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El caso de Cristo: Una investigación personal de un periodista de la evidencia de Jesús

El caso de Cristo: Una investigación personal de un periodista de la evidencia de Jesús

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El caso de Cristo: Una investigación personal de un periodista de la evidencia de Jesús

valoraciones:
4/5 (104 valoraciones)
Longitud:
481 página
8 horas
Editorial:
Publicado:
Jun 26, 2009
ISBN:
9780829780192
Formato:
Libro

Descripción

ESTE IMPACTANTE EBOOK NO ES UNA NOVELA. ES UNA BÚSQUEDA SIN RESERVAS DE LA VERDAD ACERCA DE UNA DE LAS FIGURAS MÁS APASIONANTES DE LA HISTORIA AL FINAL. EL LECTOR DETERMINARÁ EL VEREDICTO EN EL CASO DE CRISTO.

Si usted fuera periodista, ¿cómo enfuertaría las noticias de una historia tan grande que podría eclipsar por completo a todos los demás hechos del mundo? ¿Cómo llevaría a cabo su investigación? ¿Cuántas preguntas capciosas haría? ¿Con cuánta cautela consultaría a los grandes expertos para obtener detalladas y veraces respuestas? Un experimentado periodista va en busca del gran suceso de la historia

El PROYECTO: Determinar si hay evidencia creíble de que Jesús de Nazaret es en verdad el Hijo de Dios.

EL REPORTERO: Lee Strobel, educado en la facultad de Leyes de la Universidad Yale, antiguo editor legal de periódico Chicago Tribune y ganador de varios reconocimientos, con antecedentes de ateísmo.

LOS EXPERTOS: Doce eruditos, con doctorados de la universidades de Cambridge, Princeton, Brandeis y otras prominentes instituciones, a quienes se les reconoce como autoridades sobre la vida de Jesús.

LA HISTORIA: Al volver sobre su trayectoria espiritual, Strobel interroga a los expertos con preguntas difíciles y bien directas: ¿Qué tan confiable es el Nuevo Testamento? ¿Existe evidencia extra bíblica acerca de Jesús? ¿Hay alguna razón para creer que la resurrección fue en verdad un hecho histórico?... 

Editorial:
Publicado:
Jun 26, 2009
ISBN:
9780829780192
Formato:
Libro

Sobre el autor

Atheist-turned-Christian LEE STROBEL is a former award-winning legal editor of The Chicago Tribune and a New York Times bestselling author of more than forty books and curricula that have sold fourteen million copies. He was described in the Washington Post as “one of the evangelical community’s most popular apologists.” He currently leads the Lee Strobel Center for Evangelism and Applied Apologetics at Colorado Christian University. Lee and his wife, Leslie, have been married for nearly fifty years. Visit him at LeeStrobel.com.


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Dentro del libro

Mejores citas

  • Lucas, el teólogo de los pobres y de la preocupación social; Mateo, el teólogo que trata de entender la relación entre el cristianismo y el judaísmo; Marcos, quien muestra a Jesús como el siervo sufriente.

  • Una de las lecciones más claras fue que la evidencia puede alinearse para apuntar hacia distintas direcciones.

  • Craig Blomberg, autor de The Historical Reliability of the Gospels [La confiabilidad histórica de los Evangelios].

  • Eso, pensé, fue aparentemente lo que Mateo hizo con Marcos: aunque Mateo tenía sus propios recuerdos como discípulo, su búsqueda de la exactitud lo llevó a confiar en cierto material que vino directamente de Pedro, en el círculo estrecho de Jesús.

  • Pero cuando cambié los cristales (cambiando mis prejuicios por un intento de objetividad) vi el caso bajo una nueva luz. Finalmente dejé que la evidencia me guiara a la verdad, sin importar si coincidía o no con mis presuposiciones.

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El caso de Cristo - Lee Strobel

Jesús.

INTRODUCCIÓN

Se reabre la investigación de toda una vida

En la jerga de los fiscales, el caso por intento de homicidio contra James Dixon era «un ganador seguro». Caso cerrado. Incluso un examen somero de la evidencia era suficiente para establecer que Dixon le había disparado al sargento Richard Scanlon en el abdomen durante una revuelta en la zona sur de Chicago.

Una pieza tras otra, un elemento tras otro, un testigo tras otro, la evidencia le ponía la soga al cuello a Dixon. Había huellas dactilares y un arma, testigos y un motivo, un policía herido y un acusado con un historial de violencia. El sistema de justicia penal estaba en posición para accionar la palanca del patíbulo que dejaría a Dixon colgado por el peso de su culpa.

Los hechos eran sencillos. El sargento Scanlon se había apresurado a llegar a la calle 108 Place del oeste luego de que un vecino llamara a la policía para denunciar a un hombre con una pistola. Al llegar Scanlon encontró a Dixon discutiendo acaloradamente con su novia, quien se hallaba tras la puerta de su casa. El padre salió cuando vio a Scanlon, pensando que estaría seguro.

De pronto Dixon y el padre comenzaron a pelear. El sargento intervino rápidamente en un intento por separarlos. Se escuchó un disparo; Scanlon se apartó tambaleándose con una herida en la sección media. En ese momento llegaron dos patrullas más que frenaron estrepitosamente, y los oficiales corrieron a sujetar a Dixon.

Encontraron cerca de allí un revólver calibre veintidós perteneciente a Dixon (con sus huellas digitales, con el cual se había hecho un disparo), en el lugar donde aparentemente lo había arrojado después del tiroteo. El padre había estado desarmado; el revólver de Scanlon permanecía en su cartuchera. Las quemaduras de pólvora en la piel de Scanlon indicaban que se le había disparado a muy corta distancia.

Afortunadamente, la herida no era de muerte aunque resultó lo suficientemente seria como para hacerle ganar una medalla al valor, que le colocó en el pecho el propio superintendente de policía. En cuanto a Dixon, cuando la policía investigó sus antecedentes penales, descubrió que había sido condenado por haberle disparado a otra persona. Aparentemente tenía propensión a la violencia.

Allí me encontraba casi un año después, tomando notas en un juzgado de Chicago casi desierto mientras Dixon confesaba públicamente que sí era culpable de disparar contra ese veterano de quince años en la policía. Además de todas las otras pruebas, la confesión lo confirmó. El juez del tribunal penal Frank Machala sentenció a Dixon a prisión y luego golpeó con el martillo para indicar que el caso estaba cerrado. Se había hecho justicia.

