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EL GRAN BARNUM

BARNUM, EL MÁS DESTACADO PROMOTOR NORTEAMERICANO, EL LEGENDARIO PRESENTADOR DE LO ESTRAMBÓTICO Y LO IN-SÓLITO, EL PRÍNCIPE DE LA FARSA, NACIÓ EL 5 DE JULIO DE 1810 EN BETHEL, CONNECTICUT. Su padre, Philo, era sastre, tabernero y granjero. Pero desde bien pequeño, Phineas supo que no había nacido para realizar el duro trabajo de la granja y, cautivado por el afán de su abuelo materno por ganar dinero fácil a costa de los demás, comprendió que no podría hacer realidad sus sueños de grandeza y emociones con las actividades corrientes. A los 24 años había desempeñado diferentes oficios, ya que, además de trabajar en varios comercios de su localidad natal, había ganado mucho dinero con la lotería antes de su ilegalización el 3 de junio de 1834 y había editado un periódico con el pomposo nombre de The Herald of Freedom, cuyo primer número salió el 19 de octubre de 1831, donde denunciaba los casos de loco fanatismo provocados por las numerosas sectas protestantes y su inferencia en política. Sus virulentos artículos cargados de ardor juvenil le ganaron pleitos e incluso una condena de dos meses de cárcel en Danbury, por acusar a un Pastor de haber ejercido la usura contra un niño huérfano. Como todos menos el juez sabían que la denuncia era cierta, se le alfombró la celda, donde recibía frecuentes visitas de sus amigos y el periódico ganó algunos centenares de nuevos suscriptores.

BARNUM SUPO APROVECHARSE DE LA CURIOSIDAD QUE DESPERTABAN LAS PERSONAS CON ALGUNA MALFORMACIÓN FÍSICA LLAMATIVA, LLAMADOS MONSTRUOS, RAREZAS, FENÓMENOS O FREAKS.

ELMUNDO DE LOS FREAKS

Casado a los 19 años con la hermosa Charity Hellet, con la que tendría cuatro hijas, al tener la primera y buscando una vida mejor, la familia se trasladó a Nueva York, donde Phineas se asoció con John Moody para abrir una tienda de comestibles en South-Street y una pensión en su casa de la calle Frankfort. La oportunidad se le presentó en julio de 1835, cuando un hombre llamado Coley Bartram entró en su establecimiento y le contó que había sido el propietario de una esclava negra llamada Joice Heth, que afirmaba tener 161 años y haber sido la niñera del mismísimo George Washington. Se la había vendido a un tal R. W. Lindsay, que la estaba exhibiendo en el Masonic Hall de Philadelphia, pero como no ganaba con ella todo el dinero que esperaba, estaba deseando traspasar el negocio.

Nada nuevo bajo el Sol, pues las personas con alguna malformación física llamativa llamados monstruos, rarezas, fenómenos o freaks han atraído la curiosidad del ser humano con una mezcla de fascinación y repulsión desde tiempos inmemoriales, permitiendo a la sociedad reconocerse sana, fuerte y hermosa frente a su deformidad, debilidad y oscuridad. Por ello, su exhibición es una institución que se remonta a los inicios de la historia en todas las civilizaciones. Estigmatizados por los cristianos en la Edad Media, que vieron en ellos una obra del diablo, en el Renacimiento fueron un elemento indispensable como bufones o simplemente elementos decorativos en todas las cortes europeas y en los siglos XVIII y XIX toda feria ambulante incluía encuentros cercanos con la deformidad. El ejemplo más conocido gracias a la magnífica película de David Lynch es el de Joseph Carey Merrick (1862-1890), exhibido en unas condiciones infrahumanas por el desalmado Tom Norman con el nombre de El Hombre Elefante hasta que el doctor Frederick Treves lo rescató y le dio una estancia permanente en el London Hospital.

Así que Barnum cogió la primera diligencia que salía hacia Philadelphia para conocer a aquel fenómeno de la naturaleza. Y no se sintió defraudado en absoluto. Joice era una anciana increíblemente apergaminada, una especie de momia tumbada en un diván, con las piernas y el brazo izquierdo inmovilizados, ciega y con los ojos hundidos en las cuencas, completamente desdentada, pero poseedora de una espesa cabellera blanca. Las uñas de sus dedos no medían menos de diez centímetros. Para Barnum, lo mismo podían atribuírsele mil años que los 161 que se decía que tenía. Era muy afable, fumaba en pipa y hablaba sin parar, cantaba muchos salmos antiguos, pues decía haber sido miembro de la Iglesia Baptista y se volvía más locuaz aún cuando hablaba de su “queridito Georgie”, como llamaba al fundador de la nación. Afirmaba haber asistido a su nacimiento y que fue la primera persona que lo vistió, lo crió y le enseñó a andar. Como prueba, Lindsay le mostró una nota arrugada y amarillenta firmada por , el padre de George, que testificaba la venta a su cuñada, , de “una negra llamada Joice Heth, de cincuenta años de edad” con fecha del 5 de febrero de 1727, por lo que era de suponer que algo más tarde la recuperó para que fuese la niñera del pequeño George. Evidentemente, la nota no demostraba que la anciana exhibida fuera la misma que la del contrato, ni había forma de verificar su autenticidad, pero eso no importaba demasiado. Barnum se dio cuenta que tenía en las manos una gran historia que, bien manejada, todo el mundo creería. Lindsay le vendió a la anciana por mil dólares, que Barnum consiguió vendiendo a Moody su participación en

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