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Las Parábolas de Jesús: Una guía para entender y aplicar las enseñanzas de Jesús
Las Parábolas de Jesús: Una guía para entender y aplicar las enseñanzas de Jesús
Las Parábolas de Jesús: Una guía para entender y aplicar las enseñanzas de Jesús
Libro electrónico535 páginas9 horas

Las Parábolas de Jesús: Una guía para entender y aplicar las enseñanzas de Jesús

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Las parábolas de Jesús Una guía para entender y aplicar las enseñanzas de Jesús El hijo pródigo, La semilla de mostaza, Las ovejas y las cabras … A través de estas y de docenas de otras parabolas, Jesús ayudó a sus discípulos -entonces y ahora- a entender las verdades acerca del reino de Dios. El autor desmenuza las sencillas historias de Jesús una por una y devela su profundo significado. Mientras el lector comienza a entender el propósito, la promesa y la paradoja de las parábolas conocerá de una manera fresca a aquel que las relató.
IdiomaEspañol
EditorialZondervan
Fecha de lanzamiento24 sept 2013
ISBN9780829777147
Las Parábolas de Jesús: Una guía para entender y aplicar las enseñanzas de Jesús
Autor

R.T. Kendall

R. T. KENDALL was the pastor of Westminster Chapel in London, England, for twenty-five years. He was educated at Southern Baptist Theological Seminary (MDiv) and Oxford University (DPhil) and has written a number of books, including Total Forgiveness, Holy Fire, and We've Never Been This Way Before.

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Las Parábolas de Jesús - R.T. Kendall

Capítulo 1

¿Por qué parábolas?

Los discípulos se acercaron y le preguntaron:

—¿Por qué le hablas a la gente en parábolas?

—A ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará. Por eso les hablo a ellos en parábolas: «Aunque miran, no ven; aunque oyen, no escuchan ni entienden».

Mateo 13:10-13

Jesús le dijo a la multitud todas estas cosas en parábolas. Sin emplear parábolas no les decía nada. Así se cumplió lo dicho por el profeta: «Hablaré por medio de parábolas; revelaré cosas que han estado ocultas desde la creación del mundo».

Mateo 13:34-35

Como introducción a este libro quiero hacer dos preguntas: primera, ¿por qué he escrito acerca de cada una de las parábolas de Jesús en este libro? La respuesta es que un día se me ocurrió así porque sí durante mi tiempo devocional que debía predicar sobre las parábolas. No puedo decir que me entusiasmó el pensamiento al principio. No, no. No pienso que entiendo las parábolas. Nunca antes había tenido gran ambición de predicar sobre ellas, aunque siempre esperaba poder entenderlas, pero no sentía ninguna compulsión para predicar sobre ellas. Había sentido esto una vez antes, cuando el Señor me atrajo al libro de Santiago. Aunque sentía que había algunos versículos que no entendía para nada, el Señor me obligó a empezar a predicar sobre Santiago, y conforme lo hacía Dios me dio la revelación que necesitaba.

Prediqué sobre casi todas las parábolas durante mi tiempo en la Capilla Westminster, y ahora la serie de mensajes que prediqué han sido compilados para formar este libro. Como con el libro de Santiago, cuando empecé a predicar sobre las parábolas partí de una posición de no aducir entender plenamente todo lo que Dios quería revelar. Mi oración era que conforme estudiábamos juntos la enseñanza de Jesús aprenderíamos juntos más acerca de él. Las parábolas aparecen en este libro en el mismo orden en que aparecen en los Evangelios Sinópticos.

Mi segunda pregunta es esta: ¿por qué Jesús usó parábolas? Hablaremos de la respuesta a esa pregunta en el resto de este capítulo, y eso pondrá el cimiento para todo lo que vendrá luego.

Se puede definir una parábola como un relato sencillo que ilustra una verdad profunda. Decir parábolas era la manera principal que Jesús usaba para ayudar a sus seguidores a captar verdades espirituales. Estaba construyendo un puente de lo natural a lo espiritual. Era la manera en que Jesús ayudaba a la gente a hacer la transición que cada uno de nosotros debe hacer todos los días de la vida, pasar del nivel natural de la vida al nivel espiritual de la vida. Jesús reveló estas nociones mediante parábolas para que aquellos para quienes la verdad estaba dirigida pudieran saber el significado, pero para que las personas para quienes no estaba dirigida no la entendieran.

Para entender mejor por qué Jesús enseñó en parábolas, miraremos:

el propósito de las parábolas

la promesa de las parábolas

la paradoja de las parábolas

los tres principios de las parábolas

Propósito de las parábolas

Los discípulos de Jesús le preguntaron: «¿Por qué le hablas a la gente en parábolas?» Al responder a esa pregunta podemos pensar que fue en parte para animarnos a persistir cuando no entendemos algo; que las parábolas fueron diseñadas para probar nuestra seriedad al buscar las cosas de Dios. Eso puede ser parcialmente cierto, pero pienso que hay cinco razones clave por las que Jesús habló en parábolas:

1. Para sembrar semilla

Jesús usó las parábolas para sembrar semilla espiritual. Su enseñanza tenía un propósito de largo alcance: sembrar en las vidas de las personas semillas que más tarde crecerían y darían fruto. Las semillas necesitan tiempo para crecer. Jesús no esperaba que sus seguidores captaran al instante todo lo que él estaba diciendo, así que dio campo para un entendimiento paulatino. Sembró en su mente semillas que crecerían y con el tiempo proliferarían cuando el tiempo fuera apropiado. En algunos casos pudiera haber llevado años hasta que llegara ese entendimiento—mucho tiempo después de Jesús haberse ido—pero la semilla que él había sembrado llevaría fruto de todos modos.

