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La casa: La única manera de salir está dentro

La casa: La única manera de salir está dentro

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La casa: La única manera de salir está dentro

valoraciones:
3.5/5 (49 valoraciones)
Longitud:
495 página
7 horas
Editorial:
Publicado:
May 3, 2010
ISBN:
9781418582807
Formato:
Libro

Descripción

Un alucinante thriller sobrenatural dónde los personajes se encuentran cara a cara con el pecado.

Frank Peretti y Ted Dekker, dos de los escritores más reconocidos en novelas de ficción, han unido sus fuerzas por primera vez para crear una historia como ninguna otra que hayas leído. Entra en La casa, donde te encontrarás en medio del juego mortal de un asesino en el cual la única manera de ganar es perdiendo y la única manera de salir es entrando. Un juego, siete jugadores, y tres reglas.

Editorial:
Publicado:
May 3, 2010
ISBN:
9781418582807
Formato:
Libro

Sobre el autor

Ted Dekker is a New York Times best-selling author of more than thirty novels.Dekker was born in the jungles of Indonesia, amongst cannibals who killed the parents of several of his friends when he was a child. Undeterred his parents befriended the people and made their home with them.Separated from his parents at age 6 to attend a coastal school for a few months at a time, Dekker describes his early life in a culture to which he was ultimately a stranger as both fascinating and at times lonely. It is this unique upbringing that forced him to rely on his own imagination to create a world in which he belonged.Now, many years after the publication of his first story, his novels have sold roughly 8 million copies worldwide. Two of his novels, Thr3e and House, have been made into movies with more in production. Dekker resides in Austin with his wife Lee Ann and their children.


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Vista previa del libro

La casa - Ted Dekker

Elogios recibidos por las novelas de

Frank Peretti y Ted Dekker

«…Peretti es un auténtico fenómeno editorial».

—reseña de La visitación en BookPage.

«Dekker presenta su exploración autógrafa del bien y del mal en el contexto de un verdadero thriller que hará crecer su ya considerable público».

—reseña de Showdown en Publishers Weekly.

«En el mundo de la ficción cristiana, las más candentes novelas son las de Frank Peretti».

—reseña de Monster en Newsweek.

«Excitante, bien escrita y llena de significado, Black, Red y ahora White se han ganado a la crítica y a los lectores del género… Una jornada épica culminada con talento».

—Editores, Barnes and Noble.

«…llena a rebosar de un caos escalofriante…»

—www.Amazon.com en su comentario de Esta patente oscuridad.

«Ted Dekker es sin duda uno de los más fascinantes narradores actuales. Crea tramas que nos mantienen el corazón en vilo y las manos sudorosas incluso después de haber terminado sus libros».

—Jeremy Reynalds, Columnista.

«Peretti no solo es el autor de ficción cristiana que más vende en nuestro país, sino que se ha convertido en una de nuestras mayores estrellas en la novela de ficción actual».

—Chicago Tribune en su comentario de La visitación.

Guía de lectura para grupos disponible en:

www.caribebetania.com

LA

CASA

LA

CASA

  FRANK

PERETTI

TED  

DEKKER

© 2006 por Grupo Nelson®

Publicado en Nashville, Tennessee, Estados Unidos de América.

Grupo Nelson, Inc. es una subsidiaria que pertenece

completamente a Thomas Nelson, Inc.

Grupo Nelson es una marca registrada de Thomas Nelson, Inc.

www.gruponelson.com

Título en inglés: House

© 2006 por Frank Peretti y Ted Dekker

Publicado por Thomas Nelson, Inc.

Todos los derechos reservados. Ninguna porción de este libro podrá ser reproducida, almacenada en algún sistema de recuperación, o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio —mecánicos, fotocopias, grabación u otro— excepto por citas breves en revistas impresas, sin la autorización previa por escrito de la editorial.

Nota del editor: Esta novela es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares o episodios son producto de la imaginación de los autores, y se usan ficticiamente. Todos los personajes son ficticios, cualquier parecido con personas vivas o muertas es pura coincidencia.

Traducción: Ricardo y Mirta Acosta

Tipografía: Grupo Nivel Uno, Inc.

ISBN: 978-0-88113-943-3

Impreso en Estados Unidos de América

08 09 10 11 12 QW 10 9 8 7 6 5 4 3

La luz entró en las tinieblas y la oscuridad no la entendió.

Mi corazón guarda todos los secretos, mi corazón no dice mentiras.

CONTENTS

prólogo

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prólogo

PERMANECIÓ INMÓVIL EN LA ENTRADA, MIRANDO FIJAMENTE su propia sombra, que se proyectaba ante él como una mancha en el piso. Estudió el aspecto del polvo, comprobó el hedor a moho y a orina de ratón, y prestó atención a una viga que se asentaba como tres centímetros hacia el centro del suelo.

Este salón mostraba muy poca evidencia de los acontecimientos que se habían desarrollado hacia el amanecer. Vista desde esta perspectiva, solo se trataba de una casa abandonada. Interesante.

Pero el resto de la casa mostraba toda la verdad. Las tablas del piso yacían bajo sus botas, unas junto a otras como muertos enterrados, ahuecadas por la creciente humedad y con los bordes torcidos, ennegrecidas por polvo grisáceo y por trozos de pintura blanca descascarada.

Al otro lado del vestíbulo, al pie de una pared, se agitaba el papel tapiz que tenía rosas impresas. Algo arañaba, roía y se abría paso detrás de una de las rosas, hasta que apareció una nariz negra y bigotuda. Con un pedazo de papel tapiz en las quijadas, la rata se retorció en el agujero, luego se posó sobre las ancas y se topó con la mirada del hombre. A ninguno de los dos le preocupaba la presencia del otro. La rata se fue corriendo junto al zócalo y desapareció en una esquina.

Al extremo opuesto del salón crujía y se agitaba una cortina medio destrozada frente a una ventana rota. Una triste intentona de fuga. Aparte de la ventana rota no había indicio alguno de que alguien hubiera estado allí en años. Sin embargo, si un transeúnte curioso —o la policía, con una necesaria dosis de suerte para dar con este lugar— se aventurara a entrar, encontraría abundantes señales de lo contrario, señales que lo conducirían a los misterios subyacentes.

