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Jesucristo sana

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Jesucristo sana

valoraciones:
1.5/5 (2 valoraciones)
Longitud:
187 páginas
7 horas
Editorial:
Publicado:
4 jun 1984
ISBN:
9780871597342
Formato:
Libro

Descripción

Charles Fillmore te ofrece en este libro los fundamentos verdaderos de la curación Cristiana.
Editorial:
Publicado:
4 jun 1984
ISBN:
9780871597342
Formato:
Libro

Sobre el autor

Charles Sherlock Fillmore founded Unity, a church within the New Thought movement, with his wife, Myrtle Page Fillmore, in 1889. He became known as an American mystic for his contributions to spiritualist interpretations of biblical Scripture.


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Jesucristo sana - Charles Fillmore

Jesucristo.

Capítulo I

Sé sano

Jesús vió en Sí Mismo el modelo perfecto de la Mente Divina. Vivió tan cerca de ese patrón que se convirtió en su expresión perfecta. A medida que continuó viviendo más y más cerca de Dios, contempló a todos los hombres como invenciones vivientes de Dios y, a través de su mentalidad espiritualizada, despertó la imagen del modelo perfecto de la Mente de Dios en aquellos que acudían a El en busca de ayuda. Así, al despertar la energía de sus almas a tal extremo que lo físico vino a estar inmerso en la vida sanadora, hizo posible que el hombre perfecto se manifestara.

Por ejemplo, cuando Jesús le habló en voz alta al hombre espiritual en el Lázaro dormido, quien había estado en la tumba por 4 días: Lázaro sal fuera, el poder de la Palabra en Su voz despertó al hombre espiritual en Lázaro, quien a su vez despertó su alma a la actividad. Entonces, la vida anímica de Lázaro resucitó y restauró el cuerpo aparentemente muerto, y éste se levantó y salió caminando de la tumba.

Mientras más iluminado se vuelve un hombre, mayor es su deseo de una salud perfecta. Esto es lógico, ya que es natural ser saludable. Es un estado en el que se está sano o íntegro de mente, cuerpo y alma. Sanar, entonces, es sacar al exterior al Cristo-hombre perfecto que existe dentro de cada uno de nosotros.

Tanto de parte de cristianos como de no cristianos hay bastantes malentendidos respecto al significado de las palabras Cristo y Jesús, y al que se le dá uso al aplicarse a Jesús de Nazareth. Cristo, que significa mesías o ungido, se refiere a uno que ha recibido un avivamiento espiritual de parte de Dios, mientras que Jesús es el nombre de la personalidad. Para el cristiano metafisico—esto es, para quien estudia al hombre espiritual—Cristo es el nombre de la mente superior y Jesús es el nombre de la conciencia personal. El hombre espiritual es el Hijo de Dios; el hombre personal es el hijo del hombre. En hombres no regenerados, el Hijo de Dios es una mera potencialidad, pero en aquellos que han comenzado el proceso regenerativo, Jesús, el Hijo del hombre, está en estado de convertirse en el Hijo de Dios, es decir, el hombre nace de nuevo. Cuando Jesús le dijo a Nicodemo: El que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios, El mismo estaba pasando por ese misterioso desarrollo del alma llamado nuevo nacimiento. Prometió un gran poder a los que le siguieran en el desarrollo anímico. Ustedes que me han seguido en la regeneración … se sentarán sobre doce tronos.

La evolución crística o del alma como hijo de Dios se enseña claramente en el Nuevo Testamento como el logro supremo de cada hombre. Porque la creación entera aguarda en anhelante espera la revelación de los hijos de Dios.

Sin alguna evidencia en nosotros del Cristo-hombre, somos poco más que animales. Cuando a través de la fe en la realidad de las cosas espirituales comenzamos la evolución anímica, hay gran alegría: Nos alegramos en la esperanza de la gloria de Dios.