Es asombroso ver cómo se refleja esto en la Biblia. Jesús pasó tres años con sus discípulos, enseñándoles y entrenándoles personalmente. Sin embargo, incluso después de tres años de oír las parábolas de Jesús en persona, ellos todavía no entenderían sino muchos años más tarde mucho lo que les estaba enseñando.

Después de que Jesús murió crucificado y resucitó, se apareció a sus discípulos por otros cuarenta días, y ni siquiera al final de ese tiempo estos habían captado el punto principal de por qué vino Jesús. Le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el reino a Israel?» (Hechos 1:6). Jesús pudiera haberse quedado viéndolos y decirles: «No puedo creer que me estén preguntando eso. Nunca dije que yo iba a restaurar el reino a Israel. ¿Qué les hizo pensar eso? ¿De qué trataba mi Sermón del Monte? Trataba del Espíritu. ¿De qué se trata el Reino de los Cielos? ¡Se trata del Espíritu!

Puede ser sorpresa para nosotros darnos cuenta de que hay mucho en nuestra vida que tampoco entendemos, pero Jesús desea sembrar en nuestra vida semilla mediante su enseñanza que con el tiempo dará fruto y nos dará entendimiento.

2. Para salvaguardar los secretos del reino

En respuesta a la pregunta de sus discípulos Jesús respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos; pero a ellos no» (Mateo 13:11). En primer lugar, Dios nos permite saber un secreto: ¡que él tiene un secreto! Dios puede guardar un secreto, pero también puede escoger revelarlo a quien quiere. Las parábolas estaban diseñadas para desdoblar los secretos para aquellos que él quería que los oyeran, y para ocultarlos de aquellos que él no quería que lo supieran.

¿Por qué va a querer Dios guardar secretos? Por tres razones. Primera, para mantener al diablo a oscuras. Por ejemplo, Dios escogió oscurecer sus planes en cuanto a su Mesías para evitar que el diablo interfiriera. Nadie jamás entendió las profecías del Antiguo Testamento acerca de Jesús sino hasta después que se cumplieron. Nadie jamás podría figurarse como la profecía respecto a Belén pudiera ser correcta, o por qué se decía que el Mesías crecería en Nazaret. Las profecías no tuvieron significado sino hasta después que los hechos sucedieron; entonces fueron obvias. Las parábolas son muy similares a eso. Leemos en 1 Corintios 2:8 que «Ninguno de los gobernantes de este mundo la entendió, porque de haberla entendido no habrían crucificado al Señor de la gloria». La muerte de Jesús para salvar al ser humano fue el secreto de Dios mejor guardado. Envió a su Hijo para morir en una cruz por nuestros pecados, pero los poderes del mal no tenían idea de lo que estaba sucediendo sino cuando fue demasiado tarde.

Dios guarda secretos a fin de mantener a oscuras a los que no son espirituales o están «en la carne». Jesús dijo:

Por eso les hablo a ellos en parábolas: «Aunque miran, no ven; aunque oyen, no escuchan ni entienden». En ellos se cumple la profecía de Isaías: «Por mucho que oigan, no entenderán; por mucho que vean, no percibirán. Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible.

Mateo 13:13-15

Jesús vio los corazones endurecidos contra Dios. Dios entregó a esas personas a sus propios recursos porque rehusaron escucharle a él y a su Hijo. Escogió permitirles que siguieran sus propios deseos, que se alejaran de él con corazones encallecidos.

Dios guarda secretos para revelarlos en el tiempo apropiado a las personas para quienes están destinados. En el tiempo apropiado él los revela a las personas cuyos corazones están buscándolo. El poder de la Palabra de Dios es tal que puede alcanzar a las personas a quienes se dirige y con todo estar escondida para los que no están dispuestos a recibirla. Las parábolas están diseñadas de esta manera: para alcanzar a unos y mantener a otros a oscuras. Jesús, por consiguiente, hace una distinción entre estos dos grupos al explicar el porqué de las parábolas a sus propios seguidores íntimos.

3. Para destacar la soberanía de Dios

La soberanía de Dios tiene que ver con el derecho inherente de Dios para dar o no dar misericordia. Dios le dijo a Moisés en Éxodo 33:19: «Te daré a conocer mi nombre. Y verás que tengo clemencia de quien quiero tenerla, y soy compasivo con quien quiero serlo». El apóstol Pablo repite esto en Romanos 9:15 y concluye: «Por lo tanto, la elección no depende del deseo ni del esfuerzo humano sino de la misericordia de Dios» (versículo 16). De modo similar esta verdad se refleja en la enseñanza de Jesús mediante parábolas. En Juan 3:8 Jesús describió la soberanía de Dios diciendo: «El viento sopla por donde quiere, y lo oyes silbar, aunque ignoras de dónde viene y a dónde va. Lo mismo pasa con todo el que nace del Espíritu».