En el húmedo aire rondaba la muerte, aun aquí arriba. Las paredes eran como mortajas, que envolvían de oscuridad absoluta a todo el lugar. Este habría sido un ambiente ideal para una fechoría perfecta.

Barsidious White ya anticipaba lo que se venía.

1

17:17 PM

—¡JACK, VAS A MATARNOS!

La mente de Jack se deshizo de una fantasía y volvió a la solitaria carretera de Alabama, al volante del Mustang azul. El velocímetro sobrepasaba ciento treinta. Despejó la mente y relajó el pie derecho.

—Lo siento.

Stephanie regresó a su canto, con voz clara aunque triste, y con su entonación de música country clásica.

Mi corazón guarda todos los secretos, mi corazón no dice mentiras...

Otra vez. Ella lo compuso; por tanto, él nunca lo criticó... pero esas letras horribles, en especial hoy...

—¡Jack!

El velocímetro avanzaba lentamente hacia ciento treinta.

—Lo siento.

Obligó al pie a relajarse.

—¿Qué pasa contigo?

—¿Qué pasa?, cálmate, Jack. No eches leña al fuego. Un poco tenso, eso es todo.

Ella le sonrió.

—Deberías tratar de cantar.

Jack apretó con fuerza el volante.

—Sí, esa es tu respuesta para todo, ¿verdad?

—¿Qué dices?

Suspiró. No debía morder el anzuelo.

—Lo siento.

Siempre disculpándose. Jack miró en dirección a ella y sonrió forzadamente, esperando que le creyera.

Stephanie le devolvió la sonrisa de tal forma que indicaba que no le había creído.

La mujer era bellísima, tanto como para cautivar al próximo que se presentase como lo había cautivado a él —rubia, juvenil, un verdadero honor para esos jeans—, todo lo que los tipos de las barras de los bares podrían querer en una cantante de música country. Sin duda esos ojos azules aún podían centellear, pero no solo para él. Ahora mismo se estaban ocultando detrás de unas gafas de buen gusto y ella estiraba el cuello para mirar hacia atrás.

—Creo que hay un poli detrás de nosotros.

Jack revisó el espejo retrovisor. La carretera, que ahora era de dos carriles, dibujaba perezosamente sus curvas por bosques de final de primavera y por tierras de labranza, subía por colinas y bajaba por hondonadas, ocultándose y apareciendo de nuevo, escondiendo y dejando ver un auto solitario. Este acortaba la distancia y ahora estaba tan cerca como para que Jack reconociera la barra de luces encima del techo. Revisó su velocidad. Cien kilómetros.

Debería ser lo reglamentario.

La patrulla seguía acercándose.

—Es mejor que vayas más despacio.

—Estoy dentro del límite de velocidad.

—¿Seguro?

—Sé leer las señales, Steph.

A los pocos segundos el vehículo ocupaba todo el retrovisor de Jack como si lo estuviera remolcando. Pudo ver el duro semblante del poli detrás del volante, con reflectantes anteojos de sol que le oscurecían los ojos.

Patrulla de carreteras.

Jack volvió a revisar el velocímetro, luego bajó la velocidad a noventa y cinco, esperando que el policía no los golpeara por detrás.

El sedán se acercaba cada vez más.

¡Estaba a punto de golpearlos!

Jack presionó el acelerador hasta el fondo y el Mustang salió disparado como un bólido.

—¿Qué estás haciendo? —gritó Stephanie.

—¡Iba a golpearnos!

El auto se rezagó diez metros. Se prendieron sus luces rojas y azules.

—¡Qué bien! —masculló ella, girando y recostándose en el asiento.

Jack pudo captar en su voz que lo culpaba. Siempre echándole la culpa.

Pero fuiste tú quien se alejó, Steph.

La patrulla giró hacia el carril de la dirección contraria y se puso a la par de ellos. El policía uniformado volvió el rostro para mirar a Jack. Sus miradas se encontraron. O así lo imaginó Jack. Gafas negras.

Sin expresión. Jack volvió a enfocar la mirada en la carretera.

Los dos autos estaban uno al lado del otro, en cerrada formación a noventa y cinco kilómetros por hora.

—¿Qué estás haciendo, Jack? Detente.

Lo haría si pudiera. Jack buscó una oportunidad. El bosque, una espesa maraña de arces, robles y abedules, lo invadía como un muro que avanzaba.

—No puedo. No hay arcén. Simplemente no puedo...

Disminuyó la velocidad. Debía de haber una salida en alguna parte. Sesenta y cinco kilómetros por hora. Cincuenta. La patrulla igualaba su velocidad.

Jack vio un claro en el follaje, una franja de arcén, apenas el espacio suficiente. Empezó a girar.

La patrulla se les adelantó y los dejó atrás, con las luces encendidas en silencio. Quince segundos después era un puntito en la carretera entre los altísimos árboles, y luego desapareció.

—¿A qué vino todo eso? —preguntó Jack, revisó los retrovisores, fisgoneó y volvió tranquilamente a la carretera. Restregó la mano sudada en los pantalones.

—Venías a exceso de velocidad.

Stephanie fijó la mirada en la carretera, trató torpemente de agarrar un mapa y evitó mirar a Jack a los ojos.

—No nos detuvo. ¿Por qué se acercó tanto? ¿Viste lo cerca que estaba?

—Así es Alabama, Jack. No haces las cosas como ellos, te lo hicieron saber.

—Pues sí, pero no embistes a alguien por detrás solo porque va muy rápido.

Ella se dio una palmada en el regazo para liberarse de su frustración.

—Jack, ¿harás que lleguemos allí por favor, como es debido, sanos y salvos? ¿Por favor?

Él decidió callar en respuesta y concentrarse en la carretera.

Guárdalo para la sesión de consejería, Jack. Se preguntó qué habría estado reservando ella, qué nuevos reclamos descargaría esta noche.