Cristo existía mucho antes que Jesús. Fue la Mente Crística en Jesús la que exclamó: Ahora, Padre, glorifícame Tú, junto a Ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese.

Debemos comprender claramente que el Cristo, el hombre espiritual, habló a menudo a través de Jesús, el hombre natural; así mismo el hombre natural, Jesús, habló por su propia cuenta. La comprensión espiritual nos revela cuando hablaba Cristo y cuando hablaba Jesús. Sabemos que Cristo, el hombre espiritual, no pudo haber experimentado la muerte, el entierro y la resurrección. Las experiencias le eran sólo posibles al hombre mortal, quien pasaba del plano natural al plano espiritual de conciencia. El Cristo estaba presente en Jesús avivando y sanando su cuerpo y levantándolo finalmente al reino etereo, espiritual, celestial donde subsiste hasta el día de hoy.

Del mismo modo que Cristo, el Hijo de Dios se manifestó en Jesús, así se manifiesta en nosotros cuando lo seguimos en la regeneración. El Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos … también dará vida a sus cuerpos mortales.

Pero debemos tener fe en el Espíritu y a través de nuestro pensamiento, integrar esta fe en nuestra conciencia; entonces se restaurarán nuestros cuerpos en armonía, salud y vida eterna.

Jesús aún vive en el éter espiritual de este mundo y está en contacto constante con aquellos que elevan su pensamiento hacia El en oración. La promesa de que estaría con aquellos que tienen fe en El no fue en vano. No se turbe su corazón, ni estén temerosos. Han oído que les dije, me iré y volveré a ustedes.

Su cuerpo desapareció ante nuestros ojos terrenales porque El lo elevó a su verdadero lugar en el éter, pero puede hacerle sentir su presencia a cualquiera que acuda a El en busca de ayuda. Pues donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estaré yo en medio de ellos.

Si tan sólo dos personas concuerdan en sus oraciones y en sus pensamientos acerca de Jesucristo y su poder de ayuda, El responde inmediatamente por medio de la unidad de alma. De nuevo les digo, si dos de ustedes concuerdan sobre la tierra con relación a cualquier cosa que pidan, mi Padre que está en los cielos se la concederá.

Jesús no se marchó a un cielo lejano para esperar allí el gran día de su Segunda Venida. Explicó una y otra vez, en un lenguaje que cualquiera que tenga siquiera una comprensión mínima de la interrelación entre espíritu, alma y cuerpo puede entender, que El continuaría existiendo en el reino etéreo al cual llamó los cielos. Se apareció, después de su crucifixión, a 500 personas de una vez y a muchos otros entre los que sobresale Pablo, a quien convirtió al hablarle desde el éter. Todo esto confirma Su promesa: Yo estaré siempre con vosotros hasta la consumación del mundo.

Pablo dice que todos estamos muertos o dormidos en las transgresiones y los pecados, y que Jesús fue la primicia de los que dormían. La fisiología enseña que el cuerpo está vivo en la medida en que están vivas las células; que llevamos encima muchas células muertas. Jesús sabía cómo avivar las células de Su organismo con vida nueva, y prometió que todos los que le siguieran harían lo mismo.

Así, tanto la Escritura como la ciencia están de acuerdo en que tiene que haber una resurrección del cuerpo de entre los muertos, es decir, de la substancia muerta que nuestras mentes han organizado en forma de células, tejidos, carne y sangre. La tarea más importante para todos es cómo adquirir el dominio de la vida negativa o microbio que merma nuestros cuerpos llevándolos hacia la corrupción y la disolución final.