Esto quiere decir que no se puede hacer que el Espíritu Santo haga lo que se nos antoja. No se puede hacer que él sane a nadie. Uno no puede hacer que él salve a nadie. Uno no puede hacer que abra los ojos de nadie a la verdad. Solo el Espíritu Santo puede hacer eso de acuerdo a la voluntad y propósito de Dios. Algunos piensan que pueden hacer que Dios haga cosas por ellos y por eso continuamente tratan de torcerle a Dios el brazo, pero las parábolas revelan la soberanía de Dios; dan un retrato preciso del carácter y naturaleza de Dios.

Dios le dio un mandato al profeta Isaías que tal vez a él en particular no le gustó: «Ve y dile a este pueblo: Oigan bien, pero no entiendan; miren bien, pero no perciban» (Isaías 6:9). ¿Qué clase de mandato es ese? Sin embargo, Jesús tenía el mismo mandato de Dios. Revelaba su soberanía.

4. Para dar un vistazo a la enseñanza de la salvación

En las parábolas de Jesús se puede ver todo el panorama de la salvación. Cubren todo el espectro de la experiencia cristiana, desde la conversión inicial a Cristo hasta la consumación final de todas las cosas cuando Jesús venga a la tierra por segunda vez. Las parábolas hasta incluyen la crucifixión de Jesús. En el momento en que Jesús hablaba mediante estas parábolas, era inconcebible que sucediera algo así, pero él prefiguró su propia muerte de esta manera. Las parábolas dan un vistazo a la salvación: desde la conversión, por medio de la obra del Espíritu, a lo que sucede cuando morimos.

5. Para revelar el Espíritu de Dios

Jesús reveló de muchas maneras la obra del Espíritu, algunas más obvias que otras. El Sermón del Monte es, en un sentido real, una parábola entera acerca del Espíritu Santo. Usted tal vez piense: Pero si ni siquiera menciona al Espíritu Santo. Lo sé. Sin embargo, uno de los libros más centrados en Dios en toda la Biblia es el libro de Ester, y nunca menciona el nombre del Señor. Así que si se entiende el Sermón del Monte, se entiende que es el enfoque de Jesús en cuanto el Espíritu Santo, su revelación del carácter y obra del Espíritu. Las parábolas de Jesús se referían al Reino de los Cielos. Dondequiera que se menciona el Reino de los Cielos, generalmente hablando, se refiere al ámbito del Espíritu. Por consiguiente, Jesús está revelando lo que es la verdadera espiritualidad cuando se vive en el poder del Espíritu Santo.

Promesa de las parábolas

En Mateo 13:34-35, Jesús dice algo interesante. Llamó la atención a una profecía del Antiguo Testamento que predecía que él hablaría en parábolas: «Jesús le dijo a la multitud todas estas cosas en parábolas. Sin emplear parábolas no les decía nada. Así se cumplió lo dicho por el profeta: Hablaré por medio de parábolas; revelaré cosas que han estado ocultas desde la creación del mundo». ¿Por qué Jesús recalcó esto? Porque quería que supiéramos que las parábolas estaban predichas. Los profetas habían anunciado que el Mesías llegaría hablando en parábolas. Jesús estaba diciendo: «No se sorprendan porque les hablo en parábolas. Esto se predijo. Fue prometido hace mucho tiempo».

La profecía pasó incluso a predecir el contenido de las parábolas. Jesús citó el Salmo 78:2 cuando dijo: «Yo diré cosas escondidas desde la creación del mundo». Las parábolas contienen cosas que anteriormente estaban escondidas.

Permítame hacerle una pregunta. Cuando usted lee la Biblia y no entiende algo la primera vez que lo lee, ¿qué hace? ¿Cierra la Biblia y dice: «Bueno pues, no entiendo eso»? Si eso es lo que hace, usted acaba de revelar cuánto interés tiene en entender las cosas de Dios. Pero si usted empieza a buscar a Dios y a preguntarle en cuanto a las cosas que no entiende, entra en efecto una dinámica diferente. Ahora usted está buscando a Dios y pidiendo revelación, entendimiento y sabiduría. Por eso ni siquiera la mente más brillante e intelectual de toda la tierra puede simplemente «figurarse» el significado de las parábolas. Usted puede tener un cociente intelectual equivalente al de Alberto Einstein y ni así entender las parábolas. ¿Por qué? Porque usted necesita que el Espíritu Santo por su poder le revele el significado de las parábolas.

Jesús mostró a sus discípulos que las profecías del Antiguo Testamento estaban cumpliéndose ante sus propios ojos. Lo que Isaías dijo que sucedería, estaba sucediendo. Jesús dijo: «No se sorprendan porque no entienden mis parábolas». No tenían por qué entenderlas. Entender las parábolas es un secreto de «familia». Usted puede reaccionar en una de dos maneras a la declaración de Jesús. Usted puede decir: «Pues bien, yo estoy fuera de la familia, así que se acabó», o puede decir: «Señor: me gustaría estar en la familia. ¿Hay alguna posibilidad de que tengas misericordia de mí?»

Paradoja de las parábolas

Tercero, llegamos a la paradoja de las parábolas. La palabra paradoja quiere decir «algo que es contradictorio y sin embargo verdad». Ya hemos notado que los que tienen corazón endurecido y encallecido «se pierden» las verdades presentes en las parábolas, pero Jesús dice una afirmación asombrosa en Mateo 13:12: «Al que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará». Esta es la paradoja de las parábolas: las palabras de Jesús sirven para endurecer más el corazón de los que no quieren recibirlas. Los que están fuera de la familia de Dios y que tienen el corazón encallecido con el tiempo son «humillados"; se les quita incluso lo que ya tienen, y se quedan sin nada.