Guardé mi libreta de notas en el bolsillo de mi chaqueta deportiva y bajé hasta la sala de prensa. Como mucho, mi editor me daría unos tres párrafos para relatar la noticia en la siguiente edición del Chicago Tribune. Por cierto, era todo lo que merecía. No había mucho que decir.

Al menos pensé eso.

EL SUSURRO DE UN INFORMANTE

Al contestar el teléfono en la sala de prensa reconocí aquella voz de inmediato: era un informante con el que me había relacionado el año que estuve cubriendo el edificio del tribunal penal. Me di cuenta de que tenía algo peligroso para mí porque cuanto más grande era el soplo, más rápido y más bajo hablaba; y estaba susurrando a una milla por minuto.

—Lee, ¿conoces el caso Dixon? —me preguntó.

—Sí, seguro —le respondí—. Lo cubrí dos días atrás. Cosa de rutina.

—No estés tan seguro. Se dice que unas semanas antes del tiroteo, el Sargento Scanlon estuvo en una fiesta, haciendo alarde de su revólver pluma.

—¿Su qué?

—Un revólver pluma. Es una pistola calibre veintidós diseñada para que parezca una pluma de fuente. Portarlas es ilegal para cualquiera, incluso para un policía.

Al decirle que no veía qué importancia tenía, su voz se volvió más animada aún.

—Es así: Dixon no le disparó a Scanlon. Él resultó herido cuando su propio revólver pluma se disparó accidentalmente en el bolsillo de su camisa. Incriminó a Dixon para no meterse en problemas por portar un arma no autorizada. ¿No te das cuenta? Dixon es inocente.

—¡Imposible! —exclamé.

—Mira tú las pruebas —fue su respuesta—. Mira hacia dónde apunta realmente.

Colgué el teléfono y subí corriendo a la oficina del fiscal, haciendo una pausa breve para recobrar el aliento antes de entrar.

—¿Conoce el caso Dixon? —pregunté como al pasar, para no dar a conocer mi juego tan pronto—. Si no le es molestia, quisiera repasar los detalles una vez más.

Se puso pálido.

—Eh, no puedo hablar sobre eso —tartamudeó—. Sin comentarios.

Resultó ser que mi informante ya había comunicado sus sospechas a la oficina del fiscal. Detrás de escena, se había convocado a un jurado de acusación para reconsiderar la evidencia. Sorprendente e inesperadamente, se reabría el que fuera el caso una vez cerrado contra James Dixon.

NUEVOS HECHOS PARA UNA NUEVA TEORÍA

Al mismo tiempo, comencé mi propia investigación, estudiando la escena del crimen, entrevistando a los testigos, hablando con Dixon y examinando las pruebas físicas. Al evaluar el caso detenidamente, sucedió algo extraño: todos los nuevos hechos que descubría (incluso la antigua evidencia que antes apuntaba en forma contundente a la culpabilidad de Dixon) se ajustaban cómodamente a la teoría del revólver pluma.

Los testigos dijeron que antes de que Scanlon llegara a la escena, Dixon había estado golpeando la puerta de la casa de su novia con el revólver. El revólver se disparó hacia abajo; en el cemento del portal había una astilladura que respondía a un impacto de bala. Esto daría cuenta de la bala que faltaba en el revólver de Dixon.

Dixon dijo que no quería que lo atraparan con un revólver en su poder así que lo escondió en unas hierbas de la acera de enfrente antes de que llegara la policía. Encontré un testigo que lo corroboró. Esto explicaría porqué se encontró el revólver cerca de la escena del tiroteo aunque nadie había visto a Dixon arrojarlo.

Había quemaduras de pólvora concentradas adentro (pero no encima) del bolsillo izquierdo de la camisa de Scanlon. El orificio de la bala estaba en el fondo del bolsillo. Conclusión: de alguna manera, se había disparado un arma en el interior del bolsillo.

Contrariamente a las declaraciones del informe de la policía, la trayectoria de la bala había sido en un ángulo descendente. Debajo del bolsillo de la camisa de Scanlon había una rasgadura ensangrentada por donde la bala había salido después de pasar por algo de carne.

Los antecedentes penales de Dixon no contaban toda su historia. Aunque había pasado tres años en prisión por un tiroteo anterior, la corte de apelaciones lo liberó después de dictaminar que había sido encarcelado injustamente. Resultó ser que la policía había ocultado a un testigo clave para la defensa y que un testigo de la fiscalía había mentido. Ese era el historial de tendencias violentas de Dixon.

SE LIBERA A UN HOMBRE INOCENTE

Finalmente le hice la pregunta crucial a Dixon:

—Si era inocente, ¿por qué se declaró culpable?

Dixon suspiró.

—Fue un convenio de alegación de culpabilidad —explicó, refiriéndose a la práctica de los fiscales de recomendar una sentencia reducida si el acusado se declara culpable y de ese modo le ahorra a todos el tiempo y el costo de un juicio.

—Dijeron que si me declaraba culpable, me sentenciarían a un año en prisión. Ya había estado trescientos sesenta y dos días en la cárcel a la espera de mi juicio. Solo tenía que admitir que lo había hecho y saldría en unos días. Pero si insistía en ir a juicio y el jurado me declaraba culpable… me tirarían con todo el peso de la ley. Me darían veinte años por dispararle a un policía. No valía la pena arriesgarme. Solo quería regresar a casa…

—Entonces, admitiste haber hecho algo que no hiciste —le dije.

Dixon asintió.

—Exacto.

Finalmente Dixon fue exonerado y después ganó un proceso contra el departamento de policía. Le quitaron la medalla a Scanlon, fue acusado por un jurado de acusación, declarado culpable de incumplimiento de deberes oficiales y fue despedido del departamento. En cuanto a mí, mis notas salieron en primera plana. Y lo que es más importante, aprendí grandes lecciones en mis días de periodista joven.

Una de las lecciones más claras fue que la evidencia puede alinearse para apuntar hacia distintas direcciones. Por ejemplo, fácilmente había suficientes pruebas para condenar a Dixon por dispararle al sargento. Pero las preguntas claves eran las siguientes: ¿La recopilación de pruebas había sido exhaustiva? ¿Qué explicación se ajusta mejor a la totalidad de los hechos? Una vez que se presentó la teoría del revólver pluma, resultó claro que ese argumento daba razón de todo el cuerpo de evidencia de manera óptima.

