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Una Vida en Perspectiva
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Libro electrónico100 páginas1 hora

Una Vida en Perspectiva

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Si le fuese dada la oportunidad de vivir hasta sus noventa años, lo que usted pediría, en primero lugar? Con certeza, lucidez para poder continuar relacionándose con el mundo a su redor, no? Y salud, porque no hay nada peor que solo sobrevivir, a costa de muchos dolores, de que vivir plenamente la vida. Si le fuese concedido, finalmente, aun un último pedido, tal vez gustaría de, al se virar para atrás, constatar con orgullo y satisfacción: “Si, valió la pena!”
Por lo tanto, al leer la autobiografía de Pablo Luís Mainzer, usted percibirá que está delante de un fenómeno de lucidez, determinación y cuadro vivo de algunas das décadas más pungentes de nuestra humanidad. Alemán, judío y adolescente, Pablo fue obligado, juntamente con su hermano más viejo, aun jóvenes inmaturos, a fugar de una Alemania repleta de caros recuerdos, dejando para atrás sus propios padres – que solo vendrían a reencontrar años después, cuando el padre sobrevivió, apenas a tiempo de despedirse de los hijos, por la última vez.
Como sobrevivir en un país en que no se domina su idioma y vencer en la vida? Pablo va relatando, con su mente muy lúcida, situaciones hilarías, al lado de otras, conmovedores como superó los desafíos que fueran surgiendo, con el permanente fantasma de la persecución nazista, que tenía sus ramificaciones en la Argentina. Expone con absoluta sinceridad sus dudas con relación a los dogmas religiosos, en vigor hasta los días de hoy, al mismo tiempo que propone alternativas consideradas “utópicas” por un padre de la iglesia católica (que pretende, a despecho de la resistencia del autor, convertirlo a su doctrina). Al largo de su narrativa, hay pasajes bastante interesantes sobre esa dicotomía fe x doctrina.
Los aspectos más relevantes de su historia residen en la amistad fuera de común con su hermano mayor, compañero de grandes descubiertas, con quien viene a compartir las vivencias en la misma área: ayuda psicológica a enfermos con cáncer (cargando, ellos mismos, el histórico de ex-pacientes de cáncer) – y la firme creencia en la interacción mente/cuerpo con influencia en la capacidad inmunológica y como solución para los muchos males que acometen el hombre moderno.
De Alemania para la Argentina; de la Argentina para el Uruguay y finalmente; del Uruguay para el Brasil, Pablo tiene pasajes memorables por eses quetro países. La Alemania representa la infancia y el inicio de la adolescencia, inolvidables; la Argentina representa el inicio de la forzosa independencia emocional y financiera; el Uruguay representa los años de oro de todo hombre, en que hay una respuesta del medio a sus conquistas y en que también hace sus conquistas amorosas. Es el país en que viene a conocer su esposa y le nascen sus dos hijos. Y el Brasil es, por fin, el local elegido por Pablo para ser su exilio definitivo, donde le nasce el menor de sus tres hijos y donde aprendió a se desafiar, más una vez, llegada a la madurez. Y el desafío está materializado en el romance que escribió: “ La Humanidad Humanizada”.

IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento1 oct 2012
ISBN9781301634866
Una Vida en Perspectiva
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Autor