Pero para los que están en la familia de Dios tres cosas son verdad. Primero, ellos «oyen». Jesús dijo a sus discípulos en el versículo 16: «Dichosos los ojos de ustedes porque ven, y sus oídos porque oyen». No solo que oyen, sino que también se dan cuenta de que han recibido un honor, porque Jesús pasó a decirles: «Porque les aseguro que muchos profetas y otros justos anhelaron ver lo que ustedes ven, pero no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, pero no lo oyeron» (versículo 17). Así que la consecuencia es que los que están en la familia se sienten humildes porque Dios les permite «ver» y «oír». Cuando usted está fuera de la familia de Dios, la consecuencia es humillación. Cuando usted está dentro de la familia, la consecuencia es humildad. Fuera de la familia, la gente se endurece; estando dentro, recibe honor.

Tres principios de las parábolas

Al estudiar las parábolas de Jesús, nos guiarán tres principios principales. Será útil tener estos principios siempre presentes al estudiar y absorber las verdades que Jesús está impartiendo.

Principio 1

No todas las parábolas apuntan a la misma verdad. Algunas hablan primordialmente en cuanto a la obra del Espíritu; otras enseñan en cuanto a escatología, es decir, las «últimas cosas»; algunas hablan de nuestro crecimiento como cristianos.

Principio 2

A menudo una parábola tiene solo una verdad básica en mente. No debemos tratar de leer en una parábola más de lo que debemos para hacerla que hable sobre algún otro asunto—como por ejemplo la Segunda Venida de Jesús o el tribunal de Cristo—cuando a lo mejor no se refiere a eso para nada. Nuestro objetivo debe ser descubrir la verdad cardinal que Jesús quería ilustrar.

Principio 3

Más importante, nunca debemos tratar de hacer que una parábola se pare en las cuatro patas. No todo detalle de una parábola tiene que tener significado. Al interpretar las parábolas tenga cuidado de mantener en mente la verdad esencial, y no trate de desarrollar una doctrina principal en lo que pudiera ser un detalle secundario.

Al embarcarnos en este recorrido para explorar las parábolas, ruego que Dios nos ayude a aferrarnos al ingrediente esencial, que es oír lo que Jesús nos está diciendo por su Espíritu, y entenderlo y aplicarlo a nuestra vida. Si Dios nos da alguna medida de entendimiento, seremos de lo más bendecidos, estaremos de lo más agradecidos y le daremos la gloria a él.

Capítulo 2

La parábola del sembrador

Un sembrador salió a sembrar.

Mateo 13:3

La parábola del sembrador es una de las parábolas de Jesús más conocidas. En este libro estoy tratando de considerar las parábolas en el orden en que aparecen en la Biblia; sin embargo, uno pudiera argüir que esta parábola no es la primera. Se pudiera argüir que la primera parábola de Jesús apareció durante su Sermón del Monte. Al llegar a la conclusión de su mensaje dijo: «Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca» (Mateo 7:24). Jesús entonces pasó a decir una corta parábola respecto a un constructor sabio y otro necio.

A decir verdad, mucho de lo que Jesús dijo en todo su ministerio contenía fragmentos de parábolas. Usó muchas ilustraciones vívidas para martillar su punto ante la gente. Aparecen en todo el Evangelio de Mateo mucho antes del capítulo 13 y de la parábola del sembrador. Pero tanto de lo que dijo Jesús era tan parecido a una parábola que necesitamos ser selectivos. La parábola del sembrador es un buen punto para empezar porque Mateo explícitamente afirma que lo que sigue es una parábola: «Y les dijo en parábolas muchas cosas» (Mateo 13:3).

Una de las cosas más interesantes en cuanto a esta parábola en particular es que Jesús dijo que era fácil de entender: «¿No entienden esta parábola? ¿Cómo podrán, entonces, entender las demás?» (Marcos 4:13). Jesús estaba tratando de alcanzar a las personas en donde ellos estaban. Se pudiera decir que esta parábola fue una parábola «a nivel de entrada"; tenía la intención de que fuera fácilmente accesible. La parábola del sembrador se basa en una ilustración agrícola, y Jesús estaba hablando a una sociedad predominantemente agrícola.

Tres cosas sobresalen respecto a esta parábola.

• Es fácil de entender.

• Es elemental. Jesús estaba dando una enseñanza sencilla respecto a los resultados de proclamar la Palabra de Dios.

• Está explicada. Lo bueno de esta parábola es que Jesús la explica. Quisiéramos que Jesús hubiera explicado todas las parábolas, pero no lo hizo.

