, una ciudad nórdica, seria, industrial, trabajadora y organizada.

- ¿Cuál es el mejor medio de transporte para conocerla?

- El coche particular es útil para algunas visitas, pero acceder con él al casco antiguo, donde no hay posibilidades de aparcar, es complicado y caro. Una buena opción son los autobuses turísticos, que abarcan todos los lugares que visitaremos. Otra opción muy utilizada es el metro. Es lo más rápido y económico. Mi consejo sería que se informaran de todas estas posibilidades en cualquiera de las muchas oficinas de información turística que cuenta la ciudad, o en la propia conserjería de dónde pernocten.

- ¿Cuál sería la mejor época para visitarla?

- Barcelona posee un clima mediterráneo. Ni hace mucho frío en invierno ni tampoco un calor excesivo en verano. Sin embargo, por la gran cantidad de turistas que nos visitan durante esta estación, hay que guardar largas colas en las visitas turísticas, por lo que recomendaría evitar los meses de julio y agosto.

- ¿Algún otro consejo?

- Que se vistan como los barceloneses. Ellos no acostumbran a ir en pantalón corto por la ciudad, con un plano en la mano y la máquina de fotografiar colgando. Es la mejor manera de evitar a los carteristas. ¡Llegamos!

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Descendemos del minibús frente un monumento en el que se lee:

Catalunya a Francesc Maciá.

- Estamos en la plaza de Catalunya. Con 30.000 m2 - Núria abre los brazos como queriendo abarcarla - es una de las más grandes de España. Fue el punto de unión entre el núcleo viejo y el nuevo barrio del Eixample (Ensanche). La primera etapa de su urbanización se inició en 1902, pero en 1915 aún era un cruce de caminos en forma de aspa. La segunda etapa se inició con motivo de la Exposición Internacional de 1929. A partir de entonces, se convirtió en un símbolo para la ciudad y en su centro por excelencia.

- ¿Por qué se construyó en este punto? - pregunto.

- Históricamente, era una explanada en las afueras de la ciudad, de donde salían caminos hacia las poblaciones de los alrededores. Se convirtió en el lugar ideal para situar mercados al aire libre. Cuando se derribaron las murallas en 1859, se empezó a construir el Eixample, según la urbanización que diseñó el Plan Cerdá. Curiosamente, este plan no proyectaba ninguna plaza aquí, sino que la situaba en la actual plaza de las Glòries Catalanes, en un extremo de la ciudad.

- ¡Pero se hizo aquí! - afirma Juan, señalando el suelo.

- Sí, el Ayuntamiento decidió ocupar este espacio para convertirlo en un nudo de comunicaciones. Por su subsuelo circulan trenes de cercanías, varias líneas del metropolitano y los Ferrocarriles de la Generalitat.

- Observo varios centros comerciales… - interrumpe Dolores.

- Sí, ahora los comento - Núria señala los árboles frente a nosotros - Primero... lo más importante: ¡La Rambla! Con sus plátanos... A la derecha, el edificio del Triangle contiene locales comerciales y de restauración. En su planta baja, la popular cafetería Zurich, una de las terrazas más concurridas de la ciudad. Esquina con el Passeig de Gràcia, el antiguo edificio del Banco Español de Crédito, que ocupa el espacio donde se ubicó el Hotel Colón, en cuya azotea hubo, en 1924, la primera antena de radio del país, la emisora EAJ1 Radio Barcelona.

Núria se gira y señala un gran edificio de color indefinido.

- Es el centro comercial El Corte Inglés, el mayor de los varios centros que tiene en Barcelona. Fue también el primero y, por su estratégica situación, es el más visitado por los turistas. Para quien tenga tiempo, recomiendo acceder a la novena planta, con su restaurante-cafetería, para contemplar la panorámica que desde allí se divisa.

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- ¿Iremos, Paquita?

- ¡Pues claro, Dolores! - le contesta, guiñándole un ojo.