Ella se encogió de hombros, fingió sonreír y empezó a cantar.

De verdad crees que funcionará, ¿no, Jack? ¿Crees de veras que puedes conservar algo que simplemente ya no tienes?

Si sonreír y cantar pudiera devolver esos días, él reiría como un tonto y hasta cantaría las composiciones de Steph, pero ya no se hacía ilusiones. Lo único que le quedaba eran los recuerdos que almacenaba en la mente, aun mientras enfocaba los ojos en la carretera: los brazos de ella sobre los hombros de él y la emoción en los ojos femeninos; la iluminación interior que sentía siempre que ella entraba al cuarto; los secretos que compartían con una mirada, una sonrisa, un guiño; todo lo que según él debían ser el amor y la vida.

El accidente cambió todo.

Jack se imaginaba sentado en la oficina del abogado, tratando con sinceridad sus sentimientos. Me siento ... como he estado toda la vida. La existencia no tiene sentido. Si hay un Dios, él es el diablo, y ... ¿Qué fue eso? Ah, ¿se refiere a Stephanie? No, también la he perdido. Se fue. Quiero decir, está aquí, pero se marchó.

No se podía quitar de encima la idea de que todo este viaje solo era un requisito, otro camino a su derrota. Steph cantaría de ida y vuelta a Montgomery, y aún conseguiría el divorcio que deseaba, para continuar su alegre camino.

—Jack, estás perdido.

Seguro que lo estoy.

—Jack.

Sobresaltado, Jack volvió a concentrarse en su manejo. El Mustang ronroneaba a más de cien, tragándose la carretera. Ya se había acabado el bosque, dando paso a granjas rudimentarias y pastizales llenos de troncos.

Stephanie observaba el mapa y analizaba todas esas pequeñas líneas rojas y negras. ¿Dijo ella que él estaba perdido? Correcto.

Ella tenía el mapa, pero él estaba perdido.

Jack captó el sarcasmo antes de que se desvaneciera. Las palabras hirientes llegaban con mucha facilidad en esos días.

—¿Qué quieres decir?

—¿No viste esa señal vial? Decía cinco.

Jack miró el espejo, luego giró para ver el respaldo de la señal que se alejaba.

—¿Cinco?

Stephanie estudió el mapa, trazando una ruta con el dedo.

—Se supone que estamos en la carretera ochenta y dos.

Jack se inclinó y trató de leer el mapa. El auto viró bruscamente.

Él volvió a enfocar los ojos al frente, corrigiendo el volante.

—Vamos a llegar tarde —manifestó ella.

No necesariamente.

—¿Viste allí un cinco? ¿Adónde conduce?

Ella arrastró el dedo sobre el mapa y lo detuvo a cierta distancia de Montgomery.

—No a Montgomery, a menos que tengas una semana para andar de turista. ¿Cómo es posible que te salieras de la ochenta y dos?

¿Se atrevería a defenderse?

—Me distrajo un poco un poli que me estaba mordiendo el parachoques.

Ella sacó su celular del estuche y se fijó en la hora.

—No hay manera de que lleguemos a tiempo.

¿Había esperanza en su voz? Jack revisó su reloj. Si dieran la vuelta ahora, quizás...

—Cancelé una actuación para estar contigo en esta cita.

Stephanie se encorvó en el asiento y cruzó los brazos.

Ahí va de nuevo. Culpa mía.

Ella comenzó a murmurar.

Otra vez.

Luces rojas y azules destellaban adelante.

—Ah, ¡lo que nos faltaba! —dijo Stephanie—. De veras que no necesitamos esto.

Jack disminuyó la velocidad a medida que se acercaban a la patrulla estacionada exactamente después de una salida. Conos anaranjados y un letrero bloqueaban el camino más adelante.

—Operación de repavimentación. Carretera cerrada al tráfico — leyó Jack—. Bueno, de todos modos tendremos que regresar.

Jack se metió en el arcén de grava, pero cambió de idea.

—Preguntemos. Quizás haya un camino más rápido.

Jack dirigió el Mustang azul hacia adelante, llegó a la salida y se detuvo pocos metros detrás de la patrulla. La puerta del auto policial se abrió y un policía —el policía— salió, las gafas de aviador aún le ocultaban los ojos.

2

EL POLICÍA BALANCEÓ LA CABEZA SOBRE LOS HOMBROS para hacer crujir el cuello y luego mantuvo el rostro en dirección a ellos mientras se ponía un sombrero matizado de alas anchas. Usaba una camisa gris de mangas cortas y pantalones con una franja negra que le bajaba por las piernas. Una insignia en el pecho que destellaba con el sol de muy entrada la tarde. La enorme pistolera de cuero le colgaba de la cadera derecha, y la cachiporra de la izquierda.

El hombre se tocó el sombrero como si fuera un hábito, y caminó hacia ellos, seguro de sí mismo. Gallito. Los pantalones parecían algo apretados.

—Buenas noches —dijo Stephanie.

Jack bajó la ventanilla. Una brisa cálida entró en el Mustang, seguida por el canto de los grillos. Las botas negras de cuero del agente se movían en silencio sobre el pavimento.

El policía se detuvo ante la ventanilla, con la mano sobre la culata del revólver. Se inclinó y les dio una visión cercana de sus gafas oscuras. En la insignia se leía: Morton Lawdale.

—¿Le importaría mostrarme su licencia y la matrícula del vehículo?

—Nosotros...

—Licencia y matrícula. Ahora.

Jack se inclinó sobre la guantera, sacó los documentos y se los pasó a través de la ventanilla.

El poli los agarró con una mano enguantada y estirada, revisándolos detenidamente.

—¿Le importaría bajarse del auto?

Jack no estaba seguro de cómo actuar ante la solicitud.

—¿Por qué?

—¿Por qué? Porque quiero mostrarle algo, ¿le parece bien?

—¿Hice algo malo?

—¿Son así de tontos todos los tipos de Alabama? Un policía le dice que detenga su vehículo, usted discute como si fuera el rey de la región. Tengo que mostrarle algo. Saque su trasero del auto.