Pablo dice: Esto corruptible debe revestirse de incorrupción, y este cuerpo mortal debe revestirse de inmortalidad. He aquí una afirmación concisa acerca de dónde tendrá lugar la resurrección. Otros escritos de Pablo han profetizado aparentemente un gran día en el cual todos los muertos saldrán de sus tumbas, pero ello entrañaría situaciones que serían complejas y contradictorias más allá de una posible conciliación. En todas partes, personas de lógica aceptan que todos hemos vivido cientos y hasta miles de veces, y que hemos abandonado nuestros cuerpos en muchas tierras. Si nuestros antiguos cuerpos han de resucitar, ¿cuál de los que han sido descartados hemos de reposeer? La Química dice que nuestra carne se convierte otra vez en el polvo del suelo:

El César imperioso, muerto y vuelto a ser arcilla, taparía tal vez un hueco para que el viento no entrase.

Según los Evangelios, Jesús pasó noches enteras en oración y es bastante evidente que, al darse cuenta de que Dios era Su vida interior, como lo hacemos nosotros en nuestras oraciones, resucitaba Su cuerpo. Su afirmación para aumentar Su vida era: Yo Soy la resurrección y la vida. YO SOY es el nombre espiritual de Jehová, el que siempre vive. Cuando afirmamos Yo Soy, y centramos nuestro pensamiento en el Espíritu, avivamos el flujo de vida en el cuerpo y despertamos las células adormecidas. Tales afirmaciones aclaran las áreas congestionadas del organismo y restauran la circulación a su estado normal; el de salud.

Un científico prominente declaró recientemente que el cuerpo del hombre se compone de trillones de células, y que cada una es una batería eléctrica. Una batería emite impulsos eléctricos de varias clases, los cuales pueden transformarse en luz, poder, y calor. El cuerpo humano es indudablemente el dínamo más poderoso que existe para llevar adelante la vida. El ego que preside, o el YO SOY en cada organismo determina la clase particular de impulso que irradiarán las células. El campo de energía dinámica es ilimitado. Dios es Espíritu, y el Espíritu es la esencia misma del éter en el cual vivimos, nos movemos y somos.

Las afirmaciones de salud que los sanadores cristianos han hecho frente a la enfermedad, a menudo producen recuperaciones maravillosas llamadas a veces milagros de sanación. Pero cuando uno comprende el poder de las palabras y que se pronuncian en conciencia espiritual, los resultados dan cumplimiento a la ley divina. Jesús afirmó la esencia de esta ley cuando dijo: Quienquiera … que sin dudar en su corazón, sino que crea que lo que dice sucederá, le será concedido.

Cada palabra tiene dentro de sí el poder de hacer que se manifieste lo que el hombre declara, pero especialmente lo tienen las palabras espirituales. Dios crea por el poder de la palabra. Y dijo Dios: haya luz; y la luz se hizo. Cada acto de la creación fue precedido por y dijo Dios. El hombre, ápice de la creación de Dios, fue creado a su imagen y semejanza; es decir, exactamente como El en el poder de la palabra para producir lo que dice.

Para crear como lo hace Dios, el hombre tiene que tener una fe inquebrantable en el Dios-Mente y en la sumisión de los electrones creadores escondidos en los átomos de toda substancia. En la carta a los Hebreos está escrito: Por la fe entendemos que los mundos se han formado por la palabra de Dios. En el primer capítulo de Juan, se presenta a la Palabra o Logos, como la fuente de todas las cosas, y se dice que esta Palabra se encarna y es glorificada como el unigénito del Padre. "A todos los que le recibieron les dió el derecho de hacerse hijos de Dios, aun los que creen en su nombre." Jesús dijo que todo hombre se justificaría o se condenaría por lo que dijera. Demostró el poder de la palabra de fe en el dominio que tenía de las leyes naturales y en Sus muchas y maravillosas curaciones.

Aunque obtenemos resultados definitivos en nuestro cuerpo y nuestros asuntos por las palabras que pronunciamos, estos resultados serían infinitamente mayores si comprendiéramos el poder de las palabras y si tuviéramos fe inquebrantable en su poder creador. Jesús dijo: Las palabras que les he dado son espíritu y vida.