Y hubo otra lección. Una razón por la que la evidencia al principio me pareció tan convincente fue porque se ajustaba a mis ideas preconcebidas de ese entonces. Para mí, Dixon era evidentemente un camorrista, un fracaso, el producto desempleado de un hogar roto. Los policías eran los buenos. Los fiscales no se equivocaban.

Al mirar a través de esos cristales, toda la evidencia original parecía caer en su justo lugar. Donde había inconsecuencia o lagunas, yo, ingenuamente, las encubría. Cuando la policía me dijo que el caso estaba cerrado, les tomé la palabra y no seguí con la indagación.

Pero cuando cambié los cristales (cambiando mis prejuicios por un intento de objetividad) vi el caso bajo una nueva luz. Finalmente dejé que la evidencia me guiara a la verdad, sin importar si coincidía o no con mis presuposiciones.

Esto ocurrió veinte años atrás. Mis mayores lecciones estaban todavía por llegar.

DE DIXON A JESÚS

Conté este caso poco común porque de cierta forma mi peregrinaje espiritual fue muy parecido a mi experiencia con James Dixon.

Por mucho tiempo fui un escéptico. En verdad, me consideraba ateo. Para mí, había demasiada evidencia de que Dios era simplemente un producto de la fantasía, de la mitología antigua, de la superstición primitiva. ¿Cómo podría existir un Dios amoroso si condenaba a la gente al infierno solo por no creer en él? ¿Cómo pueden los milagros transgredir las leyes básicas de la naturaleza? ¿Acaso la evolución no explicó satisfactoriamente el origen de la vida? ¿Acaso la razón científica no erradica la creencia en lo sobrenatural?

Y en cuanto a Jesús, ¿acaso no sabías que él nunca dijo ser Dios? Fue un revolucionario, un sabio, un judío iconoclasta; pero ¿Dios? No, ¡eso nunca se le había ocurrido! Pudiera indicarte numerosos profesores universitarios que dijeron eso; y de seguro son dignos de confianza, ¿no es así? Reconozcámoslo: hasta una inspección somera de la evidencia demuestra en forma convincente que Jesús solo fue un ser humano como tú y como yo, aunque con dones inusuales de bondad y sabiduría.

Pero eso era todo lo que yo había hecho con la evidencia: una inspección somera. Había leído lo suficiente sobre filosofía e historia como para encontrar fundamento para mi escepticismo; un hecho por aquí, una teoría científica por allá, una cita concisa, un argumento ingenioso. Seguro, podía ver algunos baches e inconsecuencias, pero tenía una fuerte motivación para ignorarlas: un estilo de vida egoísta e inmoral que me vería obligado a abandonar si alguna vez decidiera cambiar mi punto de vista y convertirme en un seguidor de Jesús.

Con respecto a mí, el caso estaba cerrado. Para mí había suficientes pruebas como para quedarme tranquilo con la conclusión de que la divinidad de Jesús no era más que la invención fantasiosa de gente supersticiosa.

O creí eso.

RESPUESTAS PARA UN ATEO

No fue el llamado de un informante lo que me llevó a reexaminar el caso Cristo. Fue mi esposa.

Leslie me dejó aturdido en el otoño de 1979 al anunciarme que se había convertido en cristiana. Apreté los ojos y me preparé para lo peor, sintiéndome como la víctima de un engaño de cambio de carnada. Me había casado con una Leslie; la Leslie divertida, la Leslie despreocupada, la Leslie arriesgada, y ahora temía que se convirtiera en una especie de puritana sexualmente reprimida que cambiaría nuestro estilo de vida ascendentemente versátil por vigilias de oración y trabajo voluntario en mugrientos comedores de beneficencia.

En lugar de eso, me sorprendí gratamente; incluso fascinado, por los cambios fundamentales en su carácter, su integridad y su confianza personal. Finalmente quise llegar al fondo de lo que estaba generando estos cambios sutiles pero significativos en las actitudes de mi esposa, por lo que inicié una investigación exhaustiva de los hechos entorno al caso a favor del cristianismo.

Dejando de lado mi egoísmo y mis prejuicios lo mejor que pude, leí libros, entrevisté expertos, hice preguntas, analicé la historia, exploré la arqueología, estudié literatura antigua y por primera vez en mi vida desmenucé la Biblia versículo por versículo.

Me lancé al caso con más vigor que el de cualquier otra noticia que jamás había perseguido. Apliqué el entrenamiento que recibí en la Facultad de Derecho de Yale al igual que mi experiencia como editor en asuntos legales para el Chicago Tribune. Con el paso del tiempo, la evidencia del mundo (de la historia, la ciencia, la filosofía, la sicología) comenzaron a apuntar hacia lo impensable.

Era como volver al caso Dixon.

JUZGA POR TI MISMO

Quizás tú también hayas basado tu perspectiva espiritual en la evidencia que has observado a tu alrededor o que has extraído de libros tiempo atrás, profesores universitarios, parientes o amigos. Pero ¿acaso es realmente tu conclusión la mejor explicación de los hechos? Si tuvieras que excavar más profundo; enfrentar tus pre conceptos y desenterrar las pruebas sistemáticamente, ¿qué encontrarías?

De eso se trata este libro. En realidad, voy a regresar y a ampliar el viaje espiritual que realicé durante casi dos años. Te llevaré conmigo mientras entrevisto a trece eruditos y expertos con credenciales académicas impecables.

He cruzado el país, de Minnesota a Georgia, de Virginia a California, para obtener sus opiniones expertas, desafiarlos con las objeciones de mis tiempos de escepticismo, forzarlos a defender su posición con datos sólidos y argumentos convincentes, y probarlos precisamente con las mismas preguntas que tú les harías si tuvieras la oportunidad.

En esta búsqueda de la verdad utilicé mi experiencia como periodista en asuntos legales para considerar varios tipos de prueba: la prueba ocular, la prueba documental, la prueba corroborativa, la prueba refutatoria, la prueba científica, la prueba sicológica, la prueba circunstancial y sí, hasta la prueba dactilar (¿no suena intrigante esta última?).

Estas son las mismas clasificaciones que encuentras en una corte. Y quizá adoptar la perspectiva legal es la mejor manera para imaginar este proceso; contigo en el papel de jurado.