Jack intercambió una mirada con Stephanie, abrió la puerta y sacó las piernas.

—Vamos, ¿a que no ha sido tan difícil?

—Tomamos un camino equivocado —dijo Jack, mirando hacia arriba. Era al menos una cabeza más bajo que el policía—. Nos dirigíamos a Montgomery por la ochenta y dos.

Lawdale sacó la cachiporra y señaló a Jack la parte de atrás.

—Vamos allá.

A Jack le corrió un frío por la espalda. ¿Cómo había ido a terminar aquí, en medio de ninguna parte con este personaje, uno de esos que a la menor provocación dispara, liquida y después pregunta?

Jack vaciló.

—¿Me va a hacer repetirlo todo otra vez? —preguntó el policía mientras se golpeaba la palma de la mano con la porra.

—No —respondió Jack y se dirigió hacia el maletero.

Jack se detuvo ante el guardabarros, frente al oficial que, de pie con los pies extendidos, lo miraba directamente. Hasta donde Jack podía decir.

Lawdale hizo oscilar hacia abajo su cachiporra negra para indicar la luz del freno izquierdo.

—¿Sabía usted que tiene apagada su luz de freno?

Jack respiró.

—¿De veras? No lo sabía.

—Así es. Casi me arrastré hasta su retaguardia. Tenía que comprobarlo.

—Ah.

—Ah —remedó el policía, a quien el sudor le manchaba la camisa por el cuello y debajo de los brazos—. Y le sugeriría que empiece a conducir su auto del modo en que está diseñado para ser conducido.

La puerta del pasajero se abrió y Stephanie bajó, sonriendo como un rayo de sol.

—¿Está todo bien?

—Mi luz trasera está quemada —dijo Jack.

Stephanie inclinó juguetonamente la cabeza.

—La arreglaremos en Montgomery. ¿Correcto, Jack?

—Por supuesto. Tan pronto como lleguemos allá.

El policía inclinó el sombrero ante Steph y evaluó sus jeans de poca altura y su sedosa camiseta azul sin mangas.

—¿Quién se supone que es usted?

—Stephanie Singleton.

Los ojos del hombre descendieron hasta la mano de ella, en la que no había anillo; que el mes pasado se lo hubiera quitado lastimó más a Jack que todo lo demás que ella había hecho.

—¿Hermanos? ¿Primos?

—Marido y mujer —contestó Jack.

El poli miró a Stephanie.

—¿Le permite usted conducir a este maníaco?

—¿Maníaco? —preguntó Jack.

El policía agachó la cabeza, se bajó los lentes, y miró a Jack por encima de la montura plateada.

Ojos azules.

—¿Está usted tratando de hacerse el listo, muchacho? No, usted no lo es, ¿verdad? Solo es un poco tonto.

Jack se preguntó cuánta grosería debe soportar y aceptar uno cuando la otra persona lleva puesto un uniforme.

El policía se quitó las gafas y lanzó a Jack una mirada fría.

—No solo como un maníaco, sino un maníaco que no sabe que maneja como un maníaco, lo cual lo convertiría en un imbécil. Pero fingiré que estoy equivocado. Fingiré que usted no es un imbécil y que puede comprender lo que hace un imbécil. ¿Le convendría eso?

Lawdale esperó una respuesta. Jack pudo pensar en varias.

—Pues sí —se limitó a decir.

—Muy bien. Entonces le diré lo que un maníaco hace por aquí.

Con el dedo extendido el poli dio toquecitos en la cabeza de Jack, bastante fuertes como para lastimarlo.

—Un maníaco no vigila su velocidad y no utiliza sus espejos. Use sus retrovisores, Jack. Lo estuve siguiendo cinco minutos antes de que me viera detrás de usted. Lo pudo haber aplastado un camión por completo y ahora estaría muerto...

El policía sacó el revólver de la funda, montó el gatillo y disparó al campo cercano como un pistolero. ¡Bum! Tanto Jack como Stephanie se sobresaltaron.

—...así de fácil.

Lawdale sopló el humo del extremo del cañón e introdujo el revólver en su funda con un giro exacto.

—Se lo advierto, amigo. Estas carreteras son peligrosas —volvió a pinchar a Jack en la sien—. Vigile su velocidad y use sus espejos.

Planteadas todas las cosas, Jack pensó que lo mejor era contestar de manera breve.

—Lo haré.

—Bien.

El policía devolvió la licencia y la matrícula a Jack, luego señaló la vía.

—Ahora tenemos aquí un pequeño desvío. Los próximos cinco kilómetros de carretera están destrozados. ¿Adónde dijo que se dirigían?

—A Montgomery — contestó Jack con desaliento.

—Montgomery —casi sonrió el poli, obviamente divertido—.

¿No sabe usted leer un mapa?

—No vimos una salida.

El policía resopló, Jack supuso que era su manera de contener la risa.

—Yo seguiría la desviación —señaló luego el oficial—. Quizás les ahorre dos horas en vez de retroceder hasta la ochenta y dos... si es que saben adónde se dirigen. No está muy bien demarcada y no querrán quedar atrapados en la oscuridad.

—¿Podría usted mostrarnos? —preguntó Jack.

El hombre retrocedió.

—¿Tiene un mapa?

Stephanie le pasó el mapa, el policía lo desdobló sobre el maletero del Mustang, y lo analizó brevemente.

—Un mapa antiguo —resopló mientras volvía a doblarlo—. Está bien. Atiéndame claramente, ¿me oye? ¿Cree usted que estoy borracho? Inconfundible, tipos de la ciudad como usted no quieren quedar atrapados dando vueltas por el campo pidiendo instrucciones a los montañeses. Uno nunca sabe con quién se encuentra.

Ahora empiecen aquí...

—¿Montañeses? —la sonrisa de Stephanie contradecía su tono.

El poli desechó la palabra con una seña.

—Sureños reaccionarios que viven en los bosques. Imbéciles, como Jack trataba de ser hace un momento. No entienden más ley que la propia. Tipos malos. De los que no han descubierto los cepillos de dientes, mucho menos la ley.

