Disfruta de este título ahora mismo, y de millones más, con una prueba gratuita

A solo $9.99/mes después de la prueba. Puedes cancelar cuando quieras.

Déjalo en las manos de Dios: Vive libre de las cargas que toda mujer conoce

Déjalo en las manos de Dios: Vive libre de las cargas que toda mujer conoce

Leer la vista previa

Déjalo en las manos de Dios: Vive libre de las cargas que toda mujer conoce

valoraciones:
4/5 (6 valoraciones)
Longitud:
274 páginas
5 horas
Editorial:
Publicado:
Nov 1, 2010
ISBN:
9781602554894
Formato:
Libro

Descripción

Con enseñanza bíblicasólida e historias profundamente conmovedoras, Sheila Walsh ayuda a las mujeres a descubrir la bondad de Diosen la vida cotidiana.
¿Por qué es tan difícil creer en la actividadredentora de los sufrimientos de la vida? Sucede un divorcio y la esperanzaparece tan distante. Se pierde un trabajo y el sentido de seguridad se queda ala deriva. No se cumple un sueño y parece mejor no soñar en lo absoluto.Sheila Walsh cree que la batalla por la esperanza es la necesidad central que todamujer puede descubrir.

En Déjalo en las manos de Dios, ella ofreceenseñanza bíblica sólida e historias profundamente conmovedoras para mostrar alas mujeres cómo Dios anhela librarlas de una autoimagen pobre, el temor, problemasen las relaciones, el legalismo, la soledad y muchísimo más. Por medio de suspropias pruebas, ella ha encontrado nuevas profundidades de la bondad de Diospara los sufrimientos más comunes de la mujer y ahora las comparte con el mundo.

Editorial:
Publicado:
Nov 1, 2010
ISBN:
9781602554894
Formato:
Libro

Sobre el autor

Sheila Walsh is a powerful communicator, Bible teacher, and bestselling author with almost six million books sold. She is the author of the award-winning Gigi, God’s Little Princess series, It’s Okay Not to Be Okay, Praying Women, Holding On When You Want to Let Go, and more. She is cohost of the inspirational talk show Life Today with James and Betty Robison, which is seen worldwide by a potential audience of over 100 million viewers. Sheila lives in Dallas, Texas, with her husband, Barry, and son, Christian, who is in graduate school.


Relacionado con Déjalo en las manos de Dios

Libros relacionados

Vista previa del libro

Déjalo en las manos de Dios - Sheila Walsh

déjalo en las

manos de Dios

Vive libre de las cargas

que toda mujer conoce

Sheila Walsh

9781602553927_INT_0001_001

© 2010 por Grupo Nelson®

Publicado en Nashville, Tennessee, Estados Unidos de América. Grupo Nelson, Inc. es una subsidiaria que pertenece completamente a Thomas Nelson, Inc. Grupo Nelson es una marca registrada de Thomas Nelson, Inc. www.gruponelson.com

Título en inglés: Let Go

© 2008 por Sheila Walsh

Publicado por Thomas Nelson, Inc.

Todos los derechos reservados. Ninguna porción de este libro podrá ser reproducida, almacenada en algún sistema de recuperación, o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio —mecánicos, fotocopias, grabación u otro— excepto por citas breves en revistas impresas, sin la autorización previa por escrito de la editorial.

A menos que se indique lo contrario, todos los textos bíblicos han sido tomados de la Santa Biblia, Versión Reina-Valera 1960 © 1960 por Sociedades Bíblicas en América Latina, © renovado 1988 por Sociedades Bíblicas Unidas. Usados con permiso. Reina-Valera 1960® es una marca registrada de la American Bible Society, y puede ser usada solamente bajo licencia.

Citas bíblicas marcadas NVI son de la Nueva Versión Internacional® NVI® © 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional. Usada con permiso.

Citas bíblicas marcadas TLA son de La Traducción en Lenguaje Actual © 2000 por Sociedades Bíblicas Unidas. Usada con permiso.

Editora General: Graciela Lelli

Traducción: Ammi Publishers International

Adaptación del diseño al español: Grupo Nivel Uno, Inc.

ISBN: 978-1-60255-392-7

Impreso en Estados Unidos de América

10 11 12 13 14 BTY 9 8 7 6 5 4 3 2 1

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

el plan de rescate de Dios: para ser liberada, tienes que dejarlo en las manos de Dios

Un domingo por la mañana, mientras me estaba preparando para ir a la iglesia, me sentía desalentada y cansada. Belle, nuestra perrita de tres años, me miraba con una empatía que le brotaba del corazón como si dijera: «Si te hundes, yo me hundo contigo». Así es como me sentía esa mañana. Muchas áreas en mi vida estaban marchando muy bien, pero había otras en las que me sentía sin esperanzas.