Pablo Luis Mainzer

Pablo Luis Mainzer, now 93 years old, wrote his first book THE HUMAN MANKIND at the age of 91, more than anything, as he observed, to keep his mind alert and to enjoy as best as he could his longevity. In this and his other works seems to transpire in the background his deep feelings of criticism on the behavior of our tumultuous world and the roads leading to a more human community and better quality of life. THE HUMAN MANKIND relates in an entertaining novel of suspense our world as it is and how it could and should be. THE FASCINATING MIND-BODY MEDICINE shows the revolutionary tendency in medical science, inspired by his own life experience after he and part of his family suffered cancer, and the significant influence by the practice of Meditation. MANUAL FOR QUALITY OF LIVE shows the ways to achieve a satisfying longevity. A LIFE IN PERSPECTIVE, his autobiography, relating his long life rich of tragic and hilarious occurrences. Hazardous life under the Third Reich being a Jew and escaping from Nazi Germany, still a youth of 16, to the interior of South America, without money and unknowing the local language. With sincerity he puts on view his doubts in relation to religious rituals and dogmas more exercised than the habit of assisting the needy. He suggests "utopian" alternatives as such considered by a friendly priest and exposes how his antagonistic views of faith accompanied him all his life. ESPAÑOL Pablo Luis Mainzer, ahora 93 años, escribió su primer libro LA HUMANIDAD HUMANA a la edad de 91, más que nada, como observa, para mantener su mente alerta y disfrutar de lo mejor que posible su longevidad. En esta y otras obras suyas parece transpirar en el fondo de sus profundos sentimientos la crítica sobre el comportamiento de nuestro mundo tumultuoso y los caminos que conducen a una comunidad más humana y a la mejor calidad de vida en general. LA HUMANIDAD HUMANO relata en una entretenida novela de suspense nuestro mundo tal como es y cómo podría y debería ser. LA FASCINANTE MEDICINA MENTE-CUERPO resalta la tendencia revolucionaria en esta ciencia médica, inspirado por su propia experiencia de vida, después de que él y parte de su familia sufrieron cáncer, y la influencia significativa de la práctica de Meditación. MANUAL PARA LA CALIDAD DE VIDA orienta las maneras de alcanzar una longevidad satisfactoria. UNA VIDA EN PERSPECTIVA, su autobiografía, describe su larga vida rica en acontecimientos trágicos e hilarantes. Siendo Judío, cuenta su vida peligrosa bajo el Tercer Reich y su precipitada escapada de la Alemania Nazi al interior de América del Sur, con apenas 16 años de edad, sin dinero y sin saber el idioma local. Con sinceridad expone sus dudas con relación a los rituales y dogmas religiosos más practicados que el hábito de prácticas de ayuda a los necesitados.. Él sugiere "utópicos" alternativas consideradas como tales por un sacerdote amable y expone cómo sus puntos de vista antagónicos de fe le acompañaron toda su vida.

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    Una Vida en Perspectiva - Pablo Luis Mainzer

    Una Vida en Perspectiva

    (Autobiografia)

    Smashwords Edition

    Copyright 2010-Pablo L.Mainzer

    Una Infancia y Adolescencia Memorables

    Una enorme expectativa reinaba en casa. Mi hermano más viejo Ernst, entonces con 10 años, era el más impaciente, esperando la campanilla de la puerta tocar. Estábamos en el año de 1928 y aquel era el día en que recebaríamos el primero automóvil adquirido por nuestro papá.

    Papá tenía una empresa importadora y una industria de óleos y grasas lubrificantes, siendo su mayor cliente la Daimler-Benz, de la ciudad alemana de Mannheim. Su Director, Godfried Henner (nombre ficticio), que era muy amigo de nuestro papá, tenía un hijo con la misma edad que yo. Hans, de 9 años, era por su vez nuestro grande amigo.

    Resulta que Henner convenció nuestro papá a aprovechar una oportunidad única. El Duque Hal Von Oberlohe (nombre ficticio), un viciado inveterado en juegos, tenía perdido una grande fortuna en Monte Carlo y precisaba vender con urgencia su auto a cualquier precio. Se trataba de un automóvil construido especialmente para el Duque, lo que, en esencia, significaba que el vehículo debería ser semejante al de la Reina de Inglaterra, con el escudo de su familia gravado en la limousine.

    Papá compró el coche con la condición de que el Duque transfiriese también su motorista particular, el cual reunía las condiciones de un Not-Mechaniker (mecánico de emergencia), que acabó se revelando muy útil también en la fábrica. Cuando, finalmente, llegó el objeto de nuestra extrema curiosidad, Ernst y yo volamos a la calle y paramos, boquiabiertos, admirando un enorme sedan de seis lugares, ladeado por pedestres igualmente curiosos.

    A partir de la posesión del lujoso automóvil, guiado por Herr Assinger – nuestro nuevo motorista −, nuestra vida mudó, especialmente a los domingos, cuando nuestros usuales paseos no eran más limitados a las rutas de tren o líneas de ómnibus. Como el coche era convertible, la parte superior de la carrozaría era desmontable, lo que exigía más de dos horas de mano de obra para soltar los sinnúmero de tornillos. Las ocasiones en que fuimos sorprendidos por la lluvia y Herr Assinger tuve de procurar un refugio, en cuanto todos abríamos los paraguas − siempre disponibles para esas eventualidades – son algunas de las recordaciones más marcados de ese período.