El hombre señaló la salida.

—Ahora vaya al sur por esta carretera hasta llegar a una intersección. Gire a la izquierda, eso le hará atravesar las llanuras y volver a entrar al camino del bosque. Transitará más de sesenta kilómetros por un camino de tierra, pero no se preocupe, pues este lo llevará a la ochenta y dos. Debe tardar aproximadamente una hora.

Jack observó la carretera de grava que se dirigía al sur.

Desaparecía entre colinas cubiertas de árboles y coronadas con densos nubarrones.

—¿Está usted seguro?

—¿Le parezco inseguro?

Otra vez no. Jack sonrió.

—No señor.

Lawdale agradeció con un leve movimiento de cabeza.

—Ahora empezamos a entendernos. Esa es la carretera que tomo a casa cada mañana. Si se queda varado, permanezca en el arcén. Uno de nosotros lo encontrará.

—Lo dice como si hubiera ocurrido antes —manifestó Jack.

—Así es.

Sonriendo de modo titubeante, Stephanie siguió la mirada de ellos.

—Jack, quizás simplemente deberíamos tratar de volver a casa.

—Eso no es necesario —dijo Lawdale—. Si se van ahora mismo, mientras haya bastante luz, llegarán sin tener más inconvenientes.

Tengan cuidado ahora.

El oficial tocó el borde de su sombrero matizado y volvió caminando a la patrulla.

Jack se puso al volante del Mustang y cerró de un portazo.

—¿Te preguntaste alguna vez qué clase de tipos patrullan los bosques?

—En realidad no —dijo Stephanie sentándose a su lado.

—Ahora ya lo sabes.

—Estoy segura de que ha sacado de la cuneta gran parte de tu amabilidad. Opino que deberíamos dar la vuelta.

Jack revisó su reloj. Un cuarto para las seis. Aún podrían lograrlo.

Movió lentamente el auto hacia delante.

—La cita no puede ser tan importante como para soportar tantos problemas —insistió Stephanie.

Jack giró en la desviación de grava.

—Jack.

—Ya hemos llegado hasta aquí, ¿correcto? —dijo él mientras aceleraba a tanta velocidad como se atrevía—. Me gustaría tratar de llegar.

3

19:46 PM

—REDUCE LA VELOCIDAD, JACK.

Jack no estaba yendo tan rápido, ni un poquitín por encima de setenta... bueno, a veces ochenta. El firme irregular y los baches hacían parecer que iba mucho más rápido. Recordaba usar los espejos, pero no veía más que nubes de polvo detrás de ellos.

—El poli dijo que tardaríamos una hora, pero ya llevamos dos —se atrevió a mirar de reojo—. ¿A qué distancia dijo que estaba la ochenta y dos?

—Creo que habló de sesenta y cinco kilómetros después de la intersección.

Jack revisó el velocímetro como ya había hecho varias veces.

—Hemos andado al menos cien. ¿Hay algún pueblo cerca de aquí, algún punto de referencia?

Ella estaba sentada con los brazos cruzados, mirando por fuera de la ventanilla. La espantosa carretera serpenteante los había adentrado en el bosque espeso. Con excepción de un diminuto cartel al borde del camino, como ochocientos metros atrás, no habían visto ni siquiera un buzón. El cartel decía: «Wayside Inn. Descanso para el alma cansada, cinco kilómetros». Estaba pintado en alegre amarillo, rosado y azul, con una flecha rosada que señalaba en la misma dirección por la que ya llevaban demasiado tiempo transitando.

—Este camino no está en el mapa, Jack. Solo sabemos lo que él nos dijo.

Jack se sujetó del volante y se concentró en manejar. Se encontraba en una situación humillante, y el volante se le iba de lado.

—¿Quieres llamar para avisarles que llegaremos tarde?

Steph agarró su celular.

—Aquí no hay señal. Puedes estar tranquilo. Ya perdimos la cita.

Calculaba mentalmente que ya había transcurrido demasiado tiempo y mucha distancia y sabía que ella tenía razón. Se lo imaginaba.

—Bueno, parece que hay una hostería en alguna parte —dijo Jack—. Quizás al menos podamos salir de la carretera para pasar la noche.

La miró a los ojos, anhelando encontrar en ellos las miradas llenas de significado que ella solía darle antes del conflicto que habían tenido. Nada. Miró hacia delante y trató de encontrar palabras...

¿Qué fue eso?

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Reseñas

Lo que piensa la gente sobre La casa

3.3
49 valoraciones / 38 Reseñas
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Calificación: 0 de 5 estrellas

