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Hal Foster. Una épica post-romántica

Hal Foster. Una épica post-romántica

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Hal Foster. Una épica post-romántica

Longitud:
65 páginas
48 minutos
Editorial:
Publicado:
8 may 2013
ISBN:
9788494127458
Formato:
Libro

Descripción

En este breve pero esclarecedor ensayo, Rafael Marín repasa la obra de uno de sus autores favoritos y uno de los principales creadores de cómic del siglo XX: Hal Foster, cuya obra principal, El Príncipe Valiente, es un ejercicio de maestría gráfica y narrativa y uno de los clásicos indiscutibles del noveno arte.

Editorial:
Publicado:
8 may 2013
ISBN:
9788494127458
Formato:
Libro

Sobre el autor

Rafael Marín (Cádiz, 1959) es uno de los más destacados autores españoles de literatura fantástica. A principios de los ochenta se abre camino por varios fanzines y publica un puñado de relatos en la mítica revista Nueva Dimensión. En 1983 aparece su primera novela, Lágrimas de luz, que es recibida como un hito en la entonces incipiente ciencia ficción española. Con un cuidado casi exquisito en el manejo del lenguaje, Marín se ha movido como novelista por casi todos los géneros, no sólo la ciencia ficción o la fantasía, sino el policiaco o la novela histórica, por no mencionar el juvenil. También ha cultivado con fortuna el relato corto, en el que a menudo es capaz de aportar una perspectiva novedosa a elementos sumamente cotidianos. Enamorado de los comics como medio de expresión, a ellos ha dedicado algunos de sus mejores trabajos de divulgación, como W de Watchmen, Spider-Man: el superhéroe en nuestro reflejo o Hal Foster: una épica post-romántica. También ha sido guionista en ese medio con obras como Tríada Vértice e Iberia Inc. Junto a su amigo el dibujante Carlos Pacheco estuvo al frente de Fantastic Four para la americana Marvel.


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Hal Foster. Una épica post-romántica - Rafael Marín

EL ÁGUILA SOLITARIA

Harold Foster nació en Halifax, Nueva Escocia, el 16 de agosto de 1892 y murió el 25 de julio de 1982, cuando apenas faltaban tres semanas para su nonagésimo cumpleaños. Hasta los 78 años trabajó una media de cincuenta y tres horas a la semana en la página dominical de Príncipe Valiente, obra magna de la que dejó terminadas 1764 planchas (hasta 1971) y en cuyo trabajo permaneció hasta el 10 de febrero de 1980, como guionista y abocetador para el artista que le sucedió en el título, John Cullen Murphy, el autor de Big Ben Bolt, una excelente tira deportiva a la que algún día habría que reconocer la enorme influencia que tendría sobre los guiones que tan famosos hicieron a Stan Lee y The Amazing Spider-Man en los primeros años sesenta.

Edward Foster, el padre de Hal, murió cuando el futuro artista apenas contaba cuatro años, y en 1906 la familia, a instancias de su padrastro, Joseph Piert Cox, se mudó a Winnipeg, en la provincia de Manitoba, el principio de una larga serie de viajes con los que asegurar la subisistencia. Con cierta sorna, en la autobiografía preparada para el lanzamiento de Príncipe Valiente por parte de la agencia de prensa Kings Feature Syndicate, Foster se autoproclama cazador a los catorce años: en realidad, reconocería más tarde, el sustento de la familia era tan escaso que los niños salían a pillar los conejos y perdices que encontraban en el camino: todo lo demás es simple lírica romántica.

Pero el joven Hal tenía ya metida la aventura en la sangre: la atracción por el mar, por la naturaleza, por los espacios abiertos y la supervivencia en entornos pacíficos y a la vez contrarios. Los continuos traslados y la situación económica de la familia hicieron que su educación no pasara del grado medio (tuvo que abandonar los estudios a los trece años), pero la lectura siempre fue su aliada y su facilidad para el dibujo ya lo hizo destacar cuando todavía era un niño pequeño. Durante una temporada, imbuido sin duda de ese espíritu romántico que la ironía de los años luego le llevó a ridiculizar, Foster practicó el boxeo amateur (después de tener que aprender a defenderse por ser siempre el niño nuevo allá donde fuese) y llegó a realizar tan sólo un combate profesional, del que quedó lo bastante escaldado como para decidir dedicarse a otra cosa.

Pero, en contraste con el venerable anciano que siempre vemos retratado ante su tablero de dibujo, el juvenil Hal Foster era un deportista nato: practicaba lacrosse, hockey, rugby e incluso beisbol. Y su contacto con la naturaleza, su pasión por la caza y la pesca marcarían desde muy temprano su vida y después su obra.

Un empleo como repartidor de periódicos le permitió aprender mecanografía y taquigrafía, habilidades que le abrieron las puertas de una firma mercantil. Pero Foster no estaba hecho para ser oficinista: al no poder compaginar el trabajo con la caza y la pesca, fue despedido porque se marchó a cazar patos en las ciénagas del Río Rojo.

Sus primeros pinitos como ilustrador, en 1910, los hace en la Hudson Bay Company, donde ilustra catálogos de complicada ropa interior femenina. Al advertir su capacidad para la figura humana, Foster empieza a estudiar Bellas Artes. Una decisión afortunada, porque la depresión económica previa a la Primera Guerra Mundial hace que pierda el empleo en 1913, pero pronto es contratado por Brigdens Limited of Winnipeg, cuyo empresario llegó a ofrecer a sus artistas la posibilidad de completar su formación con nuevas clases de arte: la constante puesta al día de Foster en sus capacidades artísticas (pictóricas y literarias) nos indican ya desde muy temprano la inquietud y la curiosidad y el afán de superación de nuestro autor.

En 1916 Hal Foster se casa con Helen Wells, una mujer sin la que no sería posible comprender su vida... ni posiblemente el personaje de Aleta, ni el entorno familiar que luego tan marcado

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