    La historia de nuestra famosa limousine se encerró cuando el Duque, probablemente teniendo recuperado sus pérdidas del juego, quería recomprar el automóvil por un valor hasta mayor de lo que pagado por papá. El aceptó, dado que, hombre modesto que era papá, nunca se sentía a voluntad con la naturaleza ostensiva del vehículo. Mas Herr Assinger continuó prestando servicios a nos.

    Después de más de dos años con la limousine del Duque, papá compró un pequeño Mercedes-Benz nuevo, mucho más fácil para guiar, liberando Herr Assinger a los domingos. En esas ocasiones, papá dirigía su propio coche. Permitía, aun, a Ernst sacar el auto de la garaje, al lado de nuestro edificio, y en nuestros paseos domingueros, generalmente en el Schwarzwald (Floresta Negra), dejaba a él asumir el volante de dirección en algunos trechos, en camino de tierra poco o nada frecuentados.

    Cuando nuestros padres viajaron para Venecia en una segunda luna de miel, Ernst e yo decidimos hacer un paseo clandestino de auto al Schwarzwald. En aquella época, la grande novedad en materia de accesorio, en algunos modelos de vehículos, era una radio incorporada, muy admirada por los curiosos. Para satisfacer nuestra vanidad, en cuanto circulábamos por los maravillosos paisajes y densos bosques − sintiéndonos dos adultos −, escuchamos discos en un tocadiscos de dar cuerda posado en mis piernas, dejando el sonido escapar por la ventana abierta, como si estuviésemos escuchando radio.

    Entretanto, el problema comenzó cuando erramos el camino de vuelta. Debido a la ausencia de señales indicativas, quedamos perdidos en el inmenso bosque, sin saber la dirección a seguir. Pasamos por algunas pequeñas localidades, mas no nos animamos a pedir cualquier información a alguien, conscientes de la grave infracción que sabíamos estar incurriendo, como menores de edad.

    Cada vez más preocupados, ya estaba escureciendo y el nivel de gasolina bajo, paramos en un punto del bosque para estudiar un mapa encontrado en la gaveta. Mas para nuestro desaliento, sin conocer el punto donde estábamos, era inútil. En este momento, paró un coche a nuestro lado, cuyos ocupantes, al ver el mapa abierto, deducirán que estábamos perdidos. Mirándonos un tanto pasmados, nos preguntaran adonde queríamos ir. Sobresaltados, al mismo tiempo que gratos por la súbita aparición, fingimos estar resfriados, al cubrir parte de nuestros rostros de menores con pañuelos.

    − A Mannheim.

    − Puede seguirnos − fue la respuesta. − Vamos hasta Baden Baden, y de allá sale una buena carretera, directo a Mannheim.

    Qué alivio! Así llegamos, casi de noche a nuestro hogar, sanos y salvos. Tiempos después, confesamos nuestra aventura a nuestros padres, cuya sorprendente respuesta fue:

    − Ya sospechábamos, porque había manchas de frutas silvestres en los asientos!

    Con mi madre – 1934

    No, no fuimos ángeles. Ernst y yo éramos bastante traviesos, a pesar de la severísima educación recibida, propia de aquella época en la Alemania. Al mismo tiempo, el repetitivo haga esto no haga aquello explica nuestra relativa naturaleza inmatura en eses tiempos.

    Las palabras escuela y estudiar no nos despertaban ningún entusiasmo, siendo que Ernst brillaba, mismo, por sus frecuentes ausencias. Como esas tiñan de ser justificadas a las autoridades escolares por el padre, desenvolví la habilidad de imitar su asignatura, después de un intenso adiestramiento.

    Un día, papá fue convocado para una conversa con los profesores, que querían saber qué enfermedad crónica sofría Ernst. El tuve la presencia de ánimo suficiente para responder que el médico opinaba que Ernst estaba mucho mejor y prácticamente curado. El castigo? Por una semana mi hermano fue prohibido de salir de casa, fuera de la obligatorias idas a la escuela, y durante ese mismo período nadie podía conversar con él .

    Mas el peor castigo de todos era aplicado en la escuela. Una vez, al pasar por mí el profesor más odiado por los alumnos, forjé ostensivamente una careta lo que hizo los demás colegas presentes matarse de reír. Fui condenado a dos horas de Katzer que consistía en quedar encerrado en un totalmente obscuro cuarto en el subsuelo, con la única compañía de varios ratones, hambrientos y curiosas con el nuevo visitante.

    Otro recuerdo memorable es

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