- El edificio que hay en la esquina del Portal de l’Àngel es la sede del Banco de España. Enfrente, en la plaza, una pancarta señala la ubicación de la oficina principal de Información Turística. Finalmente, este centro comercial que hace esquina con Las Ramblas es la antigua sede del Banco Central donde, el 23 de mayo de 1981, se produjo uno de los atracos más famosos y espectaculares de la historia del país. ¿Lo recuerdan?

- Nosotros, no - dicen los más jóvenes.

- Claro... ¡aún no habíais nacido! Yo sí lo recuerdo, tuvo en vilo a todo el país - comenta Juan.

- Sí, porque se cumplían justo tres meses del intento de golpe de Estado del 23 de febrero por parte del teniente coronel Tejero. Pero eso es otra historia. El atraco al Banco Central empezó a las nueve de la mañana cuando un grupo de once encapuchados entró y empezó a disparar al techo del vestíbulo. En el banco, había en ese momento doscientas sesenta y tres personas, entre trabajadores y clientes. Pedían la libertad de cuatro héroes del 23F, amenazando que, si no los liberaban antes de setenta y dos horas, matarían a diez personas y, a cada hora transcurrida, a cinco rehenes más.

- ¿Y cómo acabó? - pregunta Joaquín.

- Trenta y seis horas después, una operación policial logró controlar el edificio y detener a los asaltantes, menos uno que murió en un tiroteo.

- ¿Se supo toda la verdad?

- No, jamás se ha sabido. Muchos años después, El Rubio, el supuesto líder, declaró que les engañaron. Con este golpe, querían crear un foco de atención en Barcelona para realizar algo importante en Madrid. Pero Tejero y la extrema derecha siempre negaron cualquier relación con el asalto.

- Lógico... - dice murmurando.

- Prosigamos con un relato bien distinto: el del monumento de Catalunya a Francesc Maciá. El busto es una copia del original hecho por Josep Clará en 1932, mientras que el monumento es una obra de 1990 de Josep María Subirachs, el escultor actual de la Sagrada Familia.

- Francesc Maciá, ¿fue presidente de la Generalitat, no? - pregunta Lucía.

- Sí. Nació en 1859. Militar de profesión, el asalto a varios periódicos catalanistas en 1905 por parte del ejército, provocó un giro en sus convicciones, volviéndose cada vez más y más nacionalista. En 1907, fue elegido diputado al Congreso y utilizó esta plataforma para proclamar el derecho de Catalunya a la autodeterminación. En 1922, fundó el grupo minoritario Estat Català, pero el golpe militar y posterior dictadura del general Primo de Rivera, en septiembre de 1923, lo llevó al exilio y, a la vez, lo propulsó a la fama. En 1926, con 130 voluntarios, intentó entrar clandestinamente en Catalunya para liderar una revuelta armada contra la dictadura. Pero la acción fue desbaratada en Prats de Molló, en Francia, después que un fascista italiano infiltrado en el grupo los delatara.

- ¿Pero si solo eran 130, muchas posibilidades…? - Joaquín abre las manos, sorprendido.

- Esperaba que la gente se les uniera a medida que habrían ido avanzando. Regresó a Catalunya en febrero de 1931, una vez había caído la dictadura de Primo de Rivera. Se adhirió a un conglomerado republicano catalanista que constituyó Esquerra Republicana de Catalunya y, contra todo pronóstico, ganaron las elecciones municipales del 14 de abril. La aplastante victoria electoral le llevó a proclamar la República Catalana pero, tres días después, tras fuertes presiones de Madrid, ésta se convirtió en la Generalitat de Catalunya, con Maciá como presidente. Organizó un plebiscito, en agosto de 1931, siendo elegido presidente de la Generalitat por cinco años.

- ¿Fue cuando le empezaron a llamar el Avi? - interrumpo.

- ¡Exacto! Significa abuelo en catalán. El Avi falleció el día de Navidad de 1933, sin haber finalizado su mandato. Su entierro fue el más multitudinario de Catalunya, hasta esa fecha.

- ¿Y qué simboliza el monumento? - pregunta Montse.

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- Si lo miramos por la parte lateral izquierda, observaréis que la escalera invertida recuerda el mapa de Catalunya. Subirachs juega a menudo con las formas encajadas y las dualidades positiva-negativa. En este caso, los peldaños de la parte inferior simbolizan la historia de Catalunya y encajan con la escalera de la parte superior que simboliza el presente y el futuro.