Primero vamos a ver el significado general de la parábola. ¿Qué quería Jesús comunicarnos mediante ella? Hay cuatro cosas básicas que se sacan de esta parábola:

1. Reclutamiento indiscriminado por la Palabra.

Esta parábola implica que en el reino de Dios hay reclutamiento indiscriminado por la Palabra. Se espera que todos reclutemos discípulos, y este reclutamiento debe ser indiscriminado. Esto quiere decir que no sabemos a quién ha escogido Dios. Creemos en la soberanía de Dios, sí, que él ha escogido a algunos desde la fundación del mundo, a los cuales llama «elegidos». Pero nosotros no sabemos quiénes son; solo Dios lo sabe. Y aunque Dios sabe quiénes son, nos ha instruido que vayamos por todo el mundo esparciendo el mensaje del evangelio. «Reclutamiento indiscriminado» quiere decir que hacemos todo lo que podemos por salvar a todo el mundo; esa es «la oferta indiscriminada del evangelio», como dice Juan Calvino. Cristo murió por todos para que podamos decirle a toda persona: «Jesús murió por ti». No discriminamos. No sembramos la semilla solamente en los que pensamos que pudieran ser de los escogidos de Dios; no sembramos la semilla solamente a la clase media; no sembramos la semilla solo en los que tienen nuestro mismo punto de vista político; no sembramos semillas solamente en los que pertenecen a cierta minoría o mayoría racial. En otras palabras, se «siembra» el evangelio en toda persona.

2. Respuestas iniciales a la Palabra

Esta parábola también ilustra la respuesta inicial de la gente a la Palabra. Es interesante que esta parábola solamente indica respuestas positivas al evangelio. ¿No sería maravilloso que esta parábola indicara la manera en que siempre sucede, que de todos modos la persona dijera que sí al llamado a ser salva? Por sí sola, esta parábola pudiera implicar que toda persona va a decir que sí, pero la verdad es que solamente nos muestra la diferencia entre las respuestas positivas iniciales. Deja fuera totalmente las respuestas negativas. En esta parábola, Jesús no trata para nada de ninguna respuesta negativa inicial al evangelio; eso lo hizo en otras parábolas en las que describió la manera en que algunos rechazan el evangelio.

3. Reacciones individuales a la Palabra

La parábola identifica cómo diferentes personas reaccionan al evangelio. Aunque estas personas no lo rechazan, algunas ni siquiera lo entienden. Así que cuando Jesús dio el significado en Mateo 13:19, dijo: «Cuando alguien oye la palabra acerca del reino y no la entiende, viene el maligno y arrebata lo que se sembró en su corazón». Muestra que algunos pueden decir que sí cuando oyen la Palabra, aunque no la entienden a cabalidad. En algunos casos, entonces, no es el evangelio lo que rechazan; es que el diablo se lo roba antes que la persona haya tenido la oportunidad de entenderlo.

Esta parábola también nos dice, de acuerdo a Lucas 8:13, que hay algunos que creen por un tiempo, pero que en el tiempo de la prueba se descarrían; y que hay otros que creen por un tiempo, pero que las «circunstancias» los abruman: las preocupaciones de la vida, las riquezas y los placeres, y en consecuencia se descarrían.

4. La importancia de interpretar correctamente la Palabra

En la versión Reina-Valera, revisión de 1960, 2 Timoteo 2:15 dice: «Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad». El hecho de que Jesús mencionó a un grupo de personas que, aunque han oído y recibido la Palabra, se dejan abrumar por las cosas materiales y los placeres del mundo, destaca que hay una necesidad de entender bien la Palabra de Dios.

¿Por qué es tan importante esta parábola?

La parábola del sembrador es una de las más importantes. ¿Por qué? Porque presenta verdades importantes que son pertinentes a toda generación. Hay siete lecciones que aprender en esta parábola que pueden ayudarnos a una mejor comprensión del proceso de conversión y salvación.

1. No debemos sorprendernos cuando algunos no perseveran

El evangelio no solo tiene el propósito de cambiar el destino eterno de las personas—de la certeza de ser echado al infierno a la de entrar al paraíso—, sino de cambiar vidas. Quiere decir que debe resultar en cambio permanente, pero sabemos a ciencia cierta que hay los que hacen una profesión de fe y luego, meses más tarde, a veces años más tarde, se alejan. Esta parábola predice que esto sucederá y nos advierte para que no nos sorprendamos.

2. No hay que echarle la culpa a nadie cuando algunos no perseveran

Aunque hay claramente algunos que se descarrían, Jesús no le echa la culpa a nadie por eso. No le echa la culpa a la persona que sembró la semilla si el que oyó la Palabra no perseveró. No le echa la culpa a la iglesia a que asistían, ni a ningún evangelista, predicador o maestro. No hay que echarle la culpa a nadie.

3. No todo el que hace una profesión de fe es salvo

Jesús dio otro punto interesante que tampoco debería sorprendernos: habrá algunos que, aunque por las apariencias externas parecen que son salvos, en realidad no lo son. Esto subraya la importancia del discipulado, es decir, enseñar y educar a los que se entregan a Cristo. No debemos simplemente dar por sentado que porque la persona inclina la cabeza y ora, ya es salva. No podemos percibir lo que sucede en el corazón de otra persona; solo Dios puede hacer eso. Jesús usó esta parábola para enseñarnos este principio de que no todos los que hacen una profesión de fe necesariamente son salvos.

4. Nunca debemos tratar de determinar quién es salvo y quién no lo es

Jesús nos enseñó que así como no debemos dar por sentado que toda persona es salva debido a su reacción externa, no podemos dar por sentado que no es salva. Nunca olvidaré lo que me contó mi amigo el Dr. D. James Kennedy. Él es pastor, pero también un evangelista que ha tocado la vida de muchas personas. Me contó de un dentista a quien le había testificado durante los primeros días de una campaña de Evangelismo Explosivo. El dentista hizo profesión de fe, pero James estaba convencido de que en realidad no había sido de corazón. El dentista era el Dr. Freeman Springer. En un tiempo fue nuestro dentista cuando mi esposa y yo vivíamos en Fort Lauderdale, así que le conocíamos y oímos ambos lados de la historia.

