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LA BATALLA DE LEPANTO

LA MENTE RACIONAL Y MATERIALISTA DE LOS EUROPEOS, EN UN ENTORNO COMPETITI-VO QUE ACUMULABA MÁS Y MÁS CONO-CIMIENTO, SITUÓ A SUS NACIONES, Y POR ENDE A SUS EJÉRCITOS, EN UNA SITUACIÓN CADA VEZ MEJOR. La industria metalúrgica, esencial para fabricar avanzados cañones, progresaba día tras día, pero también lo hacía la agricultura, la astronomía, la medicina, la física o la ingeniería, y hasta el mismo y poderoso Imperio turco necesitaba cada vez más, del ingenio y productos de sus enemigos.

En un momento en que la Sublime Puerta decidió ampliar sus aspiraciones hegemónicas a todo el Mediterráneo, con el peligro que eso suponía para Europa, se optó por dar una respuesta conjunta para impedirlo. Fruto solo del miedo se creó una liga católica con el objetivo de acabar con la amenaza musulmana. El principal problema estuvo en que los propósitos de sus participantes nunca fueron los mismos.

Venecia no tenía ningún interés en ayudar a España. No quería una grave alteración en el equilibrio de fuerzas con el resto de países, y estaba obsesionada con lo que podía ocurrir si la rama española de los odiados Habsburgo, se convertía en la señora del mar Mediterráneo.

También para España los objetivos eran otros. Principalmente garantizar la seguridad de sus costas y el comercio marítimo entre la Península ibérica, las islas mediterráneas e Italia.

Felipe II siempre dudó de la lealtad de los venecianos, estaba seguro que en cuanto pudiesen llegar a una paz con Selim II de la que saliesen beneficiados, dejarían en la estacada a sus "aliados".

LA LIGA

Con la Liga, el Papa logró el compromiso formal de abrir de nuevo las hostilidades contra los turcos. Para ello, antes del final de la primavera debería reunirse una escuadra preparada para mantenerse en campaña por tiempo indefinido. La formarían 200 galeras y 50.000 hombres de todas las naciones adheridas y se elegirían tres comandantes, que quedarían subordinados a las órdenes de un comandante en jefe encargado de poner en práctica todos los planes necesarios. El 50 % del coste de la flota lo financiaría España, el 35 % Venecia y el 15 % restante el Papa.

El poder y el dinero permitieron que el mando se le otorgara al joven hermano del rey Felipe II, don Juan de Austria, reciente vencedor en la rebelión morisca de Granada. Los tres jefes encargados de apoyarle serían Marco Antonio Colonna, Sebastián Veniero y Gian Andrea Doria. Ahora solo quedaba reunir los hombres y las naves, zarpar en busca de los turcos y destruirlos.

Cuando se decidió buscar un lugar en el que congregar a las naves de la Liga se atendió con cuidado a lo que había ocurrido en el pasado,

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