- O sea, un país que avanza peldaño a peldaño, o día a día, hacia el futuro - resume Montse, satisfecha de haber descifrado la metáfora.

Núria se acerca a la estatua de una mujer desnuda, en la parte posterior del monumento.

- ¡Qué mujer! - exclama Joaquín.

- ¿A cuál te refieres? ¿Núria, o la estatua? - le preguntan maliciosamente Carmen y Lucía.

- ¡A aaaambas! - contesta resignado.

- Estamos ante la deessa (la diosa), también obra de Josep Clará - dice Núria -. Advierto que es una copia, porque la original está en el Ayuntamiento para preservarla. Las esculturas que sí son originales son las de estos seis grupos escultóricos - los señala, en los extremos de la plaza-, uno por cada capital catalana, más la sabiduría y el trabajo.

- Y la rosa de los vientos del pavimento, ¿a qué viene? - pregunta Carmen.

- Pues nada - dice Núria. Es una rosa de los vientos por donde se pasean las palomas. ¡Sigamos!

Cruzamos hasta la célebre cafetería Zurich, punto de encuentro de los barceloneses, y de allí, al paseo central de La Rambla.

- La Rambla, ¡que en realidad son cuatro! Esta es la Dels Estudis, o Estudios, luego está la de Sant Josep, popularmente conocida como de Les Flors (las flores), le sigue la Dels Caputxins (de los capuchinos), y la última es la de Santa Mónica. El porqué de esos nombres lo iré comentando en su momento.

- ¿Siempre fue un paseo? - pregunta Lucía.

- No. La Rambla era un torrente. De su nombre arabizado ramla procede el actual. En su margen izquierdo, estaba la muralla medieval, finalizada en 1260. Sus puertas de acceso coincidían con las bocacalles actuales de la ciudad. Durante los siglos XVI y XVII, las murallas se conservaron intactas. Empezaron a ser derribadas entre mediados de los siglos XVIII y XIX. En 1859 se plantaron los primeros plátanos, provenientes del Parc de la Devesa de Girona. Con sus teatros, hoteles, mercado, fuentes, farolas, paradas de flores y kioscos de bebidas, fue convirtiéndose en el paseo más popular de Barcelona.

- ¡Aquí no queda ni rastro de las murallas! - observa Juan.

- ¡No! Se da el extraño caso que Barcelona conserva grandes lienzos del recinto amurallado del siglo IV pero, en cambio, muy poca cosa de los muros medievales. Eso es porque, durante siglos, las calles en su interior estuvieron tan congestionadas por su culpa que sus habitantes las terminaron odiando. Tanto, que a mediados del siglo XIX cristalizó un manifiesto: ¡Abajo las murallas!

Por un corto pasaje, llegamos a un oasis de paz y tranquilidad muy desconocido: la Iglesia de Santa Anna.

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Núria aún no ha terminado la frase que ya nos conduce por la acera de la izquierda, hasta una corta calle: Rivadeneyra.

Al llegar a una terraza, nos sorprende la nutrida vegetación que rodea la pequeña iglesia con su campanario de espadaña.

- ¡Qué contraste con Las Ramblas! - comentamos entre nosotros.

- Sí, ¿verdad? ¡Es lo último que uno imagina encontrarse aquí! A mi me encanta este lugar - confiesa Núria.

La perspectiva de una iglesia con su cruz de término rodeada de un alto ciprés, moreras y matas florales, y los edificios modernos sobresaliendo por detrás, produce un efecto tan sorprendente como la visita al desconocido templo.

¡Entremos por el claustro! Como pueden ver, de doble galería, con un pozo en el centro. Un espacio muy tranquilo, perfecto para venir a leer o a meditar.

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- ¿Cuándo se construyó? - pregunta Juan.

- En 1141, se estableció en Barcelona la Orden del Santo Sepulcro, construyendo un monasterio y esta iglesia. Sufrió importantes cambios en el siglo XV, cuando se construyó este claustro y la sala capitular, al más puro estilo gótico catalán. En 1936, fue incendiada. Salvó sus muros, pero no el cimborrio.