Si fueras seleccionado para el jurado de un juicio real, se te pediría que asegures delante de todos que no te has hecho preconceptos sobre el caso. Se te exigiría que juraras que mantendrás una perspectiva amplia, serás justo y que derivarás tus conclusiones del peso de los hechos y no de tus caprichos o prejuicios. Serías instado a que consideres minuciosamente la credibilidad de los testigos, que examines el testimonio cuidadosamente, y que sometas rigurosamente la evidencia a tu lógica y sentido común. Te pido que hagas lo mismo al leer este libro.

Al fin y al cabo la responsabilidad de los jurados es llegar a un veredicto. Eso no significa que tienen el cien por ciento de certeza, porque no podemos tener una prueba absoluta de nada en esta vida. En un juicio, se le pide a los jurados que consideren la evidencia y que lleguen a la mejor conclusión posible. Es decir, volviendo al caso James Dixon, ¿qué argumento se ajusta mejor a los hechos?

Esa es tu tarea. Espero que la tomes en serio porque quizá esté en juego mucho más que vana curiosidad. Si se le ha de creer a Jesús (y sé que quizá para ti este sea un si condicional muy grande en este momento), no hay nada más importante que la forma en la que respondes ante él.

¿Quién es él en verdad? ¿Quién decía ser? Y ¿hay alguna evidencia creíble para sustentar sus afirmaciones? Eso es lo que buscamos determinar al abordar un vuelo a Denver para realizar nuestra primera entrevista.

PRIMERA PARTE

El examen del expediente

1

LA PRUEBA OCULAR

¿Son dignas de confianza las biografías de Jesús?

Cuando conocí a Leo Carter, tímido y de voz suave, era un veterano de diecisiete años del peor barrio de Chicago. Su testimonio había puesto a tres asesinos tras las rejas. Y todavía tenía una bala calibre treinta y ocho en el cráneo, un espantoso recuerdo de una terrible historia que comenzó cuando vio a Elijah Baptist matar a tiros a un empleado de una tienda local de víveres.

Leo y un amigo, Leslie Scott, estaban jugando al baloncesto cuando vieron a Elijah, en ese entonces un delincuente de dieciséis años con treinta arrestos en su historial, asesinando a Sam Blue fuera de su tienda.

Leo conocía al dueño de la tienda desde niño.

—Cuando no teníamos nada que comer, él nos daba algo —me contó Leo calladamente—. Así que cuando fui al hospital y me dijeron que estaba muerto, supe que tenía que declarar sobre lo que había visto.

El testimonio de testigos oculares es poderoso. Uno de los momentos más dramáticos en un juicio oral es cuando un testigo describe en detalle el delito que vio y luego señala con confianza al acusado como su perpetrador. Elijah Baptist sabía que la única forma de no ir a prisión era de impedir de alguna manera que Leo Carter y Leslie Scott hicieran precisamente eso.

Así que Elijah y dos de sus compañeros salieron de cacería. Pronto rastrearon a Leo y Leslie, quienes estaban caminando por la calle con Henry, el hermano de Leo, y los arrastraron a punta de pistola hacia un puerto de carga cercano y oscuro.

—Me caes bien —le dijo el primo de Elijah a Leo—, pero tengo que hacerlo.

Y luego puso la pistola contra la nariz de Leo y haló el gatillo.

La pistola detonó; la bala penetró en ligero ángulo, cegó el ojo derecho de Leo y quedó alojada en su cabeza. Cuando se desplomó al piso, se disparó otro tiro y esa bala quedó a cinco centímetros de su columna vertebral.

Desde su posición tendido por el suelo, simulando estar muerto, Leo vio a su hermano sollozante y a su amigo ejecutados sin piedad a quemarropa. Cuando Elijah y su pandilla huyeron, Leo se arrastró a un lugar seguro.

De alguna manera, contra todo presagio, Leo sobrevivió. La bala, demasiado comprometida para poder quitarla, permaneció en su cráneo. A pesar de fuertes jaquecas que los medicamentos potentes no podían aplacar, se convirtió en el único testigo ocular contra Elijah Baptist en el juicio por el asesinato de Sam Blue. Los jurados le creyeron a Leo y Elijah fue sentenciado a ochenta años en la cárcel.

Nuevamente Leo fue el único testigo que declaró contra Elijah y sus dos acompañantes en los asesinatos de su hermano y su amigo. Y una vez más, su palabra sirvió para mandar al trío a la cárcel por el resto de sus vidas.

Leo Carter es uno de mis héroes. Logró que se hiciera justicia, aunque pagó un precio muy alto. Cuando pienso en el testimonio de testigos oculares, aún hoy, más de veinte años después, su cara todavía vuelve a mi mente.¹

TESTIMONIO DE TIEMPOS LEJANOS

Sí, el testimonio de un testigo ocular puede ser convincente. Cuando un testigo ha tenido amplia oportunidad para observar un delito, cuando no hay parcialidad o motivos ulteriores, cuando el testigo es veraz y justo, el acto crucial de señalar al acusado en el tribunal puede ser suficiente para condenar a esa persona a la cárcel o algo peor.

Y el testimonio de un testigo ocular es también crucial en la investigación de asuntos históricos; incluso el tema si Jesucristo es o no el único Hijo de Dios.

Pero ¿con qué relatos de testigos oculares contamos? ¿Contamos con el testimonio de alguien que haya interactuado personalmente con Jesús, que haya escuchado sus enseñanzas, que haya visto sus milagros, que haya sido testigo de su muerte y que quizás hasta se haya encontrado con él después de su supuesta resurrección? ¿Contamos con algún material de «periodistas» del siglo I que entrevistaron a testigos oculares, hicieron preguntas difíciles, y registraron fielmente lo que determinaron meticulosamente ser cierto? De la misma importancia es ¿cómo soportarían estos relatos el escrutinio de los escépticos?

Yo sabía que de la misma forma que el testimonio de Leo Carter dictaminó la condena de tres asesinos brutales, los relatos de testigos oculares desde las sombras de tiempos lejanos podrían ayudar a resolver el tema espiritual más importante de todos. Para conseguir respuestas sólidas, hice los arreglos para entrevistar al nacionalmente famoso erudito que literalmente escribió el libro sobre la materia: el Dr. Craig Blomberg, autor de The Historical Reliability of the Gospels [La confiabilidad histórica de los Evangelios].