Todos queremos ser como Jesús, y millones de personas lo han hecho y hacen de El el patrón de su vida. Por lo tanto, entre Sus seguidores fieles durante los últimos veinte siglos esperaríamos encontrar un mundo de hombres y mujeres glorificados. ¿Por qué no hemos hecho brotar en mayor cantidad los frutos del Espíritu que El prometió tan generosamente? La respuesta es que hemos dado énfasis a las cualidades negativas tal como el lado humano de su carácter las presenta. Hemos buscado imitarlo en nuestras acciones en lugar de hacerlo en nuestros pensamientos y palabras.

Nos damos cuenta ahora de que así como el hombre piensa dentro de sí, así es. Los actos externos son secundarios; el cúmulo principal de causas está en el interior, y es a este reino interno que debemos mirar para encontrar el poder de transformar tanto el hombre como el mundo que lo rodea. Transformaos por la renovación de vuestras mentes. Por lo tanto, el modo rápido y justo de lograr la salud es poner a trabajar tus palabras creadoras y hacer actuar rápidamente al Cristo hombre superior.

No puede haber ninguna duda lógica de que un Creador omnisapiente y todopoderoso planearía la perfección para Sus criaturas y las dotaría de habilidad para hacer Su plan manifiesto. Ese es el estado del mundo y su gente. Nosotros somos la concepción ideal que tiene Dios de su hombre perfecto, y El nos ha dado el poder del pensamiento y de la palabra a través de los cuales se ha de manifestar ese ideal.

En Juan 5:21 (versión del Rey Jaime) está escrito: Porque, como el Padre resucita a los muertos y los vivifica; así también el Hijo vivifica a los que quiere.

La versión Americana oficial (Standard American Version) dice que el Padre resucita a los muertos y les da vida, y que así también el Hijo da la vida a los que quiere. Avivar significa reavivar, vivificar, vitalizar, energizar, y por lo tanto hacer que viva.

Jesús hizo esta afirmación del poder dador de vida que tiene el Hijo de Dios, inmediatamente después de curar en la piscina de Betesda a un hombre que había estado enfermo y desvalido durante treinta y ocho años. Jesús le dijo: Mira, estás curado; no peques más para que no te suceda algo peor.

Aquí, Jesús recalca de nuevo el pecado como causa de la enfermedad. Todos los males de la humanidad son el efecto de una ley quebrantada; del pecado. Esa palabra, pecado, abarca más terreno del que usualmente le concedemos. Hay pecados de omisión y de comisión. Si no cultivamos la conciencia de la vida espiritual interna, cometemos un pecado de omisión el cual, eventualmente, debilita el organismo. Para estar continuamente sanos tenemos que recurrir a la única fuente de vida; Dios. Dios es Espíritu y el Espíritu vierte, derrama su vida aceleradora en la mente y en el cuerpo cuando le damos nuestra atención y nos hacemos receptivos al confiar en que este Espíritu nos restaurará a la armonía y la salud.

Con relación a todas las obras maravillosas que Jesús hizo, nunca alegó que Su personalidad fuera la autora de ellas. El Hijo no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre, pues todo lo que El hace, el Hijo lo hace de igual manera. Todos tenemos acceso al Hijo de Dios (el Cristo) que la Mente-Padre ha implantado en nosotros si le damos una oportunidad para reavivarnos con ideas creadoras.

Recordemos que cuando declaramos que Jesús está presente en nosotros, nos colocamos en una atmósfera de pensamiento que nos ayudará a reavivar nuestra propia mente superior o Mente-Crística. Jesús elevó Su mente y Su cuerpo al nivel de Su mente superior, permitiendo que hubiera una irradiación de vida sin corrientes adversas o conflictos de clase alguna. El nos precedió y, tal como dijo, había preparado un lugar para nosotros. Este lugar es una corriente espiritual en el éter cósmico, en la cual vivimos y que podemos sentir cuando dirigimos nuestra atención, en

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Lo que piensa la gente sobre Jesucristo sana

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