James y su esposa, Anne, fueron a visitar a los Springer y nos invitaron a que los acompañáramos. La conversación que siguió fue más o menos así:

—Pasen, por favor.

—Gracias, encantado de estar aquí—dijo Jim—. Ustedes vinieron a nuestra iglesia el domingo y llenaron una tarjeta.

—Ah, sí, nos alegramos de haber estado allí.

Así que James le presentó el evangelio y Freeman Springer simplemente decía: «sí, sí, sí…» en toda la conversación. Al final James invitó a la pareja a inclinar la cabeza y orar.

—Sí—respondieron de inmediato.

—¿Alguna pregunta?—les preguntó James después de que oraron.

—No, muchas gracias.

Así que James y Anne se miraron uno al otro y luego se dirigieron a la puerta. Tan pronto como volvieron al auto, Jim se volvió a su esposa y le dijo: «Pues bien, allí está otra pareja que no volveremos a ver». Todo fue demasiado fácil. No hubo emoción, ni lágrimas; él simplemente decía que sí a todo. Pero yo hablé con Freeman Springer al respecto más tarde y dijo: «Yo sabía que ellos pensaban que nada había pasado, pero a la mañana siguiente cuando abrí las cortinas y entró la luz, yo sabía que tenía vida eterna». Freeman llegó a ser un miembro del equipo de Evangelización Explosiva, y la última vez que hablé con él había conducido a setenta y cinco personas al Señor. Llegó a ser un asombroso ganador de almas.

El asunto que presenta esta historia es que nunca debemos decir quién es salvo y quién no lo es. Guárdese su opinión. A veces la persona más promisoria los defraudará en un tiempo muy corto, y a veces cuando usted piensa que nada ha pasado, halla que la semilla cayó en buen terreno.

5. Las verdades contenidas en esta parábola siempre serán pertinentes

Nunca debemos pensar que podemos hacer esta parábola redundante mediante una predicación «más sólida». Siempre será relevante. Por ejemplo, hace años yo pertenecía a una denominación que pensaba que ningún creyente pecaba si de veras era cristiano, porque se supone que no debemos pecar. Solía preguntarle al pastor de esa iglesia: «¿Por qué entonces Jesús nos dio el Padrenuestro, que dice: perdonándonos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores?» Él nunca respondió a esa pregunta. Elevamos el Padrenuestro vez tras vez porque siempre vamos a ser pecadores hasta que lleguemos al cielo. No podemos hacer redundante el Padrenuestro, y de la misma manera nadie puede hacer redundante la parábola del sembrador, porque a pesar de oír las mejores presentaciones del evangelio, la gente seguirá haciendo profesiones de fe que no duran.

6. La respuesta inicial de una persona al evangelio no necesariamente es permanente

Debemos evitar lo que yo llamo «permanentizar» la primera respuesta de las personas al evangelio. En otras palabras, no debemos dar por sentado que la forma en que responden inicialmente es definitiva. Tómese, por ejemplo, a la persona que oye la Palabra pero no la entiende, y entonces viene el malo y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. No podemos decir que esa persona más tarde no se convertirá. La semilla sembrada junto al camino puede caer en buen terreno más adelante. Una falsa profesión puede crecer más tarde mediante una genuina conversión. No cometa el error de permanentizar las reacciones de las personas.

7. La parábola no se refiere solo a predicación a los perdidos.

Puede referirse al creyente que más tarde deja de andar en la luz. La parábola del sembrador, por consiguiente, tiene otras aplicaciones. Tómese a la persona cuyo corazón es como el buen terreno que recibió la semilla y que por consiguiente tuvo una conversión genuina. ¿Quiere decir esto que esa persona no puede también más tarde oír el mensaje y que se lo arrebaten? Eso puede sucederle al creyente. Cuántas veces usted ha esperado con anhelo el momento de pasar tiempo leyendo la Biblia y usted piensa: Ah, tengo una hora. Luego suena el teléfono, o al empezar a leer usted empieza a preocuparse por lo que tiene que hacer cuando pase esa hora. ¡El diablo le robó! O mientras usted está orando, su mente empieza a desviarse y antes de que lo sepa, la hora se acabó. El diablo viene con las preocupaciones de esta vida. La verdad es que incluso los que han recibido la salvación pueden a veces ser como los que describen los primeros tres ejemplos. Le puede suceder a cualquiera.

Las personas convertidas genuinamente, cuando reciben una nueva palabra de Dios, a menudo tendrán una reacción como la de los tres primeros ejemplos en esta parábola. Tómese el diezmo por ejemplo. Conozco a personas que han tenido una revelación respecto a dar el diezmo, y han empezado a darlo, pero después de seis semanas, o seis meses, algo sucede y dejan de darlo. O tómese la enseñanza del perdón total. Algunas personas después de oír que deben siempre perdonar totalmente a otras, dicen: «Sí, no voy a guardar rencores contra nadie». Luego, tal vez dos semanas más tarde, piensan en lo que alguien les hizo y, peor todavía, en cómo han logrado salirse con la suya, y sienten que se les remueve de nuevo el estómago.