Sabía que el Dr. Blomberg era inteligente; Por cierto que hasta su apariencia coincidía con el estereotipo. Alto (un metro noventa centímetros) y espigado, pelo castaño corto y ondulado, peinado hacia adelante sin ceremonias, barba poblada, espejuelos gruesos sin marco, parecía ser del tipo que se gradúa con los máximos honores de la escuela secundaria (sí lo era), un erudito emérito en el ámbito nacional (sí lo era), un graduado con magna cum laude [máximos honores] de un prestigioso seminario (sí lo era, de Trinity Evangelical Divinity School).

Pero yo quería alguien que fuera más que inteligente o educado. Estaba buscando un experto que no disimulara matices o que despreocupadamente desechara objeciones a los documentos del cristianismo. Quería alguien con integridad, alguien que ha luchado con las críticas más potentes contra la fe y que habla con autoridad pero sin ese tipo de declaraciones generalizadas que encubren en vez de tratar con problemas decisivos.

Me dijeron que Blomberg era exactamente lo que estaba buscando y volé a Denver preguntándome si él cumpliría las expectativas. Debo admitir que tenía ciertas dudas, en especial cuando mi investigación reveló un hecho profundamente perturbador que es probable que él hubiera preferido que permaneciera oculto: Blomberg aún tiene esperanzas de que sus amados héroes de la niñez, los Chicago Cubs, ganarán la Serie Mundial antes de que él muera.

Sinceramente, eso era suficiente como para hacerme sospechar de su discernimiento.

LA PRIMERA ENTREVISTA: DR. CRAIG L. BLOMBERG

Craig Blomberg se considera ampliamente uno de los principales expertos en el ámbito nacional en cuanto a las biografías de Jesús, conocidas como los cuatro Evangelios. Recibió su doctorado en el Nuevo Testamento de Aberdeen University en Escocia, más tarde se desempeñó como catedrático investigador principal en Tyndale House en Cambrigde University, Inglaterra, donde formó parte de un grupo élite de eruditos internacionales que produjo una serie de trabajos elogiados sobre Jesús. Durante más de diez años se ha desempeñado como profesor de Nuevo Testamento en el respetado Denver Seminary.

Los libros de Blomberg son, entre otros, Jesus and the Gospels [Jesús y los Evangelios]; Interpreting the Parables [Interpretación de las parábolas]; How Wide the Divide? [¿Cuán grande es la brecha?]; y comentarios del Evangelio de Mateo y 1 Corintios. También ayudó a editar el volumen seis de Gospel Perspectives [Perspectivas del Evangelio], que trata exhaustivamente los milagros de Jesús, y fue el coautor de Introduction to Biblical Interpretation [Introducción a la Interpretación Bíblica]. Contribuyó con capítulos sobre el valor histórico de los Evangelios para el libro Reasonable Faith [Fe Razonable] y el premiado Jesus under Fire [Jesús bajo Fuego]. Es miembro de Society for the Study of the New Testament [Sociedad para el Estudio del Nuevo Testamento], Society of Biblical Literature [Sociedad de Literatura Bíblica] y de Institute for Biblical Research [Instituto de Investigación Bíblica], entre otros.

Tal como lo esperaba, su oficina tenía más que su medida de volúmenes de estudio apretados en los libreros (incluso tenía puesta una corbata ornamentada con dibujos de libros).

Sin embargo, noté enseguida que las paredes de su oficina estaban dominadas no por tomos empolvados de historiadores antiguos sino por trabajos de arte de sus hijas pequeñas. Sus representaciones llenas de colorido y caprichosas de llamas, casas y flores no estaban colgadas con tachuelas al azar como una ocurrencia nueva casual; evidentemente se habían tratado como premios: montadas con esmero, enmarcadas con cuidado y firmadas personalmente por las propias Elizabeth y Rachel. Está claro, me dije, este hombre tiene cerebro, pero también tiene corazón.

Blomberg habla con la precisión de un matemático (sí, también enseñó matemáticas al principio de su carrera), midiendo cuidadosamente cada palabra muestra de una evidente renuencia a dar un paso ni un milímetro más allá de lo que garantiza la evidencia. Justo lo que estaba buscando.

Mientras se acomodaba en un sillón, taza de café en mano, yo también bebí un poco de café para alejar un poco el frío de Colorado. Como percibí que Blomberg era un tipo de los que van al grano, decidí comenzar la entrevista yendo directo al grano.

TESTIGOS OCULARES DE LA HISTORIA

—Dígame —le dije con un tono de desafío en la voz—, ¿es posible ser una persona inteligente con sentido crítico y aún creer que los cuatro Evangelios fueron escritos por las personas cuyos nombres les han atribuido?

Blomberg apoyó su taza en el borde del escritorio y me miró resueltamente.

—La respuesta es sí —respondió con convicción. Se reclinó y continuó—.

Es importante reconocer que en sentido estricto los Evangelios son anónimos. Pero el testimonio uniforme de la iglesia primitiva era que Mateo, conocido también como Leví, el recaudador de impuestos y uno de los tres discípulos fue el autor del primer Evangelio del Nuevo Testamento; que Juan Marcos, el compañero de Pedro, fue el autor del Evangelio que llamamos Marcos; y que Lucas, conocido como el «médico amado» de Pablo, escribió ambos, el Evangelio de Lucas y Hechos de los Apóstoles.

—¿Qué uniforme es la creencia de que ellos fueron los autores? —pregunté.

—No se conocen competidores para estos tres Evangelios —respondió—. Parece que simplemente no estaba en tela de juicio.

Aun así, quise seguir probando la cuestión.

—Perdone mi escepticismo —comenté—, pero ¿tendría alguien algún motivo para mentir al alegar que estas personas escribieron los Evangelios cuando en realidad no lo hicieron?

Blomberg negó con la cabeza.

—Probablemente no. Recuerde, estos eran personajes improbables —dijo asomando una sonrisa—. Marcos y Lucas no fueron dos de los doce discípulos. Mateo sí, pero como había sido un recaudador de impuestos odiado, ¡pudiera haber sido el personaje más infame, junto con Judas Iscariote, quien traicionó a Jesús!

»Contrástelo con lo que sucedió cuando se escribieron los fantasiosos evangelios apócrifos mucho tiempo después. La gente eligió los nombres de figuras reconocidas y ejemplares para ser sus autores ficticios: Felipe, Pedro, María, Jacobo. Esos nombres tenían más peso que los de Mateo, Marcos y Lucas. Así que para responder a su pregunta, no habría habido razón alguna para atribuirle su autoría a estas tres personas poco respetadas si no fuera cierto.