Empezamos a avanzar por él y, al pasar frente a dos ventanales góticos, Núria los señala.

- Dan a la Sala Capitular. A través de estas ventanas, los laicos que no podían entrar en la sala podían seguir desde aquí a las asambleas que se celebraban.

- Pero nosotros, sí podemos, ¿no? - pregunta Dolores.

- No, está cerrada al público, pero sí vamos a entrar en la iglesia. ¡Vamos!

Una vez dentro, descubrimos una arquitectura excepcionalmente simple y bella, al más puro estilo románico. Núria nos sitúa frente al altar mayor.

- La escultura representa a Santa Ana, la madre de la Virgen María que, a su vez, sostiene al niño Jesús.

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A la izquierda, veréis la réplica de la Virgen de Montserrat, patrona de Catalunya.

- ¡La Moreneta! - exclaman al unísono Dolores y Paquita.

- Leí que en realidad no es negra… - Juan mira a Núria.

- La imagen original es una talla románica del siglo XII. Según la última restauración, efectuada al inicio de este siglo, su color original era el albayalde, similar a un blanco plomizo. El humo de las velas, el incienso, la oxidación del plomo utilizado en la pintura y el paso del tiempo mutaron el albayalde a un tono marrón oscuro. En la desgraciada restauración de los años 1823 y 1824, este color se cambió por el negro. Además, se sustituyeron la imagen del Niño, y las manos de la Virgen.

- ¿Y esos de ahí, son deportistas? Estoy viendo a un futbolista, un escalador, un atleta… - comenta perpleja Paquita, señalando las pinturas murales adyacentes.

- Sí. Esta capilla fue sufragada por varias entidades deportivas en la década de los cincuenta del pasado siglo. Enfrente, y tras la reja, la reproducción del Santo Entierro, obra gótica cuyo original se perdió en el incendio antes mencionado. A la izquierda de la entrada principal, la capilla de Todos los Santos y, enfrente la capilla del Santísimo, con una Piedad. Salgamos por la puerta principal, que nos conducirá hasta la calle de Santa Anna.

Giramos a la derecha por la misma y, al momento, Núria nos señala la fachada del nº 10.

- ¡Preciosa! - le comenta Dolores.

- Está hecha con la técnica del esgrafiado, exclusiva para la decoración de fachadas. Consiste en la superposición de capas de revoque de distinto color: blanco, ocre, rojizo o amarillo. Resiguiendo un dibujo a modo de plantilla, se van quitando o dejando las diversas capas para conseguir una decoración policroma, que además es resistente y... ¡barata!

Llegamos a La Rambla.

- Aquí estaba el primer portal de la muralla, compuesto por dos torres semioctogonales. Sigamos por la calle Canuda a la izquierda. En el nº 4, la librería Canuda, especializada en libros antiguos y de ocasión. Entrar en ella es contemplar miles de libros, incluyendo obras raras y curiosas de todas las materias y disciplinas, como libros de bibliofilia o primeras ediciones, sin ningún orden coherente, olor a papel rancio y… permanecer sumergidos en el silencio.

- ¡Qué poético, Núria! - le dice sonriendo Juan, a quien le ha gustado esta breve disertación.

Núria señala el edificio sito justo al lado, el nº 6.

- ¡Bonito patio! - le comenta Dolores a Paquita.

- Es el palacio Savassona, sede del Ateneu Barcelonés. Construido en 1796, mezcla las formas medievales con las neoclásicas. Dentro hay una biblioteca y un jardín romántico, a cinco metros del nivel de la calle. En 1906, cuando el Ateneu se traslada a este edificio, se instaló un ascensor - lo señala - que fue uno de los primeros de la ciudad.

- Y eso del Ateneu, ¿qué es? - pregunta Juan.

- El Ateneu Barcelonés nació en 1872 con la voluntad de conservar y difundir la cultura catalana. Es una asociación sin ánimo de lucro que organiza todo tipo de actividades culturales.

Salimos del patio llegando a un gran espacio abierto: La plaza Villa de Madrid.