Reseñas de lectores

  • (3/5)
    A thrill ride of a book, Dekker and Peretti's House gains momentum quickly, and then doesn't slow down for more than three hundred pages. This might, though, be the biggest problem with the novel--action, horror, violence, and conflict are so incredibly constant in the work that there's never a chance to savor any suspense or horror. Instead, the pace is kept frantic, ever moving forward--it's no exaggeration to say that I was using so much attention and energy to keep up with the plot that I never really had time to feel any fear or worry, or to get that creeping sensation you find when a horror novel really takes hold of your own reality. Am I complaining that the book moved too quickly to really keep me up at night? Yes, a little.On the upside, the characters here are frighteningly believable, and the authors' descriptions are as brutal as they are visual, making this book one heck of a thrill ride. It may well be that they simply tried to fit too much in, though, because this book does have a little bit of everything, and tying it all together in the end felt something like a stretch, even for a horror novel.All in all, it was a bit messy and chaotic, and it didn't give me the chills I associate with my favorite horror novels, but it was a great piece of entertainment, and more than enough to make me curious about these authors' individual efforts.
  • (3/5)
    Honstly? I was really disappointed by this one. It doesn't live up to the standards set by neither Ted Dekker nor Frank Peretti, but was more the sort of book I'd expect somebody like Stephen King or Dean Koontz to write. The symbolisms were more heavy-handed than even Narnia (don't get me wrong, I love that series, but subtle it is not). To give the book the benefit of doubt it may just be that it's not a book appropriate for audiobook format, and I might have thought differently if I'd read it myself instead.
  • (4/5)
    Jack and Stephanie find themselves lost on a country road while en route to Montgomery, and as evening creeps closer, the unexpected happens when Jack drives their car over a metal strip hidden in the road, shredding the tires and bringing their drive to a halt. Shaken and their nerves already on edge from their poorly stifled arguments in the car, they head for an inn not too far off the road. No staff seems to notice their arrival so they sign in the register and are surprised when Randy and Leslie, two other guests, make their way down the stairs and ask if they work for the inn.As the foursome explores the inn, they discover that their host, an older woman named Betty, has dinner almost ready for them. As the dinner progresses, they begin to notice that something's not quite right about Betty and her family -- stern husband Stewart and leering son Peter. But it isn't until the lights go out and a tin can smashes through the window that they all realize that coming to the inn was a mistake.Written on the can are three rules about how all the guests can survive the night or perish before dawn. Jack and the others find themselves in a fight for their lives against not only Betty and her family, but a dark force personified by one Barsidious White and his malevolent house, hoping to discover a way through the darkness and every-changing walls of the basement, a place that feels much larger than the small inn above and that seems to know each of their deepest fears."House" is a creepy tale, and my favorite thing about the book is the basement area. The constantly shift walls; doors that are there one moment only to disappear the next; mirrors that don't reflect everything they see; they way the atmosphere toys with the minds of Jack, Stephanie, Leslie, and Randy are all incredibly descriptive and imaginative. I became as frantic as the foursome trying to navigate their ways through that maze. The action moves quickly and makes this a book that you don't want to put down because you have to know how it ends. Good stuff, and I highly recommend it.
  • (4/5)
    Synopsis: A mind-bending supernatural thriller from the creators of This Present Darkness and Showdown.Frank Peretti and Ted Dekker - two of the most acclaimed writers of supernatural thrillers - have joined forces for the first time to craft a story unlike any you've ever read. Enter House - where you'll find yourself thrown into a killer's deadly game in which the only way to win is to lose...and the only way out is in.The stakes of the game become clear when a tin can is tossed into the house with rules scrawled on it. Rules that only a madman - or worse - could have written. Rules that make no sense yet must be followed. Amazon.com
  • (3/5)
    I wasn’t sure this book was going to be very good from the beginning, and it proved to be very predictable the entire way through. It really didn’t keep me guessing until the last page, like the dustcover states. If you’re looking for a formulaic horror novel, I suppose this is right up your alley. In the end though, it just left me shaking my head, and wondering why the more thoughtful parts of the story couldn’t have shined brighter. Oh well.
  • (1/5)
    I have a habit of not finishing books if I am not interested. I was determined to finish "house," so I can honestly say, it is horrible. I thought that with two great authors it would have been fantastic, but I was sorely disappointed. Don't waste your time.
  • (1/5)
    Where was the supposed twist ending? Absolute bore. I could care less about all characters involved. Total waste of my time.
  • (3/5)
    I have to say, I'm rather tore about this book. On the one hand, I really liked the metaphor here, and I thought it was a really picture of the way we are in sin. On the other hand, it was just a little too lost in fantasy for my tastes (I think horror novels are scarier when they are grounded in reality first, but this one is nothing but wild fantasy that did not connect with me), and I didn't like the characters.I will say that this is an improvement to the other Dekker novel I ahve read, where the characters were unlikeable and two-dimensional. At least here they have some depth. But I like Peretti's solo novels a bit better.This is worth a read as a metaphor for the nature of sin and ourselves, and the freeing power of Christ, but as a story I just didn't think it worked.
  • (1/5)