Sonaba lógico pero era evidente que por conveniencia estaba dejando de lado a uno de los escritores de los Evangelios.

—¿Y Juan? —pregunté—. Era una figura muy prominente; en realidad, no era simplemente uno más de los discípulos sino uno de los tres más cercanos a Jesús, junto con Pedro y Jacobo.

—Sí, él es la única excepción —admitió Blomberg asintiendo con la cabeza—. Y es interesante que Juan es el único Evangelio sobre el que existen dudas acerca de su autor.

—¿Qué es exactamente lo que se discute?

—Sobre el nombre del autor no hay dudas; ciertamente es Juan —respondió Blomberg—. La cuestión es si fue Juan el apóstol u otro Juan.

»Verá, el testimonio de un escritor cristiano llamado Papías, alrededor del año 125 d.C., hace referencia a Juan el apóstol y a Juan el anciano, y no se aclara en el contexto si está hablando de una persona desde dos perspectivas o de dos personas distintas. Pero salvo esa excepción, el resto del testimonio primitivo es unánime en cuanto a que fue Juan el apóstol, el hijo de Zebedeo, quien escribió el Evangelio.

—Y usted —dije en un esfuerzo para que siguiera hablando—, está convencido de que él lo hizo.

—Sí, creo que la mayor parte importante del material, apunta al apóstol —contestó—. Sin embargo, si usted lee el Evangelio atentamente, se puede ver una cierta indicación de que los versículos finales pueden haber recibido el toque final de un editor. Por mi parte, no tengo inconveniente en creer que alguien muy cercano a Juan haya cumplido ese papel, dando forma a los últimos versículos y probablemente creando la uniformidad estilística de todo el documento.

»Pero en cualquier caso —subrayó—, el Evangelio evidentemente está basado en material de testigos oculares, al igual que los otros tres Evangelios.

AHONDEMOS EN LOS DETALLES

Aunque apreciaba los comentarios de Blomberg hasta ese momento, todavía no estaba listo para seguir avanzando. La cuestión de quién escribió los Evangelios es de tremenda importancia, y yo quería detalles específicos: nombres, fechas, citas. Terminé mi café y puse la tasa sobre su escritorio. Con la pluma en mano, me preparé para excavar más profundo.

—Volvamos a Marcos, Mateo y Lucas —dije—. ¿Qué pruebas específicas tiene usted de que ellos son los autores de los Evangelios?

Blomberg se inclinó hacia delante.

—De nuevo, el testimonio más antiguo y probablemente más significativo viene de Papías, quien, alrededor del año 125 d.C., afirmó específicamente que Marcos había registrado cuidadosa y fielmente el testimonio ocular de Pedro. Es más, dijo que Marcos no cometió ningún error y no incluyó ninguna declaración falsa. Y Papías dijo que Mateo también había preservado las enseñanzas de Jesús.

—Luego Ireneo, quien escribió alrededor de 180 d.C., confirmó la autoría tradicional. Por cierto, aquí… —dijo mientras tomaba un libro. Pasó las hojas y leyó las palabras de Ireneo:

Mateo publicó su propio Evangelio entre los hebreos en su propia lengua, cuando Pedro y Pablo estaban predicando el evangelio en Roma y fundando la iglesia allí. Después de su partida, Marcos, el discípulo e intérprete de Pedro, él mismo nos dejó por escrito la esencia de la predicación de Pedro. Lucas, seguidor de Pablo, asentó en un libro el evangelio predicado por su maestro. Luego Juan, el discípulo del Señor, quien también se recostaba sobre su pecho, produjo su Evangelio mientras vivía en Éfeso en Asia.²

—Muy bien—, dije al levantar mi vista de las notas—, permítame aclarar esto. Si podemos tener confianza en que los Evangelios fueron escritos por los discípulos Mateo y Juan, por Marcos, el compañero del discípulo Pedro, y por Lucas, el historiador, compañero de Pablo y una especie de periodista del siglo I, podemos estar seguros de que los hechos que registran están basados en el testimonio, directo o indirecto, de testigos oculares.

Mientras hablaba, Blomberg estaba colando mis palabras. Cuando terminé, asintió.

—Exactamente —dijo con firmeza.

BIOGRAFÍAS ANTIGUAS FRENTE A BIOGRAFÍAS MODERNAS

Aun había algunos aspectos conflictivos de los Evangelios que tenía que aclarar. En particular, quería entender mejor el tipo de género literario que representaban.

—Cuando voy a la librería y busco la sección de biografías, no veo el tipo de escritura que ve veo en los Evangelios —expliqué—. Cuando alguien escribe una biografía en la actualidad, indagan minuciosamente la vida de la persona. Pero considere a Marcos; él no habla del nacimiento de Jesús o prácticamente nada acerca de los primeros años de la madurez de Jesús. En cambio, se centra en un período de tres años y dedica la mitad

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre El caso de Cristo

4.0
104 valoraciones / 48 Reseñas
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Reseñas de lectores