Mientras miraba mi reflejo en el espejo, oí a Dios pronunciar tres palabras para mí:

¡Yo te libraré!

No fue una voz audible, pero en mi espíritu la voz de Dios era inequívoca. Me sobresaltó la claridad del mensaje.

Esto no es algo que me ocurra a menudo. Con frecuencia oigo a Dios hablar a través de la Biblia, por medio de mi pastor o de mis amigos, o de la belleza de la naturaleza. Pero muy rara vez he oído su voz de manera tan parecida a una orden, tan clara y profundamente personal: ¡Yo te libraré!

Parecía como si el piso de mi baño se hubiera convertido en suelo sagrado. Sabía exactamente, en lo profundo de mi alma, de qué situación Dios me estaba garantizando que me iba a librar. Seguir fingiendo que el asunto que estaba cargando mi corazón y mi alma como un helado lago en invierno estaba bajo control era incluso pedirle demasiado a la ciega devoción de Belle, y ni hablar del todopoderoso y omnisciente Dios del universo.

En ese momento pensé: ¿Cómo me librará Dios de esto? Mi pregunta reveló mucho acerca de mi actitud respecto a ser rescatada. Me siento más cómoda con un escenario franco y abierto: tengo un problema, Dios me rescata y la vida continúa. Sin embargo, Dios quiere mucho más de nosotros. Él quiere ofrecernos una libertad que va mucho más allá que la intervención para un momento solamente. Él quiere que experimentemos un estilo de vida de libertad.

Mi pregunta tuvo una respuesta rápida y clara, cuando las palabras de Dios sonaron de nuevo en mis oídos: ¡Yo te libraré!

Al oír nuevamente la firme y amorosa voz de Dios, supe que el «cómo» no tenía nada que ver conmigo. No sólo eso, sino también que el «cómo» era ridículo a la luz del «quién».

Todo lo que Dios me pedía que hiciera era recibir su promesa y que confiara en Él. Nada más.

Oré una oración muy sencilla como respuesta: «Padre, gracias. Te creo. Confío en ti y trataré de descansar en tu promesa. No tengo idea alguna de cómo será mi liberación ni cuándo ocurrirá, pero tú sí y eso es todo lo que debo saber. Por favor dame tu gracia en los días en que me resulte difícil confiar e ir en busca de más. Ayúdame a dejarlo en tus manos cuando quiera intentar arreglar cosas que sólo tú puedes arreglar».

¿qué significa ser librado?

Aquella mañana en la iglesia, «casualmente», nuestro pastor nos enseñó acerca de la carta del apóstol Pablo a la iglesia de Filipos:

Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás... ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún. Porque sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación. (Filipenses 1.12-13; 18-19)

Mientras reflexionaba en este pasaje durante los días subsiguientes, mi mente se inundó de preguntas:

• ¿Cómo es que Pablo sabía que sus circunstancias presentes ayudarían a su liberación?

• ¿Qué significa ser librado?

• ¿La liberación siempre implica un cambio de circunstancias, o las circunstancias a veces siguen siendo las mismas mientras Dios nos modifica?

• ¿Existe un marco temporal bíblico respecto a cómo y cuándo se produce la liberación?

• ¿Dios siempre libera a sus hijos? Si no lo hace, ¿por qué no?

• ¿Todos los creyentes deben ser librados?

Sabía que necesitaba respuestas, y que no debía cejar hasta que sintiera más paz respecto del tema. Así que comencé esta búsqueda estudiando y comprendiendo qué significa como creyente ser librada.

¿Qué sucede en tu caso? ¿Alguna vez te preguntaste qué significa ser librada? ¿Sentirte librada? La declaración de Dios de que Él me libraría implicó muchas cosas que me hicieron detener y pensar. Si Él me libraba, entonces debía dejar ir las piezas del rompecabezas que no podía hacer que encajaran, independientemente de cuánto lo intentara. Esto significaba una lucha para mí porque cada pieza era preciosa, y sentía que debía poder encajarlas. Sin embargo, percibí que Dios me ofrecía mucho más que una reparación o un rescate rápidos; me ofrecía una manera totalmente nueva de vivir. No estaba segura de si estaba preparada o incluso si contaba con la energía para la jornada que podría esperarme más adelante. Aun así, las opciones eran dolorosamente claras. Podía seguir luchando sola, empujándome para pasar un día más, o bien tomarle a Dios su palabra, y dejarlo todo en sus manos.

comienza con gracia

No sé qué te hizo elegir este libro. Puede que tengas problemas financieros, un matrimonio infeliz o una relación difícil; tal vez te sientas sacudida por el dolor del pasado o simplemente quieres vivir en la plenitud que ofrece Cristo. Cualquiera sea el caso, me imagino que en algún lugar dentro de ti, ansías ser liberada. Dejar de ser esclava. Así que entonces te doy la bienvenida a este libro. Espero y oro a Dios que sea una bendición para ti. Y quiero que sepas que estaré a tu lado en este viaje.