- Esta fuente de mármol blanco - la señala - fue inaugurada en la década de los cincuenta del pasado siglo.

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Está dedicada a la maja madrileña.

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Núria nos lleva hacia una barandilla. En un foso a cielo abierto, descubrimos, tumbas y lápidas.

- La plaza obedece a un proyecto urbanístico de mediados del siglo pasado. En 1954, durante la excavación para un nuevo edificio de viviendas, se descubrió la Vía sepulcral romana, un hallazgo de gran interés arqueológico.

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Fue entonces cuando se concibió la disposición de la plaza, de modo que convirtiera la vía sepulcral en un monumental al aire libre.

- ¿Qué antigüedad tiene esta vía? - pregunta Juan.

- Data de los siglos I al III d.C. Era una vía de acceso a la ciudad amurallada de Barcino. Las necrópolis se situaban en las vías de entrada de las poblaciones, rodeadas de un entorno vegetal como símbolo de inmortalidad por su constante morir y renacer.

- ¡Observo diferentes clases de tumbas! - señala Lucía.

- Los monumentos funerarios utilizados en las necrópolis de época romana eran muy diversos y podían tener un carácter individual, familiar o colectivo. Mausoleos, columbarios, cupas, aras, todo dependía del status social. Ni siquiera la muerte podía igualar a los hombres. Los epitafios y las tumbas eran la manera de sobrevivir a la muerte. En los mausoleos, incluso se colocaban estatuas con la imagen del difunto. Su retrato era la mejor manera de perpetuar su memoria y alcanzar la inmortalidad.

Por unas escalinatas, accedemos al museo. Núria nos conduce frente la primera vitrina.

- Había dos tipos de entierros, la cremación y la inhumación.

- ¿Cual era más frecuente? - pregunta Carmen.

- Ambos coexisten en los siglos I y II d.C. Pero, a partir del s.III, predomina la inhumación por la influencia cada vez mayor del cristianismo.

- ¿Cómo se honraba al difunto?

- Con los banquetes hechos en su honor. El primer banquete fúnebre se realizaba el día del sepelio. Nueve días después, se celebraba otro que marcaba el final del duelo. Así mismo, se solían introducir en su tumba caracoles, que eran un símbolo de resurrección, ya que permanecían aletargados a partir de otoño y volvían a la vida en primavera.

- ¿Por dónde se introducían las ofrendas?

- Por un conducto abierto en la tumba que mantenía al difunto en comunicación con el exterior. En todas estas tumbas, son claramente visibles estos agujeros.

- Con el paso del tiempo, ¿seguían honrándolos?

- Sí, por supuesto. El calendario romano tenía unos días dedicados al culto de los muertos. Entre el 13 y el 21 de febrero, y el 9 y 13 de mayo. En esas fechas se visitaban las tumbas y se les llevaba comida, bebida, flores u otros presentes. Si no cumplían con esta obligación, el espíritu del difunto vagaba sin descanso, convirtiéndose en una presencia maligna para los vivos.

- En esta vitrina, hay el esqueleto de un perro - comenta Lucía señalándola.

- Sí. Apareció en un pozo ritual junto a otros nueve perros.

- ¿Qué era un pozo ritual?

- Los pozos rituales son frecuentes en las necrópolis. Servían para enterrar ofrendas de animales, así como la vajilla que se utilizaba en las libaciones y banquetes funerarios, que se rompía después de usarse.

- ¿Y una libación?

- La ceremonia en la que se probaba y compartía el vino que luego se vertía sobre el difunto, al tiempo que se sacrificaba algún animal. Como dice el epitafio: Echaré sobre tus huesos el vino que jamás has bebido.

- ¿El cadáver de un niño? - pregunta Joaquín señalando otra vitrina con un pequeño esqueleto dentro de una ánfora.

- Era una niña de unos tres años. Llevaba un brazalete, una campanilla y dos fichas de juego.

- ¿Y por qué una campanilla?

- Porque la campanilla era un elemento común en el atuendo infantil como ornamento aplicado en la ropa. Tenía carácter protector, ya que se consideraba que su tintineo alejaba el mal de ojo. Y ahora contemplen las demás urnas y vitrinas.