  • (5/5)
    When a prominent journalist decides to prove his wife's faith is based on myth and superstition, he digs deeper and deeper into the study of the Bible and the historical records. What he finds changes his life and his marriage. Based on a true story, this book has also been made into a movie.
  • (5/5)
    Lee Strobel asks some tough questions about Christianity and as a crime reporter knows how to get some answers.
  • (4/5)
    Sounded like it'd be "investigative", but seemed more the author lobbing himself softballs, and cheering himself on hitting them out of the park. Having said that, it was a fairly enjoyable read, and I've got Case for Faith on my stack to read. And the closing few pages were worth the rest of the book, IMO.
  • (1/5)
    The first of what became a string of "The Case for..." books, presented under the guise of 'fair and balanced investigative journalism' but is actually nothing more than an opportunity for Strobel to lob soft balls at his favourite fundamentalist preachers so that they can make his case for him. Strobel's stated intent is a lie. He has not set out to present a true treatment of the issues but to evangelise, pure and simple. A true investigation by an investigative journalist would have included opinions and research from people who actually hold the contra-positions - positions that Strobel simply constructs 'straw man' versions of to give the illusion of asking the tough questions. An appallingly bad book.
  • (5/5)
    This is a great and easy read. I read this as a skeptic before becoming a Christian and it helped me find a starting point in my own search for Christ.
  • (4/5)
    The author builds a strong case that Christ was a real person and actually performed miracles.
  • (4/5)
    I found many aspects of Strobel’s book enlightening and very thought provoking. He interviews many experts on the documentation for the New Testament. The book dispels many of the myths surrounding what people “think” they know about the Bible and covers many aspects of reliability for the Bible and for Christ that many people, including Christians, just are not aware of. In this book, he also gives good demonstration that there is quite a body of attestation for Jesus’ existence in history.There were minor parts in which I disagreed with what was said, but those mainly pertained to certain interpretations or positions of doctrine that either Strobel or an interviewee and made, not necessarily to the topic of the reliability of the Bible or to the Messiah. Over all, a very good book and worth the read.There have been those who complain that Strobel doesn’t interview those who “have a case against Christ”. This is true, but to be fair to the author, he never intended to do this and doesn’t purport to. He is simply putting out the case for Christ, not against. Besides, what other books out there, by atheist or otherwise, write both pro and con arguments? Not many at all. You’re more likely to find those in academia any way.
  • (4/5)
    It accomlishes what it set out to do. It's an easy way to get an overview of the questions that often come up when talking about the historical realities of the death/life of JC. This stuff is not really my bag, but for what it is it's great.
  • (5/5)
    This was a very interesting and compelling book. I read it as a believer, so I needed no convincing, but I liked reading the way an attorney approaches the subject.
  • (3/5)
    Very good documentation of how Jesus stands up to scholarly historical scrutiny. Helped bolster my faith though I'm looking even more forward to reading The Case for Faith.
  • (4/5)
    The author was an atheist when his wife of many years became a Christian. He was quite dismayed and expected her to become a dull and boring person. When she didn't, he decided to use his skills as an investigative reporter to see if the case for Christ would stand up in a court of law. He crisscrossed the country interviewing authorities.Strobel had an easy interview and writing style, but the book was very dense. Nevertheless, I'm glad that I read it.Karen chose this book for book discussion with New England Memorial Church.
  • (5/5)
    Lee Strobel interviews and investigates some of the top religious, scientists, archeologists to come up with this book...to say there really was a Jesus Christ that walked among the earth and he is the son of God. Praise be to God for Lee. If you struggle with explaining Jesus to someone you love, give them this book.
  • (5/5)
    This book examines the evidence for Jesus by interviewing a dozen academics who specialise in a variety of different fields. Evidence that was examined included scientific, medical psychological evidence and also examination of the Bible and other historical documents. It would be great book for anyone seeking evidence for the existance of Jesus as the Messiah. A great book to recommend to non-Christian friends.
  • (3/5)
    This was one of the first books I read in 2002 as God starting working His power in my life. It encouraged and emboldened me. The chapter on the death and subsequent resurrection were informative, sobering and comforting. It is a great book to give to an unbeliever who will take the time to read it.
  • (3/5)
    This tool has been helping me answer questions from a friend who is struggling to find truth. What excites me about this book is that the story of Jesus, as told in the Gospels, is not only reliable, it is reliable in many categories. The internal and external proofs are overwhelming, and anyone who is sincerely looking for answers can be assured Jesus really lived on earth, died on the cross, and rose from the dead on the third day.
  • (5/5)
    So amazing. The man went from being an antagonistic Athiest to a born again Christian--it's a great read for everyone in that spectrum. I like how he used secular writings from the 1st century as well as the culture of the early church to help us understand different aspects of the history behind Christ's story.He asked the logic questions that most people have, and the answers he found are very convicting. I have a new found love for Luke as a historian, and the preface to his gospel makes me smile. I also like how he breaks up his research into different parts, and the part I most appreciated was the information on Resurrection of Christ.I'm proud that a professor from my Alma Mater, Liberty University, was referenced!
  • (1/5)
    This book could easily be called "Lee Strobel Speculates Wildly from Unconvincing Premises" or "Lee Strobel Interviews People that Agree With Him". This book is a strange combination of soft-ball interview questions and absurd leaps of logic. Lee Strobel may once have been an atheist, but if he was he wasn't a particularly thoughtful one. You would have to have no knowledge of logical fallacies and no understanding of history or human psychology in order to be convinced by these arguments.
  • (5/5)
    Lee Strobel's book got really big when I was in college and he makes a really good argument for why the Creationism theory isn't so far-fetched. I really love his stuff - he looks at everything through the lens of a journalist, someone who is investigating the situation and trying to come to conclusions.
  • (3/5)
    I'm currently reading this book. I have a couple of religious books that I have lined up for reading. And this is the first. I'll be sure to tell you all what I think when I'm done with this one. But so far it's pretty good.
  • (5/5)
    This book is one of the most satisfying and comprehensive treatments of both text-internal and historical evidence that I have seen. The writing is compelling and accessible to readers of many ages and theological backgrounds. Having read it three times in the past nine years, I am more able to see now how this type of work is insufficient to replace the Holy Spirit in opening someone's heart to the truth, but Louis Lapides' comment in the book still holds true, that in our day and age, "No one can say, 'There is no information.'" This book is a fantastic jumping-off point for getting that information, both for believers looking for ways to defend the faith and for non-believers looking to evaluate whether there really is any good evidence.
  • (1/5)