    Without doubt, one of the worst conceived and most poorly written books I have ever read. The set-up was right out of a Stephen King or Dean Koontz novel, and some of the happenings inside the house were reminiscent of plot points from the old television series, "Dark Shadows." But for all the promise of horror, there was nothing remotely frightening. I've packed the book away in a box and will read it again in a few years. Until then, my advice is - if you really have to read this book, borrow it from a friend or from the library first. Don't buy it until you've read it.
  • (3/5)
    I found the plot to be disjointed and the characters not very likable.
  • (1/5)
    I’m a Ted Dekker fan. I loved Thr3e and strongly recommend it to anyone. I also really loved the circle trilogy (Black, Red, and White) and although I thought the ending was predictable, I would also recommend these. I reviewed Showdown back in January, and I recommend it as well. I’m afraid I cannot be as complimentary about House.Although I’ve never read anything by Frank Peretti, I’ve been told that his books are very good. He’s been on my list of “I should really read something by him one day” for ages. When I saw that he was co-writing a book with Dekker, I was thrilled. When I held the book in my hands I was not.They say that you should not judge a book by it’s cover. And this book certainly proves that point. The cover is awesome. The book isn’t. I opened it and was dismayed to see a large-print sized font and big white spaces between the lines and even between the words. I know that the authors have no real control about how the publishers print their books, but this was ridiculous. I have never read a book with fonts like that, and with large spaces and liked it. I complained about this on the Ted Dekker forums, and was promptly ripped apart for it. Still, I went ahead and read it.Due to two rather odd accidents, four people are left stranded in a house in the middle of an Alabama forest. The house is “hosted” by an insane family of three: father, mother, and son. After a truly bizarre meal the four “guests” decide to leave. Which is when the can is thrown down the chimney. Written on the can are the following rules: “Rule #1 God came into my house and I killed him. Rule #2 I kill anyone who comes into my house like I killed God. Rule #3 Give me one body by dawn and I might let rule #2 slide.” Sounds interesting? Sounds exciting? Sounds suspenseful?It’s not.I will grant that the book is fast moving, and very difficult to put down. Not because it’s so addicting, but because the action never stops. The action starts within the first few pages and apart from a brief slow passage in the middle of the book, it never lets up until the end. Unfortunately that’s the only real positive thing I can say about it.The characters are so poorly drawn as to be less than one-dimensional. There is absolutely no interest in any of the characters and the reader is left not caring who makes it to the end. Even the villain is laughable as his motivations aren’t even mentioned. The plot is predictable, and by half-way through I knew how it would end.Overall, I cannot recommend it. However, the main villain is tied to the villain in Showdown and in Dekker’s next book, Saint. So I felt obligated to finish it. Unfortunately I can’t yet see how they fit together. Well I can, but I didn’t think it was very significant.
  • (4/5)
    Plot Summary: What happens, When & Where, Central Characters, Major Conflicts"Jack and his wife Stephanie are on their way to a counseling session for their troubled marriage when a series of detours end up leaving them stranded in the backwoods. The only option they have for shelter is an old plantation style house which seems to be an inn of sorts. There they find another couple who has also been stranded there for the night and Betty, Stewart, and Pete--""Inbreds"" and ingracious hosts. Things just seem to getting more and more bizarre and creepy, eventually leading Jack and the others into a fight against evil and for their lives after a can is dropped down the chimney with the following message: 1) God came to my house and I killed him. 2) I will kill anyone who comes to my house as I killed God. 3) Give me one dead body and I might let rule two slide."Style Characterisics: Pacing, clarity, structure, narrative devices, etc.Tight suspense with creepy stuff happening almost immediately. Jack is a well drawn character, struggle with the death of his marriage and his spiritual beliefs. The other couple at the house seem like no more than foils to Jack's struggle. The point of view shifts, even to the killer's mind. The character of Susan, an angelic figure, is pulled off well. The middle gets a little bogged down, as it just seems like one neverending chase scene repeating itself over and over.How Good is it?A powerful message/metaphor about how sin can trap us and how we need to face it.
  • (4/5)
    this book was fast paced, and definitely suspenseful. However, I was sorely disappointed by the cheesy story book ending. my recommendation would be to read something by the authors separatly, before reading this. Though a good book, it isn't great.
  • (3/5)
    good book thought it would have been better though with the combination of Dekker and Peretti
  • (5/5)
    i love this book! its scary and adn keeps you in the egde. Its keeps you wanting more. It isnt like other books that you can predict waht will happen. There are many twists and surpises.It makes you think twice! I would suggest this book to anyone!
  • (4/5)
    This book thoroughly freaked me out! Stayed up all night reading it! I would not recommend doing that...read it in full daylight! It was good...I cannot read these books that much or I'll go insane, and I am very picky with this genre, but this book was very good.
  • (3/5)
    Good idea, but poorly executed. I like both authors, so I was disappointed with their team-up. They basically beat the reader over the head with their spiritual message using several cheap copouts and alot of improbable dialogue.
  • (2/5)
    House takes place in the backwoods of Alabama, down a dirt road where only inbreds are really known to reside. When Jack and Stephanie, en route to a marriage counseling session in order to save their failing marriage, take a wrong turn, they quickly find themselves victims of sabotage. Abandoning their care, they walk to the nearest place, an old, rustic inn, where they encounter Randy and Leslie. The four of them soon find themselves caught up in a tale of horror that is best compared to a B-rated horror movie.