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Finalizada la visita de la Vía Sepulcral, volvemos hacia la Rambla.

Núria gira hacia la derecha, por el paseo central, en dirección a la plaza de Catalunya y, a mitad del recorrido, nos señala una fuente a nuestra izquierda.

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¡Aquí tenéis la famosa fuente de Canaletes!

- ¡Preciosa! - le contesta Dolores, mientras los demás nos disponemos a fotografiarla.

- Y, según dicen, ¡quién prueba de esta agua, vuelve a Barcelona! Es de hierro, con cuatro caños, rematada por una farola de cuatro lámparas, y el escudo de Barcelona. Ya en el siglo XVI, existía en esta zona un abrevadero con varios canalillos por los que bajaba el agua. De aquí su nombre. Cuando se derribaron las murallas, en 1854, se instaló esta fuente, cuya agua provenía de una mina de la cercana población de Montcada, que cogió fama de ser la mejor de la ciudad. Hoy el agua es de la red urbana.

- ¿No se celebran aquí los éxitos deportivos del F.C. Barcelona? - pregunta Joaquín.

- Sí, aquí es.

- ¿Y por qué?

- En los años treinta, enfrente de la fuente estaba la redacción del diario La Rambla, dirigido por Josep Sunyol, futuro presidente del Barça. Sus redactores cogieron la costumbre de colgar en el balcón que daba a la calle una pizarra con los resultados de los partidos. Así, cuando el Barça jugaba, sus aficionados sabían que, si venían aquí, sabrían rápidamente si el equipo había ganado o perdido. Esto motivó que las celebraciones siempre se diesen en el mismo lugar y, con el tiempo, se convirtió en el punto de celebración de sus éxitos deportivos.

- ¡Qué curioso! - decimos, mientras asistimos con la cabeza.

- Y esta Rambla, ¿cuál dijiste que era? - pregunta Lucía.

- Es la Rambla dels Estudis. En el siglo XVI, se construyó aquí el Estudi General o Universidad. Ocupaba el espacio que hoy es el acceso a la plaza de Catalunya. Felipe V la suprimió, tras la guerra de Sucesión de 1714, trasladándola a Cervera, en Lleida, a cien kilómetros de distancia, porque esa población le había apoyado durante la guerra.

Seguimos Ramblas abajo y Núria muestra la primera calle a la derecha.

- Es la calle Tallers.

- Es decir, donde había talleres - comenta Joaquín convencido.

- Pues no. Según el catalán antiguo, los tallers eran los carniceros. Consta en documentos antiguos que por aquí pasaba una riera. Los cursos de agua eran necesarios para arrojar los despojos inaprovechables de los animales. En el n.º 1, esquina con las Ramblas, se encuentra la popular Coctelería Boadas.

- ¿Qué tiene de especial? - le pregunta Juan.

- Miguel Boadas, nacido en La Habana en 1895, hijo de unos inmigrantes catalanes de Lloret de Mar, que había trabajado en el mítico Floridita de La Habana, trajo en 1933 a Barcelona el arte de combinar licores. Sin duda es la coctelería más popular.

- Si podemos… ¡vendremos! - decimos todos.

Seguimos paseo abajo, arropados por la bóveda natural que forman las ramas de los plátanos.

- Este pavimento ondulado me marea un poco - comenta Dolores a Paquita, señalándolo.

- Mejor no lo mires - le contesta.

- En el número 115 - Núria lo señala -, el teatro Poliorama y la ReialAcadèmia de Ciències i Arts. El reloj que observan en la fachada, desde 1891, informa de la hora oficial.

Aprovechamos para poner nuestros relojes en hora.

- ¿A qué juegan en ese grupo? - pregunta de repente Joaquín, señalando a varios turistas que rodean a un hombre con tres cajitas en el suelo.

- Nunca, apuesten dinero en la calle. Son grupos organizados. Unos interpretan el papel de turistas para captar su atención. Una vez lo han conseguido, verán como supuestamente ganan sus apuestas, pero cuando ustedes la hagan, perderán todo lo que hayan apostado.