Esto no quiere decir que la persona no es salva, sino que a menudo cuando un creyente recibe nueva revelación, lucha por aceptarla y permitirle que eche raíces en su vida. Nos indica que hay algunos creyentes genuinos que pierden su recompensa en el cielo debido a su conducta en la tierra. ¿Cómo van a perder su recompensa? Porque aunque la Palabra de Dios cayó en «buena tierra» en sus vidas inicialmente, más adelante, cuando oyeron una predicación que exigía una consagración costosa, dijeron: «simplemente no puedo hacerlo». No quiere decir que no son salvas, pero podría determinar si van a recibir o no recompensa en el cielo.

El ministerio de proclamación

A la vez que destaca las varias reacciones de las personas que oyen la Palabra de Dios, la parábola del sembrador nos ilustra la necesidad fundamental de predicar la Palabra, de proclamar el mensaje del evangelio. Jesús estaba mostrándonos que el objetivo de la predicación de la Palabra es hablar a los convertidos y a los inconversos. La agenda de la predicación es el mensaje del evangelio. Como creyentes ¡no tenemos otro mensaje! Por eso opino que independientemente de otros factores que se recalcan en la vida de la Iglesia—evangelización, adoración, oración—la predicación de la Palabra debe ser central.

Cuatro profesiones de fe

Por último quiero examinar una faceta de esta parábola que ha estado implícita en la enseñanza precedente, y es las reacciones mixtas de los que oyen la Palabra. Cada tipo de persona que oyó la Palabra de Dios reaccionó con una clase diferente de profesión de fe.

1. La reacción suplantada

Esto describe una reacción al evangelio en la que el enemigo se las arregla para mantener bajo su control a la persona que oye el mensaje. Jesús dijo en Mateo 13:19: «Cuando alguien oye la palabra acerca del reino y no la entiende, viene el maligno y arrebata lo que se sembró en su corazón». Nos muestra que hay algunos en quienes Satanás triunfa engañándolos para mantenerlos ciegos. Segunda a los Corintios 4:4 confirma que «El dios de este mundo ha cegado la mente de estos incrédulos, para que no vean la luz del glorioso evangelio de Cristo». Esto es lo que el diablo quiere: impedirle que entienda, mantenerlo ciego. Tan pronto como una persona hace una profesión de fe, el diablo está allí en pocas horas, tratando de arrebatarle la Palabra. El enemigo siempre está tratando de suplantar lo que Dios puede hacer en la vida de una persona. Así es como Jesús lo dijo. Jesús dice claramente que tal persona no es salva.

2. La profesión superficial

Esta es una reacción entusiasta y de sumisión al evangelio. Al oír el mensaje, algunos reaccionan con entusiasmo y quieren entregarse de inmediato. Sin embargo, Mateo 13:20-21 nos dice: «El que recibió la semilla que cayó en terreno pedregoso es el que oye la palabra e inmediatamente la recibe con alegría; pero como no tiene raíz, dura poco tiempo. Cuando surgen problemas o persecución a causa de la palabra, en seguida se aparta de ella». Tal vez debido a que esa persona reacciona tan rápidamente, no ha pensado a cabalidad las implicaciones de su decisión. Puede entusiasmarse por lo que ha oído porque piensa que será la respuesta a un problema personal que está atravesando. Algunos responderán al evangelio pasando al frente en una reunión en la iglesia y le entregarán su vida a Cristo, pero después de ese día nunca se los vuelve a ver. No necesariamente quiere decir que fueron insinceros, sino que hicieron una profesión precipitada de fe que resultó ser superficial. En el pasaje de Lucas de esta parábola dice que estas personas «creen por algún tiempo» (Lucas 8:13).

3. La profesión ahogada

Hay quienes reaccionan positivamente al evangelio pero permiten que las preocupaciones y los deseos compitan y sofoquen el evangelio. Jesús dijo en Mateo 13:22: «El que recibió la semilla que cayó entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de esta vida y el engaño de las riquezas la ahogan, de modo que esta no llega a dar fruto». Estas personas no tienen una reacción superficial al evangelio, sino que gradualmente se desvían conforme permiten que otras preocupaciones lo desplacen. Jesús las llama «las preocupaciones de esta vida», y «el engaño de las riquezas». La preocupación de lo que otros van a pensar desaloja el mensaje del evangelio que las personas recibieron, y con el tiempo las preocupaciones materiales lo ahogan.

4. La profesión sólida

Finalmente Jesús describió una cuarta reacción al evangelio: una profesión de fe sólida y duradera, en la cual la persona que oye la Palabra la recibe, y permite que eche raíces en su vida, y crezca y dé fruto. «Pero el que recibió la semilla que cayó en buen terreno es el que oye la palabra y la entiende. Éste sí produce una cosecha al treinta, al sesenta y hasta al ciento por uno» (Mateo 13:23).

Este cuarto ejemplo presenta sin duda a la única de todas estas personas que realmente es convertida. Algunos eruditos tratan de argumentar que tal vez uno o dos de los ejemplos previos también fueron de convertidos, y que el simple hecho de que tuvieron dificultades y no perseveraron no quiere decir que no fueron convertidos. Sin embargo, la Biblia claramente indica que no pueden haber sido salvos. Concuerdo que hay verdaderos creyentes que fallan, y la Biblia lo concede, pero esta parábola en particular no enseña eso. Debemos recordar que Jesús no está tratando de demostrar en una sola parábola todo lo que puede pasar.