También quiero que sepas que valoro tu tiempo y tu energía. Muy pocas mujeres tienen tiempo de sobra para sentarse a pensar: Bueno, ¿y ahora qué puedo hacer? Y como lo sé, he seleccionado con cuidado las percepciones bíblicas y las historias personales que figuran en este libro para que influyan de manera positiva en tu vida y en tu andar con Cristo.

Vamos a analizar muchos de los temas que enfrentan con frecuencia las mujeres, pero antes de ello, creo que el lugar perfecto para comenzar es la gracia. Si al igual que yo, has agotado tus propios recursos, estás ubicada en el lugar perfecto para recibir la gracia de Dios. Mientras que la ley encarcela, la gracia libera. Si estás siendo golpeada interna o externamente por el cruel supervisor de la ley, te espera una gracia nueva justo para ti.

Quizás te abrumen los hechos de tu pasado. Mi corazón se conduele al pensar en los momentos, en que como hijas de Eva, hemos perdido por vivir lamentándonos. Cristo murió para que recuperáramos la relación con Dios. Él pagó por la terrible deuda que ocasionó una brecha en nuestra relación con nuestro Padre y, sin embargo, con mucha frecuencia pasamos nuestras vidas en el tribunal de deudores como si aún debiéramos pagar la factura. Hermana querida, eres libre, sólo debes dejarlo en las manos de Dios.

¿Y qué sucede si eres prisionera de la falta de perdón? Vivimos en un planeta caído en el que injusticias terribles llueven sobre nosotras, con frecuencia cuando estamos menos preparadas. Cuando la herida proviene de la mano de alguien en quien confiábamos, el dolor y el enojo resultantes pueden ser agobiantes. Descubrí que una de las armas espirituales más poderosas que Dios nos ha otorgado en nuestro arsenal es el don del perdón. La venganza nos hace sentir poderosas, pero nos discapacita. Es una de las cosas más difíciles de dejar ir. Tal vez por eso es que cuando aprendemos por la gracia de Dios a dejar ir y a aceptar el perdón, la libertad resultante es fuera de serie.

¿Tienes muchos hábitos recurrentes que parecen evitar que seas la mujer que deseas ser? ¿Le has dado a tus debilidades el alimento que más desean: el secreto? Hay libertad y liberación de todo acto o conducta que ocultas, y gracia para amarte y aceptarte durante el proceso.

El compañero de celda del secreto es la vergüenza. La vergüenza te dice que no perteneces, que tienes defectos sin remedio, que no vale la pena quererte o salvarte. La muerte de Cristo en la cruz por ti es un grito ensordecedor que dice lo contrario. En este libro, examinaremos la travesía del Cordero de Dios, que se convirtió en tu vergüenza para que pudieras pasar a ser la amada hija de Dios.

¿Te encuentras alguna vez cuestionando el propósito de tu vida? ¿Tiene alguna importancia que trabajes tan arduamente ocupándote de tu familia? ¿En realidad le importa a alguien que dirijas los asuntos de tu vida con integridad y honor? Mientras haces la fila para lavarte las manos en el baño de damas el domingo por la mañana, ¿las mujeres que chismorrean frente a ti, saben o les importa que tú fuiste la que colocó jabón nuevo en los dispensadores y flores frescas en la mesa del baño? En una cultura que adora el carisma por encima del carácter, quiero demostrarte que tu vida le importa a Dios. Es como si hubiéramos entrado en una broma divina en la que lo que parece importar no tiene ninguna importancia y en la que las cosas que nuestra cultura esconde debajo de la alfombra, como un servicio insignificante, algún día se revelará como oro puro cuando Dios hale del borde de la alfombra.