- ¡Vaya! ¿Y cómo lo hacen?

- El juego consiste en adivinar en cual de los tres vasos o cajitas ha ido una bolita. Parece que la colocan bajo uno de ellos, pero realmente queda en su mano. Es una estafa. Se conocen como los trileros.

- Mejor prevenir que curar - pontifica Dolores.

- ¿Qué iglesia es esta? - pregunta Paquita, a la vez que la señala.

- La Iglesia de Betlem (Belén). Su portada es barroca, con las típicas columnas salomónicas. El interior, de una sola nave, era de una suntuosidad extraordinaria, pero todo se perdió en el incendio de la guerra civil, en 1936.

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Tras cruzar la calle, seguimos por el paseo central.

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En el n.º 105, la Casa del Regulador, que toma su nombre de una joyería-relojería situada en sus bajos durante muchos años. Es uno de los más bellos edificios románticos de la ciudad. Y llegamos a la Rambla más popular: ¡la de las floristas!

- ¡Y de las estatuas! - exclaman entusiasmados Carmen, Lucía y Joaquín, con sus cámaras fotográficas en alto.

- ¡Pues sí! Son personas disfrazadas, que permanecen absolutamente inmóviles, como una… estatua. Cuando alguien se les acerca y les pone una moneda, se mueven, con mayor o menor fortuna, pudiéndose fotografiar con ellos. Hubo un momento que proliferaron tanto que el Ayuntamiento decidió regularlo. Ahora sólo pueden ejercer los que han obtenido un permiso oficial, que señala el lugar y las horas que pueden operar, previa aprobación del disfraz. Como veis, está absolutamente regulado.

- ¡Cuántas flores! - comenta Dolores.

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Las paradas de las floristas se instalaron en el año 1853 y era el único lugar de la ciudad donde se vendían flores. También era famosa la belleza de sus floristas. Pero no todo era tan bucólico. En la convulsa Barcelona de inicios del siglo XX, el terror anarquista se había adueñado de la calle. A principios de septiembre de 1905, a las doce y media de la mañana, arrojaron una bomba sobre una de las paradas, muriendo tras horribles dolores, las hermanas Rosa y Pepita Rafart. Su entierro fue una auténtica manifestación de duelo.

Núria señala un edificio reculado a nuestra derecha.

- El Palau de la Virreina. Fue construido entre 1772 y 1778, por Manuel Amat, virrey del Perú, donde hizo una gran fortuna.

- ¡Cómo no! - exclama Joaquín irónicamente.

- Lo explico sucintamente… Uno de los sobrinos del marqués pidió la mano a una joven de diecinueve años que profesaba en un convento. Cercana la fecha de la boda, el joven se retractó. A fin de lavar el honor de la joven, el anciano virrey, casi octogenario, se ofreció a casarse con ella, que aceptó, pero él jamás llegó a vivir en el palacio ya que falleció antes de terminarlo. El palacio lo ocupó su joven viuda, la virreina. Lo más interesante es su patio interior con doble escalinata. Es sede del área cultural del Ayuntamiento de Barcelona y del Museu d’Arts Decoratives. En sus bajos se exponen los Gegants de la Ciutat (gigantes de la ciudad).

Cruzamos la calzada lateral y accedemos a su interior. Tras cruzar el patio, a la derecha, tras un escaparate, observamos un enorme guerrero medieval y a su acompañante.

- ¿Qué sentido tienen los gigantes? - pregunta Lucía.

- Se trata de una tradición popular. Consiste en hacer desfilar a los gigantes y cabezudos. Los primeros bailan mientras que los segundos persiguen en broma a la gente. Los gigantes son de varios metros de altura, portados por una persona, que les hace girar y bailar al son de la música. Generalmente, desfilan en parejas y lo más normal es que representen arquetipos populares o figuras históricas. Están fabricados en cartón piedra, poliéster o fibra de vidrio, soportados por un armazón de madera, hierro o aluminio que se cubre con amplios ropajes.

-¿Y para verlos en acción? - pregunta Joaquín.

- Tradicionalmente, solo salían por

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Lo que piensa la gente sobre Barcelona. La mirada de un turista

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