En este cuarto ejemplo, el Espíritu Santo puede aplicar efectivamente la Palabra que fue sembrada, creando vida y dando a las personas la convicción de que son salvas solo por la sangre de Jesús. Llegan a entender que una persona solo puede salvarse por la justicia de Cristo, y eso permanece.

La parábola del sembrador está cargada de información y promete más información a otro nivel. Ya hemos examinado cuatro reacciones básicas cuando se oye el mensaje del evangelio que ilustra esta parábola. Para ayudarnos a entender más la enseñanza de Jesús en esta parábola, quiero identificar tres palabras clave que aparecen en todas partes: identidad, ironía y herencia.

Identidad

Hay otras tres palabras clave adicionales que necesitan alguna definición. Identifican los tres elementos principales de la parábola, y son: sembrador, semilla y suelo. La palabra sembrador se refiere a la persona que es una especie de heraldo, alguien que anuncia el evangelio y proclama la Palabra, un predicador. La tarea del predicador es sembrar la semilla, y esto sucede cuando la persona predica la Palabra e intenta explicarla a otros. Al que explica la Palabra se le llama un expositor bíblico; en otras palabras, trata de exponer la Palabra para que otros puedan ver su significado.

Hay muchos tipos de sembradores que predican la Palabra de Dios y siembran la semilla. Puede ser un predicador que expone la voluntad de Dios revelada en la Biblia; puede ser un profeta que revela la voluntad secreta de Dios mediante su don espiritual; o puede ser un pastor que siembra continuamente la semilla. Cada uno es un heraldo de las buenas nuevas del evangelio.

La semilla es la Palabra de Dios; es lo que oímos. La Biblia dice que la fe viene por el oír la Palabra de Dios. La Palabra llega de afuera, pero es de esperarse que, con mayor importancia, se la oiga interiormente. Jesús dijo que muchos son los llamados pero pocos los escogidos. La persona debe oír el mensaje del evangelio con el corazón y no solamente con la cabeza. Cuando Jesús describió a los que oyen pero luego el diablo llega y les arrebata la Palabra, o los que reciben la Palabra con gozo pero no tienen raíz, o aquellos en quienes la semilla cayó entre espinas y las espinas la ahogaron, estaba hablando de los que oyen por fuera pero no interiormente. Reciben la Palabra con la cabeza pero no con el corazón.

Jesús terminó esta parábola en particular diciendo: «El que tenga oídos, que oiga» (Mateo 13:9). Jesús se refería a los que oyen la Palabra y la reciben de corazón, que perseveran en ella y con el tiempo producen mucho fruto.

El corazón que cree es el buen suelo que Jesús describió. El suelo es la tierra fértil del corazón que oye, cree y aplica la Palabra de Dios.

¿Puede usted decir con certeza que pertenece a esta cuarta categoría de personas? ¡La Biblia dice que puede saberlo! Usted puede tener plena y certera seguridad de su fe. ¿Cómo puede saberlo? Hay dos pruebas básicas: primero, usted tendrá un temor santo y reverencia a Dios. En Mateo 13:23 leemos que «el que recibió la semilla que cayó en buen terreno es el que oye la palabra y la entiende». ¿Qué supone usted que hizo que la persona entienda la Palabra? La Biblia dice que el temor del Señor es el principio de la sabiduría. Un temor reverente al Señor es un requisito previo para entenderla, y eso producirá en su vida un temor al Señor cada vez más profundo conforme usted progresa en su relación con él.

En segundo lugar, usted da fruto. Jesús enseñó que la persona que recibe la Palabra de Dios en buen terreno con el tiempo produce fruto. Habrá fruto en su vida como resultado de la Palabra de Dios. ¿Qué es el fruto? El fruto será arrepentimiento, una nueva dirección y resolución. El arrepentimiento es literalmente un cambio de parecer. Es un proceso que el Espíritu Santo inicia al obrar en la vida de una persona y producir una transformación por dentro. El arrepentimiento entonces conduce a una nueva dirección; una especie de media vuelta espiritual. Su vida marchaba en una dirección, y el Espíritu Santo le dirige hacia una dirección completamente diferente. También habrá una nueva resolución, un propósito de perseverar en su relación con Dios, de honrar a Dios y obedecer su Palabra.

Ironía

Jesús también dijo en esta parábola algo que yo llamo las ironías de la parábola. He dado solo algún indicio de ellas en la explicación que he dado hasta aquí, pero ahora quiero examinar de nuevo las palabras de Jesús desde un ángulo un poco diferente.

La primera ironía es que los primeros tres ejemplos, como ya dije arriba, no son necesariamente permanentes. Aunque alguien tal vez haya creído por un tiempo antes de descarriarse, o creyó pero luego se dejó asfixiar por las preocupaciones, no tiene que quedarse así para siempre. Bien puede hacer una profesión de fe duradera más adelante; no tienen por qué perdérselo para siempre.

Muchos de los puritanos sostenían una línea de pensamiento que enseñaba lo que llamaban la «fe temporal de los réprobos"; en donde la palabra réprobos quiere decir «los no elegidos». Enseñaban que una persona se desvía de la fe debido a que está predestinada a no salvarse, y que una persona puede parecer temporalmente que ha recibido la salvación. En lo que a ellos concernía, la persona que mostraba alguna señal de conversión pero luego se descarriaba la consideraban réproba y que jamás sería salva, y punto. Ese punto de vista es completamente errado y completamente contrario a

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