¿Y qué sucede con el temor? ¿Te encuentras enfrentando al futuro con temor, preguntándote cómo se desenvolverá tu vida? ¿Te cuidas de correr riesgos agradables a Dios debido a lo que pudiera pasar? En un mundo en el que no existiera Dios, el temor no sólo sería adecuado, sería inevitable. Este no es tu derecho de nacimiento. Como hija del Rey, estás viviendo en realidad las páginas de una historia de amor. No confundas esta historia de amor con las telenovelas del mediodía ni las películas de Hollywood. Esta historia de amor se encuentra sellada con la preciosa sangre de Cristo. Tú le perteneces y nadie puede arrancarte de su mano.

¿Te sientes sola? Muchas de nosotras vivimos vidas ocupadas, pero solitarias. Podemos estar rodeadas de gente, incluso por la familia, y aun así sentirnos aisladas y solas. Es riesgoso darse a conocer. ¿Qué sucedería si en un momento cuando finalmente salimos del capullo, preparadas para desplegar nuestras alas y volar, alguien se ríe de nosotras, o lo que es peor, simplemente nos da la espalda y continúa con su conversación? Cuando nace una niña y el primer rostro sobre el que fija sus ojos es el de su madre querida, se sana parte del desgarro del Edén. Cuando ese amor y esa aceptación son además fortalecidos a través de los años por su padre y por la familia y los amigos, será muy difícil convencer a esta pequeña de que ella no es digna de recibir amor. El problema con la experiencia humana de muchas personas es que el amor que necesitan y que ansiaron cuando niñas no lo recibieron, y que el desgarro de la separación que comenzó en el Edén se extendió. Uno de los más grandes dones espirituales del nuevo nacimiento cuando entregamos nuestras vidas a Cristo es que contamos con ojos nuevos para ver cómo somos amadas. Tienes un Padre que te ama de todo corazón, que se deleita con tu risa, que celebra tus dones y que atrapa cada lágrima que rueda desde tus ojos. Su amor te dará el valor para dejar atrás el capullo y volar.

Tal vez inicies tu viaje como lo hice yo, experimentando un nivel de desesperanza. Al observar tus circunstancias, tu desesperación acerca de todo te hace pensar que nada va a cambiar. No es que dudes de que Dios tiene el control, sino que vives en un mundo en el que las decisiones de los demás con frecuencia afectan tu vida. ¿Acaso puede Dios librarte incluso antes de que cambien tus circunstancias? Yo creo que sí. Lo he vivido y lo vivo. Así que esos son los temas que analizaremos juntas. Examinaremos nuestras propias historias y las de otras personas, y nos sumergiremos profundamente en la palabra de Dios.

Nuestro Señor y Salvador Jesucristo quiere librarte para que encuentres la gracia y la paz que son derechos de nacimiento como hija suya. Jesucristo dejó toda la gloria que le pertenecía y aceptó nuestra desazón y nuestro pecado para poder librarnos, y librarnos en verdad.

Al dar inicio a nuestro viaje juntas a través de este libro, esta es mi oración por ti:

Amado Padre:

Cuando estamos por ingresar al umbral de este libro, te pedimos que por medio de tu gracia, unjas nuestros oídos para que podamos oír y nuestros ojos para que podamos ver. Unge nuestros corazones y danos la voluntad de seguirte.

En el nombre de Jesús, amén.

UNO

gracia recién horneada para las espiritualmente hambrientas

Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.

—ROMANOS 5.18-20

Un estado de ánimo que ve a Dios en todo es evidencia de crecimiento en la gracia y de un corazón agradecido.

—CARLOS G. FINNEY

La gracia te ata con sogas mucho más fuertes que las cuerdas del deber o de la obligación. La gracia es gratuita, pero una vez que la has tomado, estás unida para siempre con el Dador y con posibilidades de atrapar al espíritu de dicho Dador. Lo bueno trae aparejado cosas buenas. La gracia te vuelve llena de gracia, el Dador te hace dar.

—E. STANLEY JONES

Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.

—2 CORINTIOS 4.16

Ese es el misterio de la gracia: nunca llega demasiado tarde.

—FRANÇOIS MAURIAC

Ella nunca quiso que sus hijos se preocuparan, pero la pérdida de su esposo había sido devastadora. Algunos días, lo único que la ayudaba a no quedarse tendida en la cama era saber que tenía tres bocas hambrientas para alimentar.

Sin el salario de su marido, la familia tuvo problemas, especialmente cuando se trataba de comprar ropa. A las niñas era más sencillo tenerlas bien vestidas, por la gentileza de las amigas de su pequeña iglesia quienes tenían niñas un poco más grandes que sus hijas, por lo que siempre recibían faldas y blusas.