    Do yourself a favor. If you're not already a Christian nothing this book insists is evidence is even slightly convincing. If you are a Christian don't give this to you're non-Christian friends to try and convert them, you'll just annoy them (and waste your money).It is obvious to any skeptic reading this book, that for all of Strobel's insistence that he was a hardcore atheist and bristling skeptic he has absolutely no idea what sort of questions and answers matter to skeptics. Nor does his interaction with his all Christian interviewees suggest anything but compliant and soft handling. He appears to be wearing two or three pairs of kid gloves. He'll say that he can't let them off the hook and that he's going to give them a tough question and then lob some sort of crackpot theory no self respecting skeptic would ever take seriously.The formula it this. 1. Start chapter with an exciting, but irrelevant anecdote about criminal investigation. It's a terrible and transparent gimmick aimed it showing that investigating the Bible is the same as investigating contemporary crime, even though there aren't any witnesses, material evidence, forensics or really any means at all to demonstrate anything concrete whatsoever. 2. Talk about the dude you're going to interview. Spend a page talking about his credentials, but then tell us not to worry about him bein' some unrelatable academic snot. He likes hockey! And has pictures his kids drew! And and he looks like a nice guy! Frankly I'm surprised he never got around to comparing them to lovable pop culture icons. Reading this ridiculous dribble about why I should like this academic every-man I couldn't help wondering what he would have said about skeptical academics had he actually interviewed any. I doubt that he would talk about them in such sappy heartwarming language. Would he simply omit the gratuitous page of leg-humping (which really didn't need to be there at all) or would he mention the "cold uncomfortable feeling he felt in their presence" and describe the "lack of human touches in their office"? I don't know. It's one more reason I wish he had included interviews from people that weren't all presenting the argument he was selling.3. Next you dive into the interview. This involves Strobel asking a question involving the theme of the of the chapter and immediately accepting whatever answer is given. Sometime he admits that that was enough to convince him, but asks a few more softball questions anyway to demonstrate his commitment to academic pursuit. Almost all examples of scholarly opinion and evidence is only vaguely referred to and lacking reference. They say things like "every one agrees that..." but fail to say who everyone is, or more importantly why they agree. It is assumed that hearing that some unknown theoretical scholars think it is as good as actual evidence and evaluation. It's not uncommon for them to insist that agreement is unanimous in the academic community regarding an issue when a simple google search shows it isn't. I shouldn't need to point out that conducting a criminal investigation or trial in this manner would be a joke. 4. Having declared the previous claim fact without actually applying any sort of rigorous evaluation or providing any evidence Strobel then uses it to prove more claims. This is basically all the book is. Making a claim, not really investigating it, declaring it inequivocally proven and then using it to prove other claims.5. Throw in some strawman versions of skeptic arguments and you're good to go.In a nut shell, this book argues that what the Bible says must be true because the Bible says it. It never addresses any real arguments against religion in general or Christianity in particular and on the occasion Strobel accidentally raises a legitimate objection his subject wasn't prepared for it is dismissed with a wave of the hand rather than actual logic or evidence. Unless you already accept the Bible as fact this is just going to be a lot of self appreciative nonsense and a giant waste of time.Some of you may be wondering why someone like myself that so clearly didn't like the book felt the need to read it and review it. It was given me by my mother. She was completely convinced it would show me the light and save me from my atheist ways. This is the third book I have read that was given to me to these ends, and while none of them has come even remotely close to addressing the sort of the things that me make an atheist rather than a Christian, this book was by far the worst of the bunch. I don't recommend giving your atheist or agnostic friends religious books or attempting to convert them, it is more likely to strain the relationship than make good Christians of them.
  • (1/5)
    One-sided and unconvincing.
  • (3/5)
    Substance: Each element of the "case" is based on the evidence Strobel would consider necessary in any legal case, and each chapter is prefaced by an actual case relevant to that type of evidence. These anecdotes are quite interesting, although not always exactly on point. For the evidence about Christ he depends on doctrinal scholars and their research. Not much of what he discovers is new, but it's useful to have it gathered into one volume.Style: Strobel's presentation and evaluation of the evidence is journalistic rather than scholarly. There may be an associated documentary available.Notes:"Legend today develops instantly - it's called 'spin' and it happens on purpose."Check the rest of the notes marked in the book.For some bizarre reason, he drops in a paragraph condemning the Book of Mormon without any further explanation or previous motivation.
  • (4/5)
    Atheists don't have a leg to stand on with the hard evidence that this journalist presents in his case for Christ. Nothing else in history has the kind of proof and witnesses that the death and resurrection of Jesus Christ has and it is simply wonderful to see how this case unfolds. Lee Strobel had started out on this quest as a hard-core skeptic and atheist. And he emerged a devout Christian. I doubt this means that others will do so too. If there's one thing I've learnt each person needs to go on their own spiritual journey and discovery. However, I enjoyed reading this book. It was confirmation of my faith and very very informative. I would recommend this book to all seekers of faith and christians alike.
  • (5/5)
    I've been a Christian for years, and this book still brought up some of the questions I had. I loved how they were answered - we won't always have the answers to things, but the answers we do have should be enough.
  • (4/5)
    I finished Lee Strobel’s book, The Case for Christ: A Journalist's Personal Investigation of the Evidence for Jesus next. He was a former religious skeptic but is now a Christian and teaching pastor at Willow Creek Community Church. He worked for the Chicago Tribune as an investigative reporter and he studied law so I thought it would be interesting to see what he found. This book was a 432 page book broken up into 3 parts, "Examining the Record", "Analyzing Jesus", and "Researching the Resurrection."In this book there was a lot of information and was well written and interesting. The author interviewed 13 Christian experts including such people as Craig Blomberg, Bruze Metzger, Edwin Yamauchi, Ben Witherington III, and William Lane Craig. This book was a book about Strobel’s reasons for his belief in Jesus but not a well-balanced pro and con view of both sides. If you are looking for that, this is not the book. His book also had others like one of my favorites, Ravi Zacharias, Ravi Zacharias International Ministries; Phillip Johnson, Law Professor, University of California at Berkeley; D. James Kennedy, Coral Ridge Ministries; J.P. Moreland, Professor of Philosophy, Talbot School of Theology, Biola University; and Peter Kreeft, Professor of Philosophy, Boston College. It would take too long to get into each subpart of the three main parts to flesh out all the details here but I’d be happy to talk to anyone a little more in-depth about this book in this thread. This book has a lot of one sided "evidence" but many are begging the question issues in my mind but overall I thought he did a good job with this book. I'd give this 4 stars out of 5.
  • (4/5)
    I had an open mind when I read the book and it seemed to convince me , or at least to provide for me the ability to argue in better defense of christianity , but I have since came to the realization that I was fooling myself and ignored some of the obvious slants in the book. I gave it a 4 because this book creates very sharp opinions before or against. I did like the writing unlike some of the other reviewers here.
  • (4/5)
    A very good exploration into the historical evidence that Jesus really was who he claimed to be. In it, Strobel interviews Biblical experts and challenges them to prove that Jesus is the Messiah. He is thorough and unyielding in these interviews, challenging the texts themselves, the witnesses, the death of Jesus, and all points in between.I would recommend this to anyone who really wants to know if the claims of the Bible are true. I'm sure those who are determined to not believe will find a reason to, but those with more open minds will at very least find the claims of Christianity are a little more credible than they may have first thought.
  • (3/5)
    A bit verbose, but good information inside.
  • (3/5)
    This book I have taken notes and re-read numerous times. I recommend to anyone who studies the bible or anyone who would like to know more about Christianity.