    I really, really wanted to love this book. It’s no secret that I have a fondness for psychological thrillers and the supernatural, but I was actually hoping for something a bit more on the realistic side of the spectrum. Without going into too much detail, I will admit that the resolution for this story probably could have been reached without adding elements of the paranormal. Of course, House is marketed as a supernatural thriller, so its tendency toward the fantastic is expected, even if it does lean a bit on the side of ridiculous.

    This book is yet another title with largely flawed and unlovable characters – the sort that are stereotypical for this genre. It’s very easy to imagine characters like Jack, Stephanie, Randy, and Leslie in a movie like Saw because they are, ultimately, a cookie cutter image of horror movie victims. There simply wasn’t much in the way of originality at all.

    One of the reasons I absolutely love haunted house/hotel stories is because I like to see the story that has been woven to explain why the locale plays host to the dead. What information we’re given about the house that our quartet encounter is vague. As a result, upon the conclusion of the story, there’s still a few questions left hanging in the air.

    At best, this book was meh. As I stated previously, its tale plays out more like a cheesy horror flick than anything truly thrilling. I listened to the audiobook version, and for that reason alone I almost dropped it. The book is narrated by Kevin King, and as a listener with a voice fetish for lack of better words, I found his voice to be extremely grating. I’m glad the audiobook is over and for those who are sensitive to the way certain narrators sound, I recommend simply picking up the book or checking it out at your local library.
  • (3/5)
    The only way out is in!I've always been into horror but this is my first with regard to Christian Horror. I didn't even know that this was a sub genre that existed and yet, here I am!Who knew that the perfect scene out of the horror movie you just watch would be the start of a killer's game? A bit cliched, almost like the shower scene in almost every horror. Driving down the road as night begins to fall and of course things just don't feel right. Some how things are contrived to have two couples end up at what looks like a bed and breakfast from the outside. Walk in and everything is perfect, hot food on the table, ice cold drinks on the sideboard. Just wonderful but is it really?Soon the two couples find themselves being tested, around every corner a new personal fear that they must face. All throughout the story there is a lone child. She brings with her a sense of peace that is both unnerving and calming at the same time.At no point did I actually feel a connection to any of the characters. I can't say that there was any one person that I really wanted to succeed, I didn't grow fond of anyone. I did expect more from this story and I was left rather disappointed.Maybe next time!
  • (1/5)
    I wish I had never given this novel a chance. I don't even know how I managed to finish it. There was so much wrong with the story that I don't even know where to start. The characters were terribly developed and played a stereotypical role. There was the hot-headed man, and the rational man, and two women who were meant to act like complete idiots, with no shred of independence. I think what bothered me the most was how the women were depicted in this novel. The authors used one character's "psyche" and showed that underneath it all "[she] was a whore". That enraged me to no end. Why does she have to be portrayed in that way? Is that all a woman is meant to be in a horror story? And how dare you use psychology in that way? So, every rational and logical woman who works in the field of psychiatry actually has sexual issues and is a depraved whore on the inside?! Oh, and the other woman is the one who has to take the heat for a failed marriage and a family tragedy? And on top of it, she needs to be completely useless?! To make matters worse, the story kept going around in circles, and there was the sudden introduction of another character, who I actually liked and I wish she had had more to her character. And then this story becomes all about sin and goodness and the battle between darkness and light. And now it is suddenly a Christian story. Now, I had not known that the authors write Christian fiction, and to be quite honest, I don't necessarily care because I will read anything and everything and have no bias towards it. But seriously?! It just took an already ridiculous story to a whole new level of crazy. And not in a good way. I could go on and on about every single thing that I disliked about this novel, but I don't want to waste any more time or energy on it. Just ... don't read it. Seriously. Don't read it.
  • (2/5)
    I am a long time fan of Frank Peretti and recently impressed with the works of Ted Dekker, but in the case of House I don't think that the sum of these authors was greater than their individual parts. Although it contained some of the suspense and intrigue that both authors are known for it also seemed predictable and the villainous characters were a little over the top. To anyone looking for Christian thrillers from these authors I would much more strongly recommend Peretti's This Present Darkness or Monster and The Circle Trilogy (Black, Red and White) or Obsessed from Ted Dekker.
  • (5/5)
    I really liked this book. It was full of suspense, though it's alittle pbvious who the killer is, but even so, very well done. I kept thinking this was like a movie I saw at some point, and it turns out this book was made into a movie, but it was a lot better than the movie. It wasn't "in your face" Christianity either, which is nice, because I don't like being preached at, but the moral of the story is there, very blatant, and makes you think.
  • (5/5)
    House is about four people trapped inside a house with a serial killer. The killer not so coincidentally place two mats with nails in the road for people to drive over. The four people are Stephanie, Jack, Leslie, and Randy. The killer, White, tells them to give him a dead body by sunrise. While the four are debating this, the family who lives in the house makes the house a horror for them. They don't know if the person around the corner is going to kill them. They don't know how to get out. They can't trust anyone. They move around from room to room trying to get away.........will they succeed? I am not usually a fan of horror, but this book got me hooked from the start. Its a maze of twists and turns where you don't know what will happen next. When I finished reading it, I was like WOW. Now I want to read more of these kind of books but I'm not sure which one yet. One thing I didn't like was that it was a little gory. But overall, this book was amazing and I loved it.
  • (3/5)
    ***SPOILERS***

    Entertaining and fast read of yet another "game" in a creepy house with strangers brought together under suspicious circumstances.

    The difference with this one is that it's Christian fiction, which gives it a bit of a different flavor and none of the gore, sex, or language that you'd find in a Clive Barker, Joe Hill, or Stephen King book.

    With an interesting twist that the horrors in the house are of the guests' own making, with sin directly from their own souls, this delivers frights of the supernatural kind. Angels? Check. Demons? Check. Good vs Evil? Check.

    However, it wouldn't be Christian fiction without a salvation message. Of course, in the course of the game, two players see their need for Jesus and it ends well for them. The others? Not so much. What happens to the house? Well, I guess you'll have to read it to find out.

    It's a very quick and easy read. It probably won't change your life, but it's a recommended read for Halloween month.
  • (1/5)
    I grabbed this book randomly since the synopsis looked like it might be interesting. The whole concept of good vs evil is not a new idea and has been done much better in other books (I.e. Stephen King's "The Stand" is a good example) The story was choppy and incoherent. The characters were poorly constructed and made little sense with their actions. I could have also done without the overly "righteous" ending. I did not like this book in any sense. I wouldn't even recommend it to those who like Christian fiction because of how crudely written it was. Give this one a miss.
  • (5/5)
    This is my favorate Frank E. Peretti book. It shorter than the rest. And I think there is more mystery and it's harder to grasp maybe. Which I like.
  • (3/5)
    I listened to this book today at work, it was good, I didn't care for the narrators voice, and I was a little confused about the twist of the story but over it was good listen! It wouldn't be the first book that came to mind when making recomendations but hey everyones a critc lol!
  • (4/5)
    This story is a haunted house that represents the evil of each person's heart without having Christ. The book starts off with Jack and Stephanie are on their way seeking some marriage counseling in Alabama. On the way, Jack is almost rear-ended by a state-boy and he eventually pulls them over. Jack stops and the officer races past them. WTH? They drive on and Stephanie convinces Jack they are lost. Jack sees the lights of a police car ahead and stops to ask for directions. It's the same cop who almost rear-ended them earlier. Officer Lawdale, asks Jack to step out of the car and walk to the back of the car. He uses his billy club to point out a brake light on their car that isn't working. As they talk about the light officer Lawdale tells Jack the road ahead is under repair but how kind is he to point out a shortcut through the backwoods. Mmm. He warns the two that if they have car trouble they should stay in their car until he comes back through in the morning on his way home. Stephanie doesn't like the idea, but, Jack takes the detour. Men, right?Jack and Stephanie travel on this back road for quite some time and the only sign they have seen is one for a hotel called the Wayside Inn. Just after Jack suggests they stay there the night, their car hits a spike strip and all 4 tires are slashed. They walk to the Inn where they find another couple who have had the same problem.Soon the lights go out in the house and the two couples meet the owners of the Inn who are pretty damn rude. They all eventually sit down for dinner and the food starts to rot in front of their eyes. Stephanie gets up to run from the house and is stopped by a man with a shotgun who chases her back in and locks the two couples and the "owners" of the Inn in the house. He throws an old soup cap down the chimney that outlines the rules of a game that he decides to play with them. He makes them go against each other by seeking one dead body in exchange for the freedom of the others. You've gotta read this and see if Officer Lawdale...or.... ~ Evilicious.
  • (2/5)
    Was very boring, not worth the read
  • (4/5)
    This is the first time these two Christian authors have collaborated - and I must say that they can do it again as far as I’m concerned!I have yet to read any Dekker novel, but I have read each Peretti book.The book isn’t quite the caliber that I was expecting, though it did keep my interest and I read it through in about 3-hours. The last page of the book promises the movie adaptation coming in 2007. I hope it’s better than The Visitation’s movie adaptation.After reading this book I am a bit curious about other Dekker novels. I noticed we have a few others in the church library, so I’ll start there.