Con su hijo resultaba más difícil. Él tenía sólo un amigo en la iglesia, pero tenían la misma edad y vestían la misma talla, así que cuando los pantalones y las camisas le quedaban chicas a su amigo, tampoco le iban bien al muchacho. Y él estaba creciendo tan rápido, que se veía a las claras que los pantalones cortos de la escuela le quedaban demasiado cortos.

La madre no contaba ese mes con dinero extra para comprar pantalones nuevos, así que decidió pedirle ayuda a Dios.

Si bien no quería que sus hijos se preocuparan, sí quería que ellos supieran que un Padre práctico y amoroso velaba por ellos, conocía sus necesidades y que estaba dispuesto a satisfacerlas. Esa noche después de la cena, ella les explicó lo que estaba sucediendo.

—Su hermano necesita pantalones nuevos y no tengo el dinero suficiente para comprarlos, así que vamos a pedírselos a Dios —dijo ella.

La hija menor se sentía escéptica.

—¿Acaso Dios guarda pantalones extra en el cielo? No pensé que los ángeles usaran pantalones —dijo.

—Ese no es problema para Dios —dijo la madre con una sonrisa—. Si Dios pudo crear un planeta de la nada, no hay duda de que encontrará algunos pantalones para tu hermano.

Así que unieron sus manos y ella oró: «Dios Padre, gracias por cuidarnos. Gracias por saber qué necesitamos antes de pedírtelo. Sin embargo, nos has invitado a pedir en nombre de Jesús. Tú sabes que necesitamos un par de pantalones, así que te pido que me lo proveas y te agradezco por adelantado tu amorosa provisión».

—¿Y ahora qué? —preguntó la niña—. ¿Un ángel tocará a la puerta o los pantalones vendrán por correo?

—¡Esperemos y veamos qué pasa! —dijo la madre con un guiño de conspiración.

A la noche siguiente, la madre recibió a una amiga para tomar una taza de té. Cuando se iba, ella le dio un paquete. «Los compré para Tom, pero parece que creció unos centímetros de la noche a la mañana. ¡Le quedan demasiado cortos! ¿Le servirán a tu hijo?» Dentro de la bolsa la madre halló tres pantalones nuevos que eran perfectos para su hijo. Se sentía profundamente agradecida... y su hija menor estaba estupefacta.

ver a Dios en todo

Carlos Finney dijo una vez: «Un estado de ánimo que ve a Dios en todo es evidencia de crecimiento en la gracia y de un corazón agradecido».¹ Esta declaración constituyó para mí un reto oportuno. ¿Alguna vez lees algo como esto y reconoces la verdad en las palabras, pero continúas luchando con el asunto de cómo es «ver a Dios en todo» en la vida real, día tras día?

Considera tu vida en este momento y recórrela paso a paso. ¿Es difícil ver la mano de Dios en todo lo que está sucediendo ahora mismo? ¿De qué asunto te estás ocupando ahora mismo que no recuerdas haberte alistado antes?

Viene a mi mente una de mis amigas cuya hija está enferma. Ella y su esposo esperan los resultados de los exámenes médicos. Pienso en una amiga de Barry cuyo hijo menor ha estado muy enfermo y ha atravesado muchos procedimientos médicos dolorosos, y aún no ha terminado. Pienso en una mujer soldado en Irak que escribió para decir que escucha las cintas de audio de nuestras conferencias de Women of Faith (Mujeres de fe) y que en ocasiones es lo único que la mantiene cuerda cuando ve a sus amigas perder la vida en la guerra.

Todos estos y otras situaciones severas intrusas en nuestra vida dificultan a veces el reconocimiento del hecho de que nuestro Dios siempre está presente. No obstante, una de las mayores sorpresas para mí en este viaje espiritual son los momentos en que resulta claro que Dios ha sido fiel en cultivar mi corazón, en esos momentos en que las cosas no salieron como fueron planeadas y veo que Dios tiene el control. No tienen por qué ser situaciones extremas como las que describí anteriormente. Con frecuencia es en las pequeñas cosas donde vemos la obra de Dios. Eso es gracia, y eso es un don.

los planes mejor trazados de los ratones y los hombres

No me percaté en el momento en que leí la cita de Carlos Finney y la escribí en mi agenda que Dios había colocado esta fracesita en mi bolsillo para un día

Has llegado al final de esta vista previa. ¡Regístrate para leer más!
Página 1 de 1

Reseñas

Lo que piensa la gente sobre Déjalo en las manos de Dios

3.8
6 valoraciones / 1 Reseñas
¿Qué te pareció?
Calificación: 0 de 5 estrellas

Reseñas de lectores

  • (5/5)
    muy bueno