Fronteras de la Ciencia

Y AL PRINCIPIO FUE (TAMBIÉN)… EL TIEMPO UN ENIGMA CIENTÍFICO Y FILOSÓFICO

Introducción: la comprensión del tiempo

El tiempo domina nuestras vidas inexorablemente, siempre llega todo. Aquello que nos parecía tan lejano casi sin percatarnos de ello llega, se convierte en presente. El tiempo se nos escapa, se nos va de las manos, se escurre entre ellas. Es así, hace nada éramos niños, todavía no íbamos a la escuela, estamos en el instituto, empezamos a trabajar, nace nuestro primer hijo, es el día de su boda, llega nuestra jubilación, es ayer, es hoy… nuestra mente intenta clasificar ese fluir que se desvanece… sólo reparamos en todo esto cuando nos ponemos a pensar acerca del tiempo, y nos damos cuenta de su fluir, de su inmaterialidad, de su impermanencia. El día a día nos hace olvidarnos de que nos encontramos bajo el yugo del imperio del tiempo.

Con la percepción del tiempo estamos acariciando otras dimensiones. Con el sentir de este fenómeno accedemos a conocer que más allá del espacio tridimensional en el que nos encontramos (somos conscientes del ancho, alto y largo) existe una realidad (tan auténtica que la vivimos y experimentamos) que se escapa a nuestra comprensión. Aunque sabemos hoy que el tiempo está vinculado al espacio (fue una de las maravillosas aportaciones de Albert Einstein) los propios sentidos nos ofrecen información de que todo es mucho más complejo de lo que percibimos. Tanto es así que, sensitivamente, nos parecen dos dimensiones independientes. El fluir del tiempo lo percibimos como unidireccional, no hay posibilidades de movernos en él, sin embargo en el espacio sí lo hacemos. Podemos recorrer una habitación en diferentes direcciones, incluso retroceder al lugar desde donde hemos avanzado, sin embargo el tiempo nos arrastra. Es como si nos encontráramos en un río empujados permanentemente por una corriente continua, en la que resulta imposible cualquier capacidad de remonte o, a su vez, ir más deprisa. Estamos atados a un tronco que nos arrastra con velocidad uniforme. “Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus”, afirmaba Virgilio, huye el tiempo, huye irreparablemente… En realidad es todo lo que, con absoluta certeza, podemos saber de él.

La apreciación y percepción del tiempo, tan tenue, tan sutil, tan inexplicable, nos permite conocer que nos encontramos en un universo multidimensional, mucho más sofisticado y misterioso que lo que nuestros sentidos nos ofrecen. El enigma del tiempo se enlaza con las dimensiones que conocemos pero también con las que nos son desconocidas. Pues nuestra propia incapacidad de entender qué es el tiempo, cuál es su esencia y naturaleza, aunque llevemos al límite toda nuestra capacidad cognitiva y utilicemos herramientas tan sofisticadas como las que hoy constituyen los pilares de la ciencia, es una prueba de la complejidad de la realidad que nos envuelve. La comprensión del tiempo es un reto para la mente humana.

¿Qué es realmente el tiempo? San Agustín de Hipona contestaba: “Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé”. Nos encontramos ante una de las temáticas más frecuentes en la historia de la filosofía, y que sigue muy presente en nuestros días en el plano de la ciencia, desde la física cuántica a la más avanzada neurofisiología, siendo motivo de encendidos debates. ¿Qué es el tiempo? ¿Por qué existe? A lo largo de la historia el ser humano ha intentado encontrar respuestas a uno de los misterios más insoslayables que nos acompañan. Incluso las tres preguntas básicas de la existencia (¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?) están marcadas por el tiempo. Si pudiésemos desvelar el secreto que encierra el tiempo sería posible conocer la esencia de nuestro ser, acercarnos a lo inefable, a la trascendencia…

Quien esto escribe siempre ha estado fascinado por los enigmas del universo. Y la naturaleza del tiempo ha ocupado un lugar especial en esta búsqueda. Recuerdo que cuando era estudiante de C.O.U. en el barrio de Villaverde Alto (Madrid), donde residía, me distraía durante las clases reflexionando sobre esta cuestión, que me maravillaba

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